{"id":1020,"date":"2025-09-02T09:16:48","date_gmt":"2025-09-02T13:16:48","guid":{"rendered":"https:\/\/yoaldo.org\/?p=1020"},"modified":"2025-09-02T09:16:48","modified_gmt":"2025-09-02T13:16:48","slug":"bestia-de-dos-ruedas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/yoaldo.org\/?p=1020","title":{"rendered":"&#8220;Bestia de dos ruedas&#8221;"},"content":{"rendered":"\n<p>Cada ma\u00f1ana, antes de que el sol parta en dos la penumbra, ella desciende por un hilo de concreto resquebrajado, flanqueado por paredes resudadas de humedad y rostros a\u00fan dormidos. El aire en el callej\u00f3n es espeso, como si la noche se negara a marcharse del todo. Sus pies, entrenados por la necesidad, esquivan charcos invisibles, mont\u00edculos de basura, c\u00e1scaras de d\u00edas olvidados.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar a la avenida, espera. Siempre espera. Como quien invoca una criatura salvaje que aparece, no por magia, sino por costumbre. Y entonces, lo oye: un rugido met\u00e1lico que crece entre los ecos del barrio. Se le eriza la piel, aunque ya no es miedo \u2014no del todo. Es otra cosa. Un pacto t\u00e1cito con la incertidumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella sube. Se acomoda sin mirar al rostro del domador. No es necesario. \u00c9l la reconoce por el peso, por el modo en que se agarra, al principio con timidez, luego con firmeza. Y entonces, sin aviso, la bestia de dos ruedas se lanza al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>El entorno cambia de inmediato. Se abren grietas en el aire. El suelo tiembla bajo la danza fren\u00e9tica del caos. Los \u00e1rboles, postes y personas se lic\u00faan en los bordes de su visi\u00f3n. Cruzan entre gigantes de metal \u2014camiones resoplando como dragones borrachos, autobuses que crujen bajo su propio peso, carros que chillan sin compasi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo vibra. Todo grita. Claxon, claxon, insulto, bocina, silbido. Como una sinfon\u00eda maldita que nadie dirige, pero todos ejecutan. Un sem\u00e1foro los ignora y ellos, con dignidad de rey loco, tambi\u00e9n lo ignoran. Las luces cambian de rojo a verde sin sentido alguno. Aqu\u00ed, la ley es instinto.<\/p>\n\n\n\n<p>En un momento, una mano se apoya brevemente sobre su pierna \u2014no es caricia, es equilibrio. Alguien m\u00e1s, en otra bestia, roza su hombro al pasar. M\u00e1s adelante, una frenada seca le roba el aliento. Siente un golpe en el costado. Nada grave, solo un beso \u00e1spero de otro veh\u00edculo queriendo el mismo espacio. Y el domador ni parpadea. Sigue. Como si el accidente fuera parte del camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella va pegada a su espalda, con la falda aprisionada entre piernas cerradas y sue\u00f1os por cumplir. El viento le arranca mechones de cabello que no puede sujetar. Huele a gasolina, a sudor, a urgencia. A veces, una carcajada se le escapa sin querer, cuando el peligro se disfraza de libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasan por el borde de un mercado \u2014una curva que siempre huele a fritura y a frutas podridas. Despu\u00e9s, una loma. M\u00e1s bocinas. M\u00e1s gritos. El manubrio se cuela por espacios que no existen, cortando el aire con la precisi\u00f3n de un ladr\u00f3n escapando.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella ha aprendido a no cerrar los ojos. Aprendi\u00f3 a no gritar, a no rezar. Solo se agarra y respira. Porque hay belleza, incluso aqu\u00ed: en la velocidad que acuchilla el miedo, en el impulso que la lleva hacia adelante cuando todo a su alrededor quiere detenerla.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces, cuando ya no hay m\u00e1s callejones, ni lomas, ni bocinas, ni asfixia, cuando el monstruo de dos ruedas por fin se detiene frente al port\u00f3n corro\u00eddo del edificio donde trabaja limpiando oficinas, ella baja sin decir palabra. Solo asiente y paga la m\u00f3dica tarifa por el transporte.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha sobrevivido otra jungla. Una vez m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>La gente le dice que est\u00e1 loca por montarse todos los d\u00edas en ese motor. Pero ella solo sonr\u00ede. Ya no siente miedo. Solo viento.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>YHP<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>2-9-25<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada ma\u00f1ana, antes de que el sol parta en dos la penumbra, ella desciende por un hilo de concreto resquebrajado, flanqueado por paredes resudadas de humedad y rostros a\u00fan dormidos. 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