(Versos libres)

A la madre primigenia

Por.: Yoaldo Hernández Perera.

Porque madre sólo hay una

Porque en la Anunciación supiste que

de tu vientre venía a la luz el Rey

Porque gracias al milagro del Espíritu Santo

en esta tierra somos príncipes y princesas:

hijos del Rey, Jesucristo, quien es -por extensión-  la 

encarnación de Dios mismo. 

 

Porque varias son tus advocaciones: de los Dolores,

de nuestra señora de Guadalupe, de Lourdes, de las Mercedes… 

Pero fue en La Altagracia que nuestro pueblo

plasmó devoción especial y en abundancia.   

 

Porque eres la madre protectora y espiritual del pueblo dominicano

Porque eres símbolo de abnegación y tus bondades retratan fielmente

el infinito amor maternal. 

 

Porque soy descendencia de una fiel y activa devota de tu advocación

mariana católica, y porque mediante su devoción aprecié vivamente 

la impronta divina de tu amor.

 

Porque te recuerdo y venero cada noche mediante el avemaría

Porque eres azucena con corona de doce estrellas, y con tu encanto

pones la luna a tus pies. 

 

Porque te acaricio al rezar el rosario  

y me arrullo con los pétalos de la rosa sutil de tu bondad

Porque tu indumentaria evoca mi nacionalidad: blanco, rojo y azul.

Porque tus brazos fueron cuna tierna y firme. 

 

Porque fuiste judía de Nazaret de Galilea y viviste 

entre fines del siglo I a.C. y mediados del siglo I d.C.,

pero ni el discurrir del tiempo ni la distancia han 

sido capaces de sofocar tu llama en nuestro pecho. 

 

Porque fuiste partícipe de la encarnación de Jesucristo y copartícipe

de su crucifixión y muerte. Porque tuviste la determinación y el coraje 

de conformar, aun embargada por el dolor de la madre que pierde un hijo,

la primera comunidad cristiana orante, antes de la venida del Espíritu Santo.  

 

Porque el 21 de enero de cada año, nuestra nación está de fiesta

y el sendero sólo es uno, perfumado con tu gracia y matizado por nuestra fe.

Porque el destino obligado es hacia tu templo, en la Basílica erigida en Higuey,

Provincia La Altagracia.   

 

Por todo eso y por infinitas razones más,

hoy elevo en tu honor una plegaria doblemente significativa:

 por el solo hecho de tenerte como causa, 

y por ser hoy tu fecha conmemorativa. ¡Amén!