{"id":531,"date":"2018-04-03T19:45:46","date_gmt":"2018-04-03T19:45:46","guid":{"rendered":"http:\/\/yoaldo.org\/?p=531"},"modified":"2018-04-03T19:45:46","modified_gmt":"2018-04-03T19:45:46","slug":"precisiones-juridicas-68","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/yoaldo.org\/?p=531","title":{"rendered":"(Precisiones jur\u00eddicas)"},"content":{"rendered":"<p><b>\u00a0<\/b><strong>Sobre la <i>\u201cFe p\u00fablica registral\u201d<\/i> y el <i>\u201cPrincipio de legitimaci\u00f3n\u201d<\/i>.<\/strong> La doctrina m\u00e1s depurada se ha encargado de establecer la diferencia entre la <b><i>\u201cfe p\u00fablica registral\u201d<a title=\"\" href=\"#_ftn1\"><b>[1]<\/b><\/a><\/i><\/b> y el <b><i>\u201cprincipio de \u201clegitimaci\u00f3n\u201d.<\/i><\/b> En efecto, el <i>principio de legitimaci\u00f3n<a title=\"\" href=\"#_ftn2\"><b>[2]<\/b><\/a><\/i>, seg\u00fan el principio II de la Ley n\u00fam. 108-05, de Registro Inmobiliario, consiste en el hecho de que quien aparece como titular inscrito es realmente titular del bien o del derecho. Pero esto ha sido consagrado legalmente como una presunci\u00f3n que admite prueba en contrario. Cuando esta presunci\u00f3n <i>iuris tantum<\/i>, que consagra el <i>principio de legitimaci\u00f3n<\/i>, se transforma en <i>iuris et de iure<\/i> para ciertos terceros que se apoyaron en el principio de legitimaci\u00f3n, entonces estamos frente al <i>principio de fe p\u00fablica registral<a title=\"\" href=\"#_ftn3\"><b>[3]<\/b><\/a>.<\/i><\/p>\n<p>Los errores en que el Registrador pudiera incurrir en ejercicio de su <i>fe p\u00fablica registral <\/i>no deben afectar a los usuarios de buena fe. Sin embargo, no es ocioso recordar que la figura del <i>tercer adquiriente de buena fe<\/i> no es que sea irrefragable. De hecho, en la pr\u00e1ctica se suele abusar de ella para incurrir en actos fraudulentos. De ah\u00ed que los tribunales de tierras y la propia Suprema Corte de Justicia hayan tenido que crear jurisprudencia al respecto: <i>existen \u201cerrores inexcusables\u201d que descartan la protecci\u00f3n registral del tercero de buena fe; el tercero puede ser declarado de \u201cmala fe\u201d, si se prueba confabulaci\u00f3n, etc.).<\/i><\/p>\n<p><i>\u00a0<\/i>La doctrina comparada ha establecido que la <i>fe p\u00fablica registral<\/i> es una forma de protecci\u00f3n a ciertos terceros (los que obren de buena fe) por las inexactitudes del Registro<a title=\"\" href=\"#_ftn4\">[4]<\/a>. No obstante, ha de tenerse en cuenta que aquel que resulte perjudicado por un asiento registral inexacto puede (y debe) pedir, antes de que un tercero de buena fe se apoye en ella y quede protegido con la <i>fe p\u00fablica registral<\/i>, la rectificaci\u00f3n de dicho asiento inexacto, por intermedio de \u2013como le llama en el Derecho argentino- la <i>\u201cpretensi\u00f3n de rectificaci\u00f3n\u201d. <\/i>En nuestro medio, dicha rectificaci\u00f3n se canaliza mediante simple instancia dirigida al Registro: <i>si la inexactitud es manifiesta, se corrige directamente; de lo contrario, la cuesti\u00f3n deber\u00eda judicializarse<a title=\"\" href=\"#_ftn5\"><b>[5]<\/b><\/a>. <\/i><\/p>\n<p><i>\u00a0<\/i>El art\u00edculo 99 del Reglamento General de Registro de T\u00edtulos consagra que cuando la inexactitud es secuela de un error meramente tipogr\u00e1fico, el Registrador debe proceder a corregirlo de oficio, a saber: <i>\u201cLa rectificaci\u00f3n de registros consiste en la correcci\u00f3n de oficio de un error puramente material cometido por el Registro de T\u00edtulos\u201d. <\/i>El art\u00edculo 100 del citado reglamento establece qu\u00e9 ha de tenerse como <i>\u201cerror puramente material\u201d<\/i> y, de su lado, los subsecuentes art\u00edculos 101 y 102precisan el modo de llevarse a cabo la rectificaci\u00f3n material (sobre un asiento en el registro complementario, etc.).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<div><br clear=\"all\" \/><\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> Sobre la <i>fe p\u00fablica registral<\/i>, se ha sostenido lo siguiente: <i>\u201cEl Registrador es un funcionario que, por su propia naturaleza, posee la investidura de fe p\u00fablica; el Estado delega en \u00e9l esta potestad, tiene la capacidad fedataria y, por tanto, tiene que administrar esa fe p\u00fablica conferida que se expresa a trav\u00e9s de los documentos e informaciones que \u00e9l certifica y expide (\u2026) la fe p\u00fablica registral es el principio que determina la inclusi\u00f3n del Registro de la Propiedad dentro de los Registros jur\u00eddicos de bienes; es un efecto de la publicidad que emana del Registro y protege iuris tantum de que los derechos reales publicitados por el Registro existen y pertenecen a su titular en la forma determinada por el asiento respectivo, que es la del principio de legitimaci\u00f3n registral y otra presunci\u00f3n iuris et de iure a favor de los terceros adquirientes que reuniendo los requisitos legales, les atribuye una posici\u00f3n inatacable de su adquisici\u00f3n y que constituye el principio de fe p\u00fablica registral que involucra una doble presunci\u00f3n de exactitud y de integridad (\u2026) En verdad el Registro no solo aguarda la memoria registral, no solo detenta la informaci\u00f3n hist\u00f3rica, revela lo que existe en el momento, basado en toda esa informaci\u00f3n mantenida bajo una rigurosa y estricta cronolog\u00eda; se manifiesta de manera clara y con respecto a todo el mundo, y a la titularidad y contenido de los derechos asentados\u201d <\/i>(<b>G\u00d3MEZ<\/b>, Wilson. <i>\u201cManual de Derecho Inmobiliario Registral\u201d<\/i>, p.p. 161-162)<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref2\">[2]<\/a> Principio II, L. 108-05, de Registro Inmobiliario: <i>\u201c<b>Legitimidad<\/b>. Establece que el derecho registrado existe y pertenece a su titular\u201d. <\/i><\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref3\">[3]<\/a> Cfr <b>COGHLAN<\/b>, Antonio R. <i>\u201cTeor\u00eda General del Derecho Inmobiliario Registral\u201d<\/i>, p. 76.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref4\">[4]<\/a> Cfr <b>CORNEJO<\/b>, Am\u00e9rico Atilio. <i>\u201cDerecho Registral\u201d<\/i>, p. 230.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref5\">[5]<\/a> Ante un rechazo, por la raz\u00f3n que fuere, de la solicitud de <i>\u201crectificaci\u00f3n del asiento\u201d <\/i>\u00a0suelen agotarse dos v\u00edas: o los recursos administrativos contra dicha decisi\u00f3n administrativa del registro o, por otro lado, una litis de derechos registrados en <i>\u201crectificaci\u00f3n de asiento registral\u201d<\/i>. Muchos prefieren la f\u00f3rmula de la <i>\u201clitis\u201d<\/i>, arguyendo que \u2013al fin de la jornada- con ella se agencia una verdadera <i>\u201csentencia\u201d<\/i>, en tanto que con los recursos administrativos las decisiones son m\u00e1s cercanas a lo gracioso: con <i>\u201cmenos contundencia\u201d<\/i>. Lo cierto es que, estrat\u00e9gicamente, deber\u00e1 optarse por una v\u00eda o por otra, atendiendo a las circunstancias de cada caso (premura, partes involucradas, etc.).<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Sobre la \u201cFe p\u00fablica registral\u201d y el \u201cPrincipio de legitimaci\u00f3n\u201d. La doctrina m\u00e1s depurada se ha encargado de establecer la diferencia entre la \u201cfe p\u00fablica registral\u201d[1] y el \u201cprincipio de \u201clegitimaci\u00f3n\u201d. 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