Taller (Material instructivo)

 

  2010
  Escuela Nacional de la Judicatura.

 

Docente: Yoaldo Hernández Perera.

 

 

 

[TALLER SOBRE MANEJO DE AUDIENCIAS, EN MATERIA CIVIL Y COMERCIAL]
Material práctico contentivo de los pasos puntuales que deben seguirse para presidir correctamente las audiencias en materia civil y comercial: ante los juzgados de paz y de primera instancia. 

 

 

 

 CONTENIDO:

1.- Ficha sobre audiencia Civil y Comercial. Notas aclarativas relativas  a cada paso………………3

 2.- Ficha sobre la dirección de las audiencias de prueba: para informativos testimoniales o para comparecencia de partes. Notas ampliativas sobre el particular……………………………………6

3.- Ficha para dirigir las audiencias sobre lectura de pliego y de venta en pública subasta, en materia de embargo inmobiliario ordinario. Notas: precisiones sobre la audiencia en materia de embargo inmobiliario abreviado, al tenor de la Ley No. 6186 sobre Fomento Agrícola…….8

4.- Ficha para revisar el estado del expediente de embargo inmobiliario, ordinario y abreviado, previo al conocimiento de la audiencia de la venta………………………………………………………………11

ANEXOS: Modelos de las sentencias atinentes a los pedimentos más comunes formulados por las partes en los tribunales:

-comunicación de documentos.

-prórroga de comunicación de documentos.

-fallo reservado, contradictorio.

-fallo en defecto.

 –descargo puro y simple.

-aplazamiento, a los fines de dar avenir.

-aplazamiento, a fines de tramitar un informativo testimonial.

-para prórroga a la medida de informativo testimonial.

-aplazamiento para comparecencia personal de las partes.

-para prórroga de la medida de comparecencia personal.

-aplazamiento para disponer la elaboración de peritaje.

-para prórroga de la medida de peritaje.

-de sentencia de lectura del pliego de condiciones.

-para la adjudicación sin licitadores.

-para la adjudicación con licitadores. ……………………………………………………………………………….15

 

 

 

1.- FICHA SOBRE MANEJO DE AUDIENCIA CIVIL Y COMERCIAL:

SUMARIO:

Puntualmente, los pasos son:

1.- El juez entra al salón de audiencias: brinda la correspondiente salutación al público en general y, a seguidas, indica que pueden tomar asiento: autoriza y de inmediato se sienta con ellos.

2.- Apertura  formalmente las audiencias, con golpe de mallete o sonido de campana, según el caso.  

3.- Ordena al alguacil de estrados  que llame el rol.

4.- Requiere las  calidades a  los abogados: (demandante y luego demandado).

5.- Pregunta a las partes si están en condiciones de concluir y, en caso afirmativo, otorga la palabra a los abogados a esos fines: a) Demandante y b) Demandado. Pero, si en vez de concluir al fondo, alguna parte pretende solicitar alguna medida de instrucción o un incidente in limine litis, entonces confiere la palabra al proponente y, en caso de proceder la medida, aplaza a tales fines. En cuanto al incidente, puede ser decidido sobre la barra, lo que desapoderaría al tribunal en caso de tratarse de una excepción o fin de inadmisión; si es un sobreseimiento, se pospondría el juicio sin fecha, y la parte más diligente deberá perseguir audiencia cuando cesen las causas del sobreseimiento; y si se acumula, la audiencia debe proseguir en cuanto al fondo.

Nota: Si el demandado advierte que concluirá subsidiariamente al fondo y de manera principal sobre los incidentes, procede darle la palabra primero al demandante para que concluya al fondo, luego al demandado para que concluya principalmente sobre los incidentes y subsidiariamente sobre el fondo; finalmente, le retorna la palabra al demandante para que se refiera a los incidentes propuestos principalmente por el demandado.

6.- Dicta su fallo, sea reservándose la decisión (si es sobre el fondo) o bien aplazando la audiencia (si se acoge alguna medida de instrucción o si se ha diferido la fecha para leer la decisión sobre algún incidente que no se resolvió en estrados).

NOTAS AMPLIATIVAS SOBRE CADA PASO:

1.- El juez entra al salón de audiencias, da la correspondiente salutación al público en general y, a seguidas, les indica que pueden sentarse: tan pronto indica que se pueden sentar, el juez hace lo propio, concomitantemente.

2.- Abre formalmente las audiencias en materia civil y comercial, con golpe de mallete: “Se abren las audiencias fijadas para el día de hoy, en materia civil y comercial”.

3.– Indica al Alguacil que llame el rol del día.

4.- Una vez los letrados suban a estrados, el juez requiere las calidades a dichos abogados postulantes en el siguiente orden: a) Demandante (situado a la derecha del juez), b) Demandado (ubicado a la izquierda).

Nota: La ley no especifica dónde deben situarse las partes intervinientes voluntaria y forzosa. Por lógica procesal, la primera debería ir en la barra de la parte demandante, pues su intervención va encaminada a peticionar algo en el juicio y, por otro lado, el interviniente forzoso debería estar del lado del demandado, pues ha sido llamado para que le sea oponible la sentencia. Sin embargo, en la práctica suelen subir ambos: intervinientes voluntario y forzoso, del lado del demandado.

En caso de que hayan intervinientes, como el juez no tiene forma de saber a quién representa cada abogado, para seguir el orden correcto, debe indicar a los abogados que se ubiquen en las barras laterales del estrado de la siguiente manera: Barra demandante (a la derecha): el demandante principal más a la izquierda (cerca del juez y distante del público); luego van los intervinientes voluntarios, si es que se ubican del lado del demandante. En caso de haber varios codemandantes, es indiferente cuál se ponga más a la izquierda, sería procesalmente lo mismo, el interés de esto radica en no conferir la palabra a un interviniente antes que al demandante. Barra demandada (a la izquierda): el demandado principal va más a la derecha (cerca del juez y distante del público); luego van los intervinientes forzosos. En caso de ubicarse los intervinientes voluntarios de ese lado, es indiferente quién esté más a la derecha, si el forzoso o voluntario, el tema es –igual que ocurre con la barra demanante- no dar la palabra primero a un interviniente que al titular de la barra, en este caso el demandado. Si hay varios codemandados, es lo mismo: cada demandado se pude ubicar libremente, pero siempre más a la derecha de la barra lateral que los intervinientes.

5.- Tomadas las calidades, el juez debe preguntar: “están las partes en condiciones de producir conclusiones al fondo?”. En caso afirmativo, otorga la palabra al demandante para que produzca conclusiones; acto seguido, concede el turno al demandado para lo propio. Y si hubieran intervinientes, entonces el orden sería: a) Demandante, b) interviniente voluntario; luego, c) demandado y d) interviniente forzoso. Finalmente, en caso de que todos los intervinientes estén del mismo lado del demandado, entonces lo importante a considerar es que el demandado concluya, luego del demandante, antes que todos los intervinientes; luego de que el demandante (s) y demandado (s) concluyan, procesalmente el orden en que los intervinientes presenten conclusiones será irrelevante.

Nota: Pudiera ocurrir que In lime Litis[1], la parte demadada pida la palabra para producir conclusiones incidentales, en cuyo caso debe concedérsele prelación y, posteriormente, entonces dar la palabra al demandante para replicar el incidente propuesto. Si hay varios codemandados, antes que al demandante, lo recomendable es que éstos opinen al respecto y luego entonces dar la palabra al demandante para replicar. Finalmente, en el supuesto de que comparezcan intervinientnes voluntarios y forzosos, si el demandando propone algún incidente, se le debe dar la palabra, luego del demandado proponente, a los demás codemandados, luego a los intervinietnes forzosos, luego al demandante y, finalmente, al interviniente voluntario. Si dicho interviniente voluntario está también del lado del demandado, luego que este último proponga su incidente, el orden en que los demás opinen sobre el particular, no tiene mayor relevancia procesal.

La dinámica del contradictorio se completa cuando todas las partes han opinado sobre el asunto. Luego de ahí, ya es discreción de cada juez retornar de nuevo la palabra a los abogados. Si lo hace, debe siempre completar de nuevo el mismo círculo contradictorio: siempre tendrá la última palabra aquel contra quien se produzca el petitorio en cuestión. Así, si se concluye al fondo, el demandado tiene la última palabra; si es un incidente, el demandante tiene la última palabra, etc.

Por otra parte, pudiera ocurrir que ambas partes pidan al mismo tiempo la palabra para producir conclusiones incidentales, que no incumben al fondo. En ese caso, el juez debe preguntar a las partes, primero al demandante y luego al demandado, de qué trata el pedimento que se quiere formalizar: si es una medida de instrucción o una excepción, etc. Dependiendo de esta situación, siguiendo un orden lógico procesal, entonces el juez soberanamente otorga la palabra primero a aquel que formule el pedimento que por su naturaleza debe conocerse en primer lugar. Así, si el demandante pretende una comunicación de documentos y, por su lado, el demando promueve una experticia, lógicamente la pertinencia indica que el demandante debe concluir primero. Pero si el demandado lo que pretende es promover alguna excepción de incompetencia y, por su lado, el demandante quiere alguna medida de instrucción, la lógica procesal indica que el demandado deberá producir esas conclusiones en primer lugar; y así sucesivamente.

6.- El juez produce su fallo. Si es en defecto, debe revisar que la parte incompareciente esté debidamente emplazada. Si el expediente es muy voluminoso y, por ende, no es posible aclarar ese aspecto sur le champ (sobre la barra); entonces es recomendable acumular el defecto[2] para revisar reflexivamente ese aspecto conjuntamente con el fondo y, en caso de determinarse que no fue regular el emplazamiento, pues proceder a reaperturar –de oficio- los debates, en acopio del artículo 69 de la Constitución proclamada el pasado día 26 de enero de 2010, sobre tutela efectiva y debido proceso.

Nota: el defecto debe pronunciarse cuando las partes van a concluir al fondo. Si se pide alguna medida de instrucción, sería extemporáneo hacerlo. Ya que conforme al estado actual de nuestro derecho, el plazo de la octava franca para constituir abogados no es fatal y, por ende, es posible constituir abogado durante toda la fase de sustanciación del proceso, hasta que éste quede en estado.

Nota: Ante la incomparecencia del demandante, el demandado puede optar por dos opciones: a) Pedir el descargo puro y simple, lo cual puede ser perfectamente decidido sobre la barra, en caso de ser posible constatar rápidamente que el demandante fue debidamente citado, o quedó citado por sentencia dictada in voce por el mismo tribunal. b) Concluir al fondo, en cuyo caso el tribunal deberá estudiar la prueba y verificar los méritos de la demanda: puede decidirlo en estrados (casi nunca ocurre) o bien reservarse el fallo.   

Nota. Materia Civil o Comercial: En términos prácticos, en lo que tiene que ver con el manejo de las audiencias, lo más trascendental respecto de la naturaleza del procedimiento, según sea civil o comercial, es el tiempo para la comunicación de documentos; en materia civil puede ser por lapsos más largos. Cuando sea comercial, debe hacerse todo en función de plazos más breves. Y, por otro lado, el tema de la flexibilidad procesal, tanto en términos de emplazamientos como probatorio: se cita a fecha cierta y hay flexibilidad probatoria. Pero, fuera de estas cuestiones, la usanza ha sido tramitar todas las pretensiones (civil o comercial) conforme al procedimiento ordinario civil.

2.- Ficha sobre la dirección de las audiencias de prueba: para informativos testimoniales o para comparecencia de partes. Notas ampliativas sobre el particular.

Informativo testimonial:

SUMARIO:

Se entra al salón y se toman calidades de la misma forma que las audiencias ordinarias[3]. En la práctica se estila que los procesos que tienen fijada esta medida se enrolen en último lugar, ya que por los interrogatorios duran más. En suma, una vez tomadas las calidades a las partes, los jueces deben revisar que la lista de testigos haya sido notificada a la contraparte (por lo general, si no se notifica, la parte perjudicada toma la iniciativa para reclamar al respecto) y, acto seguido, llama en orden a cada testigo para que se acerque al estrado, a fin de que la secretaria tome sus generales. Luego, indica al ministerial que proceda a dirigir a los testigos al área de la secretaría, para que no se contaminen con las declaraciones de los demás deponentes testificales. Hecho esto, el juez debe tomar juramento al testigo, previa advertencia de que en caso de mentir sería pasible de imposición de multa o prisión; le indica que haga un breve relato sobre lo que sabe y, finalmente, le da la palabra a los abogados para que formulen las preguntas que estimen pertinentes: el primero en preguntar debe ser el que propuso el testigo en cuestión. Finalmente, si queda alguna duda al tribunal, el juez procede a preguntar lo que entienda de lugar.

 

Se ha hecho costumbre hacer extensivo para la materia civil los efectos de la Resolución No. 1920 de la SCJ, en lo que tiene que ver con los interrogatorios directos, sin la intermediación del juez; pero eso no es vinculante: cada juez es soberano en ese aspecto. 

 

Nota: A partir de la promulgación de la Ley No. 834 de 1978, no existen tachas de testigos en materia civil, salvo la excepción prevista por la ley de Divorcio (Ley No. 1306-Bis), en materia de incompatibilidad de caracteres[4].

PASOS: 1) Se verifica que esté en el expediente la lista de testigos, en el plazo dado por el tribunal; 2)Con la lista a mano, se le indica al alguacil que llame en voz alta cada testigo, en orden; 3)Tomadas las calidades de los testigos, ordena al alguacil que incomunique a aquellos que no vayan a deponer, dirigiéndolos al área de la secretaría; 4) Se  toma el juramento y se procede al Interrogatorio del testigo; 5) Terminado el interrogatorio, el testigo debe firmar sus declaraciones; 6) Se indica al testigo que se retire del salón o permanezca en él, como prefiera.; 7) El juez debe preguntar a las partes si desean concluir ese día o si prefieren una audiencia posterior para concluir luego de revisar el acta con las declaraciones que se acaban de verter: si hay varias partes, con que solo una se oponga a concluir ese mismo día, el juez debe aplazar, pues realmente no se ha citado para concluir al fondo, sino para oir al deponente.

 

NOTAS AMPLIATIVAS SOBRE CADA PASO (Informativo Testimonial).

 

1.- Se revisa que esté depositada la lista de testigos, respetando los plazos a tales fines otorgados por el tribunal. Al respecto, es importante tener en cuenta que si no se hizo en el plazo, eso constituye una justificación para un aplazamiento, a petición de parte.

El argumento de que no es necesario notificar con antelación referida la lista, sobre la base de que la Ley No. 834 faculta al juez a disponer discrecionalmente un informativo inmediato, debe ser rechazado, ya que dicha facultad arrojada al juez, es cuando surge una situación en el momento mismo y, para aclararla, se dispone. En ese caso, por tratarse de algo súbito, del momento, la igualdad de armas no se rompe: ambas partes estarían en igualdad de condiciones para interrogar; no así cuando se trata de un informativo peticionado ordinariamente por una de las partes, en cuyo caso ya ha medido una preparación previa de medios de defensa por parte de la parte peticionaria, lo cual es una ventaja frente a la contraparte que vulnera el referido principio de igualdad. Por eso, si no se comunica a tiempo el consabido listado de testigos, y la contraparte no da aquiescencia, debe aplazarse dicha audiencia de prueba.

2.- Se ordena al alguacil que llame en orden los testigos. En la medida que se van llamando, el juez le indica que se acerquen al estrado, frente a la secretaria, con cédula en mano, para tomar sus generales. Antes que todo, el juez debe preguntar al testigo si actualmente reside en la dirección indicada en la cédula. Esto así, ya que es muy frecuente que las personas cambian de dirección y no lo hacen constar en su documento de identificación.

3.- Tomadas las generales, el juez ordena al alguacil que dirija a los testigos por ante el área de la secretaría, para evitar que se contaminen unos con otros mediante sus respectivas exposiciones.

4.- Incomunicados los demás testigos, se procede al interrogatorio (bien sea siguiendo el orden del listado, el sugerido por las partes o el que disponga el juez). A tales efectos, previo al juramento, el juez debe advertir al testigo que en caso de mentir al tribunal, esa situación pudiera implicar imposición de multa o de prisión[5]. A seguidas, el juez dirá: “Levante su mano derecha, jura decir la verdad sobre todo lo que sea preguntado y sea de su conocimiento? … Baje su mano. Inicie.”

5.– Tan pronto termine su declaración, el juez otorgará la palabra al abogado que haya propuesto dicho testigo; luego a la contraparte. Y, finalmente, si estima que es necesario, el juez pregunta[6].

6.- Terminadas las declaraciones, el juez invita al testigo a revisar el acta levantada por la secretaria y, de estar de acuerdo, que proceda a firmar la misma. Sobre este punto, sucede que en algunos tribunales las actas son levantadas por las auxiliares de la secretaria, en computadoras. En estos casos, como no es posible obtener la firma del testigo, lo que se estila es que la secretaria, con fe pública, consigne al final de cada declaración que el deponente dio el visto bueno a tales informaciones, y con ello se cubre satisfactoriamente el voto de la ley.

7.- Finalmente, el juez invita al testigo a abandonar el salón o permanecer en él, como prefiera. Y si hubieren más testigos, indica al alguacil que proceda a conducir al próximo al salón de audiencias, el cual será sometido al mismo procedimiento descrito precedentemente.

 

Observación: es importante que el juez tenga control de los interrogatorios, en el sentido de que la dinámica de este tramo procesal consiste únicamente en “preguntas y respuestas”. Las argumentaciones  están reservadas para el fondo; en esta etapa, argumentar sobre la pretensión de cada parte es extemporáneo y, por ende, el juez debe cuidar ese aspecto. Igualmente, el juez debe tener control para, en acopio del principio de la razonabilidad, previsto en el artículo 40.15 de la Constitución, los interrogatorios no se eternicen. Si las preguntas resultan redundantes o reiterativas, el juez debe moderar el asunto y dar por terminado los interrogatorios cuando soberanamente lo entienda de lugar. Y, por otro lado, durante la declaración de testigos, éstos no pueden apoyarse en ningún material o herramienta[7]. Sin embargo, cuando se trate de materia comercial, esa posibilidad no estaría expresamente prohibida, sino que entraría a la soberana apreciación del tribunal.

 

Audiencia para Comparecencia de partes:

 

Concretamente, los rigores procesales para tramitar una comparecencia personal de las partes, son similares al caso de los testigos, salvo que en esta materia no hay necesidad de aportar previamente un listado, pues de antemano se sabe, mediante los actos procesales, quiénes son las partes; tampoco será menester incomunicar a las partes, ya que es posible hacer una especie de careo entre las declaraciones de cada una[8] y, asimismo, existe la particularidad de que a las partes no se le tomará juramento, ya que éstas libre y voluntariamente pueden argumentar lo que estimen de lugar para corroborar sus pretensiones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3.- Ficha para dirigir las audiencias sobre lectura de pliego y de venta en pública subasta, en materia de embargo inmobiliario.

SUMARIO:

Lectura del Pliego:

1.- Tomar las calidades de los abogados.

2.- Otorgar la palabra para producir conclusiones al abogado del persiguiente (el abogado solicitará que se libre acta de que no hay reparos al pliego pendientes de resolver; se lea el pliego de condiciones y que se fije la audiencia para venta, licitación y adjudicación). Y si compareciere en la otra barra algún representante del embargado o de un acreedor inscrito, se les toma sus calidades también, luego del persiguiente.

3.- El juez pregunta al persiguiente si tiene inconveniente en dar por leído el pliego, a lo que por norma general se da aquiescencia. En caso de que alguna parte pretenda proponer algún reparo al pliego o incidente alguno, el juez debe revisar si se cumplieron los plazos previstos a tales fines, según se trate de un reparo propiamente, o alguna nulidad[9]. En todo caso, el magistrado podrá librar acta de la existencia de dichos aspectos incidentales y proseguir con la lectura, como se ampliará más adelante.

4.- El juez procede a librar acta dando cuenta de si hay incidentes pendientes; da constancia de que se dio lectura al pliego (aunque se haya dado por leído) y, finalmente, fija la audiencia para la venta, licitación y adjudicación[10].

 

NOTAS AMPLIATIVAS SOBRE LA AUDIENCIA DE LECTURA DE PLIEGO DE CONDICIONES:

Es importante tener claro que esta audiencia no es susceptible ni de aplazamiento, ni de sobreseimiento[11]. Aun cuando existan reparos al pliego pendientes de resolver, el juez debe librar acta de esa situación, pero proseguir con la audiencia. En la práctica, el persiguiente en ocasiones solicita que se “aplace” la audiencia para obtener el certificado de acreedores inscritos e inclusive, a veces comparecen en la barra contraria representantes del embargado y dan aquiescencia al pedimento. Sobre esta situación, por aplicación del principio dispositivo que rige en materia civil, sin emplear el término “aplazamiento” o “sobreseimiento”, los tribunales deciden: “se reasigna una nueva fecha para lectura”, y con ello se evita incurrir en un yerro procesal, aplazando una audiencia que no es posible aplazar, pero al mismo tiempo tampoco se desconoce el citado principio dispositivo. El fundamento de esta salida de carácter pretoriano es que con dicho remedio ni se altera el orden público, ni se desconoce ninguna prerrogativa de las partes.

A la hora de fijar la audiencia para la venta, debe tenerse en cuenta el plazo de ley: no menos de 30 días, ni más de 40[12].

Audiencia para Venta, en materia de Embardo Inmobiliario.

SUMARIO

Lo recomendable es revisar la venta, al menos, un día antes. Para ello, procede utilizarse el modelo de control de documentos y de plazos[13] propios del embargo inmobiliario. Así, cuando el juez procede a conocer de la venta, ya tiene un conocimiento previo del estado del asunto y evita cometer errores en una materia de orden público tan delicada como esta, la cual se presta para componendas indignas. Igualmente, resulta de utilidad que el expediente sea previamente revisado, para fines de decidir sobre el estado de costas y honorarios que, conforme a la ley, forma parte del precio. Al respecto, se estila aprobar, máximo, un diez por ciento en base al monto de primera puja; muchas veces el persiguiente peticiona menos de ahí, en cuyo caso -sin mayores inconvenientes- se aprueba dicho monto. Pero si es por una suma mayor del precitado por ciento, entonces el juez debe reducir las partidas peticionadas, para evitar una aprobación de gastos exorbitantes.

En caso de que, por error administrativo interno, no se pase el expediente a tiempo al juez, para fines de verificar el aspecto de las costas, dado que el monto por concepto de costas y honorarios forma parte del precio, se ha adoptado la medida de adjudicar al persiguiente, de todos modos, por el monto de primera puja, más “el monto de estado de costas y honorarios que oportunamente habrá de aprobar el tribunal”.

 Puntualmente, los pasos a seguir son:

1.- Tomar las calidades al persiguiente. Y si compareciere algún abogado en representación de la parte embargada, tomar las suyas también, o bien de algún acreedor inscrito que compareciere mediante el ministerio de abogados (el acreedor inscrito suele ubicarse a la derecha, al lado del persiguiente). 

2.- Dar la palabra al persiguiente para que concluya. En caso de que el embargado tenga algún pedimento previo, se le concede la palabra a él primero, tomando en cuenta que todo incidente deberá haber sido sometido al régimen especial aplicable a la materia: conforme al artículo 718 para los incidentes ordinarios, o bien el 728, respecto de nulidades previas a la lectura del pliego, o del 729 sobre nulidades posteriores a la lectura del pliego.

3.- Una vez otorgada la palabra al persiguiente (quien solicitará que se proceda a la venta, a la aprobación de costas y honorarios y a la adjudicación del inmueble de marras por el monto de primera puja),  el juez debe abrir formalmente la venta en pública subasta, de la siguiente manera: “ se abre la venta en pública subasta; tiene la palabra el alguacil”. Acto seguido, se le facilita el expediente al alguacil, con el pliego de condiciones localizado, precisamente los datos sobre la descripción del inmueble y el precio de primera puja. Asismimo, el juez facilitará al alguacil el auto de costas y honorarios que previamente habrá aprobado el tribunal, para que a la hora de dar formal lectura de pregones, también dé lectura a las costas aprobadas, que son parte del precio. Una vez el alguacil lleve a cabo lo consignado, entonces deberá devolver el expediente el juez, quien dirá: “a continuación, vamos a esperar los 3 minutos de ley para verificar si se han presentado licitadores”. Y en ese interín procede a llenar los datos del modelo de sentencia: nombre del persiguiente, monto de la primera puja, nombre del embargado, costas aprobadas, etc.-  Finalmente, se procede a dar lectura a la sentencia[14].

4.- En caso de presentarse licitadores, el juez revisará los legajos del expediente; debe constar un depósito previo hecho por el licitador, formalizado previamente en la secretaría[15]. Si el licitador pretende hacerlo en la misma audiencia, lo recomendable es dar un receso para dar oportunidad a que formalice en secretaría su solicitud, y con ello evitar el tener que contabilizar dinero en efectivo en plena audiencia. Debe licitarse mediante el ministerio de abogados, con la obligación de precisar a nombre de quién se licita; también pudiera licitarse en nombre de sí mismo, si se es abogado.

5.- Una vez presente el o los licitadores, el juez procede a dar la palabra a uno de ellos, éste hará su postura. Si solamente comparece un licitador, se esperan los 2 minutos de ley y se lee la sentencia para adjudicación con licitadores (ver ese modelo en los anexos). Si, por el contrario, comparecieren más licitadores, entonces, luego de la primera postura presentada por el primer licitador (sin tener que esperar que transcurran dos minutos) le confiere la palabra al otro licitador para que formalice su puja. Ante la última postura, pregunta a los demás si ofrecen un mayor postor. Tan pronto los demás se abstengan de ofrecer una suma mayor a la previamente ofertada, ahí cierra la licitación y entonces el juez anuncia: “vamos a esperar que transcurran los 2 minutos de ley para los fines pertinentes”. Y en el interín completa los espacio de la sentencia relativa a adjudicación con licitadores[16]. Una vez completada la sentencia procede a dar lectura a la misma.

 

 

NOTAS SOBRE LA AUDIENCIA EN EL EMBARGO ABREVIADO:

En el embargo inmobiliario abreviado, en una misma audiencia se lee y se procede a la venta, a diferencia de lo que ocurre en el embargo inmobiliario ordinario, en que hay dos audiencias para tales fines: primero una para leer el pliego y luego otra para proceder a la venta. Por eso, lo que se estila es dar por leído en la audiencia el pliego y, a seguidas, proseguir con la venta.

Doctrinariamente se ha establecido que como en este caso no hay una audiencia especial para la lectura, para las demandas en nulidad de actos del procedimiento, debe aplicarse el artículo 729 para nulidades posteriores a la lectura, ya que no está concebida en esta materia una audiencia propiamente para leer el pliego. Y lo que tiene que ver con los incidentes ordinarios del embargo inmobiliario abreviado, se regirá extensivamente por el 718 del CPC.

Todo lo demás, cada paso, se regirá conforme al procedimiento ordinario, en lo tocante a la venta del embargo ordinario. 

4.- Ficha para revisar el estado del expediente de embargo inmobiliario, ordinario y abreviado, previo al conocimiento de la audiencia de la venta.

Formulario Control de Embargo Inmobiliario (Procedeimiento Ordinario)

 

Expediente No.__________________ Fecha de Adjudicación ____________________

Embargante:____________________________________________________________

Embargado:  ____________________________________________________________

 

a)      Listado de Documentos:

 

a.1 Título ______________________________________________________________

a.2 Duplicado del Acreedor ________________________________________________

a.3 Mandamiento de Pago _________________________________________________

a.4 Proceso Verbal de Embargo_____________________________________________

a.5Denuncia de Embargo__________________________________________________

a.6Transcripción Embargo_________________________________________________

a.7 Depósito del Pliego____________________________________________________

a.8 Certificado de Cargas__________________________________________________

a.9 Denuncia de Pliego____________________________________________________

a.10 Aviso de Venta______________________________________________________

a.11 Fijación de Edictos___________________________________________________

a.12 Aplazamientos (avisos, denuncias)_______________________________________

__________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

a.13 Gastos Aprobados____________________________________________________

 

b)      Verificación de Plazos:

 

b.1 Mandamiento de Pago (30 días)__________________________________________

b.2 Proceso Verbal de Embargo( 60 días)_____________________________________

b.3 Denuncia de Embargo (15 días)__________________________________________

b.4 Transcripción de Embargo (15 días)______________________________________

b.5 Depósito de Pliego (20 días)_____________________________________________

b.6 Denuncia de Pliego (8 días)_____________________________________________

b.7 Aviso de Venta (20 días)_______________________________________________

b.8 Fijación de Edictos (20 días)____________________________________________

b.9 Aplazamiento / Denuncias (8 días)_______________________________________

 

c)       Observaciones:

_______________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

 

Formulario Control de Embargo Inmobiliario (Ley No. 6186)

 

Expediente No.__________________ Fecha de Adjudicación ____________________

Embargante:____________________________________________________________

Embargado:  ____________________________________________________________

 

d)      Listado de Documentos:

 

a.1 Título ______________________________________________________________

a.2 Duplicado del Acreedor ________________________________________________

a.3 Mandamiento de Pago _________________________________________________

a.4 Transcripción Embargo_________________________________________________

a.5 Depósito del Pliego____________________________________________________

a.6 Certificado de Cargas__________________________________________________

a.7 Aviso de Venta _______________________________________________________

__________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

a.8 Denuncia de Pliego y Venta _____________________________________________

__________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

a.9 Aplazamientos (avisos, denuncias)________________________________________

____________________________________________________________________________________________________________________________________________

a.10 Gastos Aprobados ___________________________________________________

 

e)      Verificación de Plazos:

 

b.1 Mandamiento de Pago (15 días)__________________________________________

b.2 Transcripción de Embargo (5 días)_______________________________________

b.3 Depósito de Pliego (10 días)_____________________________________________

b.4 Publicación de Venta (15 días)___________________________________________

b.5 Denuncia Pliego y Venta (8va. Franca)____________________________________

b.6 Aplazamiento / Denuncias (10 días)_______________________________________

f)       Observaciones:

________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

 

 

 

 

    



[1] El estado inlimine litis perdura mientras se esté sustanciando el proceso. Pudieran pasar varias audiencias, entre comunicación de documentos y prórroga de ésta, y todavía es posible interponer  excepciones de procedimiento (incompetencia, nulidades, etc.). Precluye el momento para las excepciones cuando se promueve alguna defensa al fondo (medio de inadmisión) o se producen conclusiones  al fondo.

[2] Es admitido jurisprudencialmente que los jueces del fondo acumulen el defecto, en aquellos casos en que las circunstancias lo ameriten. Ver: HEADRICK, William C. Compendio Jurídico Dominicano. Segunda Edición. P. 14.

[3] Ver el apartado I, sobre el manejo de audiencias ordinarias.

[4]  Artículo 9, párrafo. Ley No. 1306-Bis, sobre Divorcio: “No dará lugar a ninguna tacha los parientes de las partes, a excepción de sus hijos y descendientes, ni tampoco los criados de los esposos, en razón de esta calidad”. Y art. 74 de la Ley No. 834, párrafo: “ … los descendientes no podrán jamás ser oídos sobre los agravios invocados por los esposos en apoyo de una demanda de divorcio”.

[5] Artículo 80 Ley No. 834 del 15 de julio de 1978.

 

[7] Op Cit, Artículo 81

[8] Ibídem, art. 63.

[9] Art. 691 del CPC para reparos al pliego: 10 días, al menos, antes de la audiencia de lectura o, por otro lado, el artículo 728 del mismo cuerpo legal, cuando se trate de alguna nulidad respecto de un acto previo a la lectura del pliego: igual, 10 días previos a la lectura del pliego.

[10] Ver modelo de sentencia de lectura de pliego, en la parte de anexos del presente material.

[11] PÉREZ, Eladio Miguel. Régimen Legal del Embargo Inmobiliario y sus Incidentes. 2da. Edición. p.p. 172-173.

[12] Artículo 695 CPC

[13] Ver modelo de ficha para control de documentos y plazos del embargo inmobiliario, en la parte de anexos del presente material.

[14] Ver modelo de sentencia de adjudicación, sin licitadores, incluido en la parte de anexos de este material

[15] Actualmente la SCJ ha habilitado una cuenta del Poder Judicial, para que las partes que pretendan licitar, si van a depositar con días de antelación a la venta, lo hagan en ésta; previa autorización del juez, mediante el formulario destinado a esos fines. En caso de licitar el mismo día, entonces el dinero se retiene en el tribunal. De lo que se trata es, concretamente, de evitar que los tribunales, que por lo general no cuentan con logística segura para cuidar montos de dineros, no se vean en la obligación de hacerlo, sino que dichas cantidades estarán seguras en el Banco de Reservas.

[16] Ver modelo de sentencia de adjudicación, con licitadores, en la parte de anexos de este material.

Tu embrujo (versos libres)

Tu embrujo…

Veloz como una saeta te apoderaste de mis sentidos.

 

Sólo veo el brillo de tu mirada,

oigo el latir de mi corazón por ti,

saboreo el néctar de tu candidez,

siento el calor de tu hoguera

y olfateo a distancia el perfume de tus suspiros.

 

Tu embrujo me arrulla y,

cual rocío que humedece las hojas,

lágrimas de emoción forman ríos en mis pómulos

y bañan mis anhelos de tenerte.

 

Los rayos del sol ya no me queman,

porque mi calor su fue contigo.

 

La luna ya no me estremece,

porque nada me alucina más que tu entorno a contraluz.

 

Ya no encuentro estrellas en ninguna constelación,

porque en tus ojos se concentra toda mi luz

y sin tu mirada mi cielo se oscurece.

 

Así como los árboles necesitan la tierra para desarrollar

 sus raíces y florecer con verdor y hermoso colorido;

los peces requieren del agua para su incesante nado a lo

largo y ancho de los océanos y las aves precisan del viento

para surcar el azul de los cielos mediante su vuelo pertinaz,

para mí es imprescindible tu amor… sólo con él sé vivir

en esta vida, abrazando tus abrazos y besando tus besos.

 

 

 

 

 

 

 

Yoaldo H.P.

29-1-2015.

 

 

(Revista Justicia y Razòn) SCJ

IMPORTANCIA Y APLICACIÒN DE LA

TEORÌA GENERAL DEL DERECHO

Por.: Yoaldo Hernàndez Perera

RESUMEN

______________________________________________________________________

                              Derecho y legislación constituyen cuestiones disímiles. Lo primero  alude a la rama del saber que debe ser estudiada bajo el prisma de sus principios, en tanto que lo segundo no es otra cosa que el conjunto de instrumentos normativos que han de regular la vida en sociedad. Desafortunadamente, en muchas universidades continúan al día de hoy, no obstante encontrarnos incursos en un real Estado Constitucional de Derecho, formando a los estudiantes de las ciencias jurídicas conforme al estudio de meras legislaciones, obviando el análisis del derecho, que es lo que verdaderamente ha de primar.

PALABRAS CLAVES

Derecho, legislación, estado constitucional de derecho, teoría general del derecho, principios, escuelas del pensamiento jurídico, métodos de interpretación, técnicas de argumentación, pragmatismo jurídico, formación universitaria, sílabos, retos académicos, República Dominicana.

_________________________________________________________________________

 

Legislación y derecho no es lo mismo. La legislación no es otra cosa que un conjunto de instrumentos normativos que regulan la vida en sociedad y han de servir de parámetro al momento de los tribunales estatuir respecto de los asuntos sometidos a su escrutinio. Sin embargo, el derecho, como ciencia que es, supone un estudio profundo de la disciplina como tal, bajo el prisma de sus principios y con apego a una o varias de las escuelas del pensamiento jurídico[1] aceptadas.   

En efecto, no es posible elaborar una tesis jurídica mínimamente sostenible, si el autor de la misma no sintoniza sus razonamientos con alguna escuela del pensamiento jurídico, ni emplea los correspondientes métodos de interpretación de la norma y de argumentación jurídica[2]. Quien sólo sabe legislación, no es capaz de descodificar la información en ella contenida de manera eficaz. Cualquier profesional de otra área del saber pudiera dar lectura compresiva a una ley determinada, pero –sin dudas- sólo un abogado con conocimientos de derecho será capaz de llevar a cabo una interpretación constitucionalizada de la pieza adjetiva de que se trate[3].

Debemos crear la conciencia, con un llamado especial a las distintas universidades del país, que son las que tienen la delicada tarea de formar a los abogados del mañana, de que el derecho del siglo XXI no hay forma de que pueda estudiarse a espaldas de la Constitución. Y justamente, un estudio constitucionalizado del derecho supone un conocimiento cabal de los principios que rigen en el ordenamiento, tanto en el ámbito material o sustantivo[4], como en el adjetivo o formal; y es que la constitucionalizaciòn del derecho[5] es un fenómeno indetenible que, como elemento consustancial de la teoría general del derecho, ha venido impactando, y seguirá haciéndolo con cada vez mayor intensidad, a los distintos subsistemas jurídicos: penal, civil, laboral, inmobiliario, administrativo, etc.   

Estamos, sin dudas, incursos en la era del Estado constitucional de derecho. Ya lo sostuvo el connotado jurista, Luigi Ferrajoli, al manifestar que existen tres grandes paradigmas o modelos de cultura jurídica en occidente: 1.- Estado de derecho contemporáneo; 2.- Estado de derecho legal y 3.- Estado de derecho constitucional; siendo este último, tal como hemos ya manifestado, el que se corresponde con el derecho del siglo XXI.

Desafortunadamente, en la mayoría de las universidades, por razones históricas evidentes, dado que nuestro derecho es originario de Francia, aún se continúa impartiendo docencia en función de la legislación adjetiva -pura y dura- y rindiendo una especie de pleitesía al modelo (hoy desfasado)  del estado de derecho legal[6],  al margen de los principios jurídicos. Tanto es así, que no suele formar parte de los programas o sílabos de la carrera de derecho, la asignatura de Teoría General del Derecho, que es donde se supone que deben analizarse los principios, las escuelas del pensamiento jurídico, los métodos de interpretación y de argumentación, etc.; en el mejor de los casos, se ha incluido la referida asignatura como materia electiva; es decir, que no necesariamente es cursada por los estudiantes durante su formación profesional.

En palabras del insigne jurista Rodolfo Vigo: “el desmoronamiento de este modelo –refiriéndose al estado legal de derecho- en la segunda mitad del siglo XX se observa básicamente en el derecho que transita por los tribunales y bufetes de abogados. Pero que todavía hoy no termina de afectar significativamente los ámbitos académicos o universitarios, dedicados a formar abogados o licenciados en derechos, los cuales siguen repitiendo los esquemas trazados por aquellas universidades decimonónicas de inspiración napoleónica, donde se enseña legislación y no derecho”.

La teoría general del derecho no debe tenerse, como recurrente y desacertadamente suele hacerse, como un área meramente teórica y sin utilidad para el ejercicio de la abogacía. Todo lo contrario, las máximas de experiencia aleccionan en el sentido de que con un cabal conocimiento de los principios, de los métodos de interpretación y de argumentación puede conseguirse una incuestionable agilización de los procesos y, sobre todo, es posible  elaborar diversas tesis de fondo eficaces para defender la postura sostenida en cualquier proceso, sea como demandante o como demandado.

Imaginemos el supuesto en que sea demandada la resolución de un contrato de compra-venta, y que ambas partes invoquen al mismo tiempo la excepción Non Adimpleti Contractus[7] para justificar sus respectivos incumplimientos: el vendedor justifica la no entrega del inmueble vendido, porque el comprador no ha pagado el precio, en tanto que el comprador justifica la falta de pago del precio, porque el vendedor no ha entregado el inmueble vendido.  

El abogado de formación deficiente sólo sería capaz de –si acaso- defender al vendedor, valiéndose de una interpretación  literal del artículo 1612 del Código Civil, conforme a la cual,  hasta que el comprador no pague el precio, no está obligado el vendedor a entregar la cosa, y punto. Sin embargo, un abogado con manejo de los principios y de las técnicas de interpretación y de argumentación, bien pudiera defender ambas posturas con éxito.

En la casuística propuesta, el letrado que domine el derecho, más allá de la mera legislación, sólo haría acopio de una interpretación literal de la norma si defendiera al vendedor, para justificar la falta de entrega de la cosa vendida, arguyendo la falta de pago del precio; pero igualmente pudiera este mismo abogado defender al comprador, haciendo acopio de una interpretación teleológica, yéndose al espíritu de la ley, esto es, lo que en esencia quería el legislador al concebir la norma, sugiriendo que por un tema de seguridad jurídica, debe interpretarse el consabido artículo 1612 del Código Civil, en el sentido de que el pago del precio y la entrega de la cosa, salvo convención expresa a contrario, deben llevarse a cabo en un mismo momento. Esto así, sobre la base de que no es sostenible ni razonable pretender dejar en una inseguridad jurídica al comprador, cuando paga el precio sin tener certeza de cuándo el vendedor deba entregar la cosa vendida.

No hay dudas de que esta última interpretación es totalmente sostenible, y justamente la Suprema Corte de Justicia ha razonado en esa dirección mediante su jurisprudencia[8]. Pero no por ello debe perderse de vista que se trata de un criterio que no está expresamente consagrado por la ley, sin embargo, se sustenta en base a los principios y a una correcta interpretación de ellos.

También en la órbita de lo procesal, el dominio de los principios, a la vista del modelo de Estado de derecho constitucional, cuenta con significativa utilidad. Verbigracia, el proceso tramitado para tramitar una ejecución de póliza de seguro de un vehículo de motor. El abogado que maneje los principios, si representa al demandante, bien pudiera defenderse de un incidente de inadmisibilidad, basado en el agotamiento de la fase de “arbitraje” que instituye de manera obligada la Ley No. 146; defensa que se articularía en función de la interpretación del principio de acceso a la justicia, ya que es obvio que viola dicha prerrogativa sustancial todo precepto adjetivo que tienda a impedir que las personas accedan a  sede judicial a reclamar los derechos que entiendan que les corresponden.

Es de notarse que la defensa incidental esbozada ut supra, si bien es ilegal, puesto que no se corresponde con la Ley No. 146, es constitucional, ya que su aval es el principio de acceso a la justicia, que tiene rango constitucional: el abogado legalista (codiguero) jamás sería capaz de elaborar ninguna tesis al margen de la letra -cruda y dura- del instrumento normativo objeto de escrutinio.

Justamente, para ilustrar sobre la gran utilidad de las escuelas del pensamiento jurídico y de los principios del derecho en general, en doctrina se suele citar el ejemplo del letrero fijado en la puerta de un establecimiento comercial, indicando que es prohibido entrar con perros. Un adepto de la escuela positivista del pensamiento jurídico, que asume la normativa de manera literal, interpretaría que por establecer la ley que la prohibición es en relación a perros, bien pudiera pasarse con otro animal, como sería un gato, un burro o un elefante. Por otro lado, un seguidor de la escuela naturalista, que interpreta el derecho más allá de la letra literal de las leyes, valorando también los principios del derecho, entendería que lo correcto en la descrita situación, es no pasar con ningún animal, ya que la esencia es evitar que las demás personas sean molestadas por el comportamiento de los animales; admitiendo –incluso- que siendo ese el espíritu (evitar molestias), bien pudiera acceder una persona no vidente con un perro amaestrado, aunque expresamente el consabido letrero establezca que está prohibido el paso con perros: si está amaestrado, no va a molestar a nadie; por tanto, la finalidad de la norma no se alteraría en este supuesto. 

En definitiva, quisiéramos dejar en el ánimo del lector, como nota saliente, que la teoría general del derecho no es un asunto meramente teórico, carente de utilidad. Se trata de la columna vertebral de la carrera del derecho, y sí es sumamente útil para el ejercicio de la profesión. Incluso, hoy día se habla de “Aplicación de la Teoría General del Derecho”, aludiendo precisamente a esa perfecta aleación que se produce entre la teoría y las prácticas forenses. 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÌA:

CRUCETA ALMÀNZAR, José Alberto. Ensayos“Los Principios Constitucionales y Generales del Proceso Civil (En el Anteproyecto del Código Procesal Civil” y “Neoconstitucionalismo, Argumentación y Especificidad de la Interpretación Constitucional. Test de Proporcionalidad (Ponderación)”,  publicados por Editora Centenario, S.A., República Dominicana, 2011.

FERRAJOLI, Luigi.“Derecho y Razòn”. Traducciòn de Perfecto Andrès Ibàñez, Alfonso Ruiz Miguel, Juan Carlos Bayòn Mohino, Juan Terradillos Basoco, Rocìo Cantarero Bandrès. Editorial Trotta, S.A., Madrid, 1995.

JORGE PRATS, Eduardo. “Derecho Constitucional”, Vol. I. Amigo del Hogar, República Dominicana, 2003.

TRÌAS MONGE, José. “Teoría de Adjudicación”. Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2000.

VIGO, Rodolfo. “Constitucionalizaciòn y Judicializaciòn del Derecho”, Colección Internacional. Universidad Javeriana de Colombia, Bogotá, 2012.

 

 

 

 



[1] Las escuelas del pensamiento jurídico que más relevancia tienen en nuestro medio son escuela positivista, originaria del país originario de nuestra legislación, la cual –en suma- sitúa la ley por encima de todo: lo que no está positivizado en la norma, no es derecho. Asimismo, la escuela naturalista, que estudia el derecho no solamente desde la perspectiva de la ley adjetiva, sino también desde los principios rectores del derecho, y admite prerrogativas que subyacen al ordenamiento jurídico por la sola condición de ser humano de la persona. Y la escuela realista americana, que se rige por el precedente, esto es, que más que la ley y los principios, lo determinante al momento de interpretar es lo que deciden los tribunales sobre el caso concreto.

[2] Existen varios métodos de interpretación jurídica. Entre los más empleados figura el método histórico, que se basa es aspectos históricos relacionados con el aspecto estudiado; por ejemplo, la SCJ hizo acopio de este método al momento de interpretar que la llegada del término sí debe constituir una causal que funda la procedencia del término del contrato de alquiler: se sostuvo que la realidad habitacional que regía al momento del concebirse el Decreto que rige la materia, no se corresponde con la realidad actual, por lo que debe prevalecer el derecho constitucional de propiedad. Por otro lado, está el método sistemático, que concibe la norma integral, no fragmentado; el teleológico, que va a la voluntad del legislador al momento de concebir la norma, etc.

[3] Por ejemplo, el artículo 27 de la Ley No. 288-05, sobre Burós de Crédito, sostiene un precepto que choca con la Constitución, que es la prohibición de acceder a los tribunales, hasta tanto no se agote un procedimiento extrajudicial, lo cual es obvio que choca con el principio sustantivo de acceso a la justicia. Un profano en la ciencia del derecho, se limitaría a dar lectura al texto y razonar conforme a su sentido literal, haciendo tabla raza a los principios jurídicos aplicables, por citar solo un supuesto sobre la trascendencia de saber derecho, más allá de legislación. 

[4] En doctrina, se califica de material o sustantivo la parte del derecho que se encarga de prever las diversas instituciones del área jurídica de que se trate, así como las reglas que han de regir para cada una de ellas. Por ejemplo, la noción de contrato, de obligaciones, etc., que está en el Código Civil, a diferencia del derecho formal o adjetivo, que se rige por el Código de Procedimiento Civil, el cual se encarga del proceso, esto es, la manera de canalizar el derecho material o sustantivo.

[5] Fenómeno que, concretamente, consiste en anteponer la Constitución ante cualquier otro precepto legal. De lo que se trata es de que las previsiones constitucionales deben estar presentes en cada interpretación de derecho que se lleve a cabo en cualquier rama jurídica.

[6] El estado de derecho legal se generó durante la Revolución francesa y desde allí nos llevó ha nosotros, por ser aquel país el originario de nuestro derecho. Rigió desde el comienzo del siglo XIX, hasta la segunda guerra mundial, de 1939-1945. Comienza su debacle luego del conocido juicio de Nuremberg (1945).

[7]Sobre esta excepción, ha sido juzgado lo siguiente: “La excepción “nom adimpleti contractus” es un medio de defensa admitido en todos los contratos sinalagmáticos, al cual puede recurrir el contratante a quien se demanda la ejecución de su obligación cuando el demandante no ha ejecutado la que a su respecto le corresponde y puede ser puesta en obra sin previa puesta en mora ni decisión del juez”. (Sentencia SCJ, 1ra. Càm, No.7, del 2 de julio de 2003, B.J. No. 1112, p.p. 91-106).

[8] Sentencia SCJ, 1ra. Càm, del 21 de abril de 2010; compilada en el material “Principales Sentencias de la Suprema Corte de Justicia, año 2010”, p. 504.

Artìculo jurìdico

INOPERATIVIDAD DE LA COMISIÒN DE ALQUILERES

A PARTIR DE LA SENTENCIA TC/0174/14

DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

Por.: Yoaldo Hernández Perera

www.yoaldo.org , yoaldo@hotmail.com

Gaceta Judicial, año 18, número 335

 

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RESUMEN

           Se analiza la repercusión en la operatividad de la institución del Control de Alquileres de Casas y Desahucio, de la sentencia TC/0174/14, dictada el 11 de agosto del 2014 por el Tribunal Constitucional, que declara inconstitucional el artículo 3 del Decreto No. 4807, del 1959, que controla los Alquileres de Casas y Desahucios, el cual no concebía la llegada del término como causal para fundar la procedencia de la resiliaciòn del contrato de alquiler.

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PALABRAS CLAVES

           Contrato de alquiler, terminación contractual, Decreto No. 4807, inconstitucionalidad, control difuso, control concentrado, efecto inter partes, efecto erga omnes, derecho de propiedad, inseguridad habitacional, interpretación histórica, comisión de alquileres y desahucio, inoperatividad, autonomía de la voluntad, jurisprudencia, Constitución, Suprema Corte de Justicia, Tribunal Constitucional, Código Civil, República Dominicana

        En ejercicio del control de constitucionalidad concentrado, con efecto erga omnes, el 11 de agosto de los corrientes, el Tribunal Constitucional, mediante Sentencia TC/0174/14[1], refrendó el criterio que había establecido la Suprema Corte de Justicia, mediante jurisprudencia ordinaria del 3 de diciembre de 2008[2], por la vía difusa de control de constitucionalidad, con efectos inter partes, respecto de la nulidad y consecuente inaplicabilidad del artículo 3 del Decreto No. 4807, de 1959, que controla los Alquileres de Casas y Desahucio, que no concebía la llegada del término como causa válida para resiliar el contrato de alquiler y que preveía una serie de condiciones para poder el propietario disponer de su derecho de propiedad; esto así, en el entendimiento de que las razones que en su momento justificaron tales previsiones han variado al día de hoy.

Para estatuir de la forma que lo hizo en el año 2008, la Primera Cámara –hoy sala- de la Suprema Corte de Justicia, esgrimió las siguientes consideraciones: “(…) Considerando, que el examen del fallo impugnado revela, en cuanto a la alegada violación del artículo 3 del Decreto No. 4807 de 1959, que rige las relaciones contractuales de los propietarios de casas y sus inquilinos, que la Corte a-qua admitió, tal como lo propusiera la parte recurrente, que el hecho de que haya llegado a término el contrato de alquiler, esto no significa que ese acontecimiento sea causal para impetrar la resiliación del convenio, criterio que esta Corte de Casación ha venido reafirmando cuantas veces ha tenido oportunidad de hacerlo (…) Considerando que, como la Constitución es norma suprema en el orden interno a la que deben conformarse todos los actos de los poderes públicos, se impone que ella sea respetada y obedecida y su protección garantizada mediante el control de constitucionalidad de las leyes y de los actos; que, como el recurrente se ampara, en este aspecto del medio que se examina, en la alegada violación del señalado artículo 3 del Decreto No. 4807 de 1959, ante el auge que se evidencia en favor de la constitucionalización de todo el ordenamiento, que demanda preservar el principio de la supremacía constitucional, se hace necesario la revisión del referido artículo 3, que suplantó la disposición del artículo 1737 del Código Civil;  Considerando, que, en efecto, conforme al régimen anterior (art. 1737 del Código Civil), “el arrendamiento termina de pleno derecho a la expiración del término fijado, cuando se hizo por escrito sin haber necesidad de notificar el desahucio”, vale destacar que el indicado decreto, fue emitido al amparo y en cumplimiento de la Ley No. 2700, del 18 de enero de 1951, sobre medidas de emergencias, ratificada por la Ley No. 5112, del 23 de abril de 1959, por medio de las cuales fue declarado la existencia de un estado de emergencia nacional, que permitió al Poder Ejecutivo disponer por decreto todas las providencias que hubo de estimar necesarias para garantizar, entre otras, la seguridad interna, y lo que permitió a este alto tribunal expresar, en armonía con aquella situación de emergencia, que la finalidad perseguida por el referido decreto al limitar los poderes de los propietarios en relación con los contratos de alquiler, había sido conjurar en parte el problema social de la vivienda, facilitando y garantizando a los inquilinos que pagan el importe del arrendamiento, la estabilidad de sus contratos; Considerando, que es un hecho innegable y ostensible que desde la fecha en que fue emitido el citado decreto, a esta parte, el país ha experimentado, en el orden habitacional, un cambio sustancial que se observa en una apreciable disminución del negocio de “casas de alquiler”, al punto de que la figura del “casero” ha prácticamente desaparecido, sustituyéndolo las instituciones públicas y privadas que desde la desaparición de la dictadura coadyuban con el propósito de hacer realidad el precepto constitucional que declara de alto interés social el establecimiento de cada hogar dominicano en terreno o mejoras propias, para lo cual el Estado estimularía el desarrollo del crédito público en condiciones socialmente ventajosas, destinado a hacer posible que todos los dominicanos posean una vivienda cómoda e higiénica; Considerando, que si bien es una verdad inocultable que la declaración constitucional que se cita arriba no ha sido satisfecha más que parcialmente, ello no justifica, en modo alguno, que superada la situación de emergencia original, causada por diversos factores y no sólo por un déficit habitacional, el derecho de propiedad siga siendo víctima, no obstante tener categoría constitucional, de la restricción y limitación que implica el haberse eliminado el derecho del propietario y el consentimiento del inquilino, de fijar un término al contrato de inquilinato, prerrogativa que, al haber desaparecido por efecto del mencionado decreto, convirtió el arriendo de casa en un derecho real equivalente a una enfiteusis, con características de perpetuidad, que conlleva como consecuencia un desmembramiento del derecho de propiedad, por lo que resulta inaplicable el referido artículo 3 del Decreto No. 4807, de 1959, por no ser conforme a la Constitución (…)”.

          Por su lado, para refrendar el criterio esbozado ut supra, el Tribunal Constitucional razonó en el siguiente sentido: “ (…) Este tribunal considera, al igual que lo consideró la Cámara Civil de la Suprema Corte de Justicia, que las restricciones al derecho de propiedad que se derivan de la aplicación del artículo 3 del Decreto núm. 4807 si bien se justificaban a finales de los años cincuenta del siglo pasado y durante los siguientes años, no menos cierto es que en la actualidad resultan injustificables. Ciertamente, lo que demanda la realidad actual es una política inversa, orientada a fortalecer el derecho de propiedad, con la finalidad de incentivar la inversión de capitales en viviendas que luego de construidas podrán ser alquiladas o vendidas (…)  En otro orden, la sentencia mediante la cual se declaró inaplicable el artículo 3 del referido decreto núm. 4807 tiene efectos relativos, es decir, que solo vincula a las partes del proceso que se originó en ocasión de la demanda en resolución de contrato de inquilinato, desalojo y cobro de indemnizaciones invocada por la sociedad de comercio Antún Hermanos & Compañía, C. por A. contra Julio Giraldez Casasnova, ante la Cámara Civil y Comercial del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Judicial de San Pedro de Macorís, en relación con la vivienda ubicada en la avenida Independencia núm. 165, de la ciudad de San Pedro de Macorís (…)  El efecto relativo de la referida sentencia se debe al hecho de que el cuestionamiento de inconstitucionalidad no fue promovido mediante una acción directa de inconstitucionalidad (control concentrado de inconstitucionalidad) sino en ocasión de un litigio de orden civil, de manera excepcional y como medio de defensa (control difuso de constitucionalidad) (…) En este sentido, el artículo 3 del Decreto núm. 4807 se mantiene vigente en el ordenamiento jurídico, razón por la cual procede declarar, por los motivos anteriormente expuestos, que dicho artículo 3 es contrario a la Constitución, y, en consecuencia, el mismo es nulo (…)”.

 

              Esta inconstitucionalidad del artículo 3 del referido Decreto No. 4807, aunque no lo exprese taxativamente la sentencia del Tribunal Constitucional, torna inoperante la Comisión de Alquileres que había creado el Decreto No. 5541 del 18 de diciembre de 1948, reivindicado por el comentado Decreto No. 4807. En efecto, el comentado artículo 3 establecía la obligatoriedad de que el propietario acuda a la Comisión de Alquileres y Desahucio para válidamente resiliar el contrato de alquiler y poder desalojar a su inquilino cuando el inmueble alquilado vaya a ser objeto de reparación, edificación o nueva construcción, o cuando vaya a ser ocupado personalmente por el propietario, de su cónyuge o por parientes de uno de ellos, ascendientes, descendientes o colaterales hasta el segundo grado, inclusive durante dos años por los menos[3].

             Importa advertir que expresamente, la comentada sentencia de la Suprema Corte de justicia, delimitó la inconstitucionalidad del artículo 3 objeto de estudio, al tema de la llegada del término como causal para justificar la terminación del contrato de alquiler, a saber: “(…) Segundo: Declara, de oficio, no conforme a la Constitución, el artículo 3 del Decreto No. 4807, de 1959, en cuanto prohíbe fijar un término al contrato de arrendamiento de casas (…)”, en tanto que el Tribunal Constitucional, en su decisión recién dictada en el presente año sobre la materia, ha declarado de manera genérica, y por la vía concentrada de control de constitucionalidad, la  inconstitucionalidad del mencionado texto, visto: “(…)SEGUNDO: DECLARAR no conforme con la Constitución de la República el artículo 3 del Decreto núm. 4807 del dieciséis (16) de mayo de mil novecientos cincuenta y nueve (1959), por los motivos antes expuestos (…)”.

          Así las cosas, por argumento a fortiori, ha de convenirse que en el estado actual de nuestro ordenamiento jurídico, una vez extirpado de él el comentado artículo 3, en ningún caso es requerido que el propietario agote el trámite extrajudicial  ante la Comisión de Alquileres  y Desahucios para habilitar su derecho de acción, a fines de demandar válidamente la terminación del contrato en sede judicial. Actualmente ha de ser posible acudir directamente ante los tribunales de la República para demandar la resiliaciòn del contrato de alquiler y el consecuente desalojo del inquilino, acreditando para ello cualquier razón que en derecho justifique tales pretensiones, en el marco de la teoría general de los contratos. 

             En nuestro concepto, es positivo el hecho de suprimir la fase administrativa ante la Comisión de Alquileres, a fines de posibilitar la terminación del contrato, o bien para elevar el importe de las cuotas o para cualquier situación suscitada durante la ejecución del contrato de alquiler. Como se ha dicho, tratándose de un contrato, es bajo el prisma de las reglas aplicables a la materia contractual ordinaria que debería resolverse cualquier diferendo al respecto; máxime cuando la práctica ha aleccionado en el sentido de que la Comisión de Alquileres no ha venido exhibiendo el mejor de los desempeños, lo que provoca injustificadamente que los procesos se retrasen, redundando así en un flagrante atentado contra el derecho de propiedad, el cual cuenta con rango constitucional.

              Finalmente, ha de resaltarse que con la declaratoria de inconstitucionalidad del artículo 3 del Decreto No. 4807, se han extirpado también de nuestro ordenamiento jurídico los tres párrafos que complementaban la parte capital del citado texto. Por vía de consecuencia,  para la ejecución de las sentencias de desalojo en materia de inquilinato, debe regir en lo adelante el derecho común de la ejecución de las sentencias, a la vista del Código de Procedimiento Civil, reformado por la Ley No. 834, del 15 de julio de 1978; es decir, carece de aplicación en la actualidad el párrafo I del comentado artículo 3, que sostenía que la sentencia que ordene el desalojo no podía ser ejecutada, aunque hubiera sido dictada ejecutoria no obstante oposición o apelación, sino después de 15 días de notificada, bajo pena de nulidad del procedimiento de la consiguiente responsabilidad civil respecto del persiguiente y de destitución del Alguacil.

               Asimismo,  como secuela de esta inconstitucionalidad, ya no será necesario que el alguacil actuante, en el Distrito nacional y en las provincias en donde el Monte de Piedad tenga sucursales, deposite por cuenta del inquilino en uno de los almacenes de dicha institución, los efectos muebles que encontrare en el inmueble desalojado, sin perjuicio de lo dispuesto por el Art. 2120 del Código Civil de los artículos 819 y siguientes del Código de Procedimiento Civil; tal como ordenaba el párrafo II del artículo 3 analizado, cuya sanción estaba consagrada en el párrafo III de este texto, con pena disciplinaria de destitución y prisión de 15 días hasta 6 meses y de multa de RD$10.00 a RD$100.00, o ambas penas a la vez.  

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÌA

_________________ REPÙBLICA DOMINICANA, Constitución política, proclamada el 26 de enero de 2014.

_________________ Código Civil dominicano

Decreto No. 4807, del 16 de mayo del 1959

Sentencia SCJ, 1ra. Càm, del 3 de diciembre del 2008 (http://www.poderjudicial.gob.do/documentos/PDF/sentencias_destacadas/Julio_Giraldez_Casasnovas_Vs_Antun_Hermanos%20.pdf)

 

Sentencia Tribunal Constitucional (TC/0174/14) (http://www.tribunalconstitucional.gob.do/node/2607)

 



[1] http://www.tribunalconstitucional.gob.do/node/2607

[2]http://www.poderjudicial.gob.do/documentos/PDF/sentencias_destacadas/Julio_Giraldez_Casasnovas_Vs_Antun_Hermanos%20.pdf

[3] Este artículo 3 del Decreto No. 4807 tenía incurso un “punto y seguido” en el medio de su contenido que era de vital importancia, ya que las condiciones previstas del “punto y seguido” para arriba, no requerían la intervención del Control de Alquileres, en tanto que las condiciones instituidas del “punto y seguido” para abajo, sí necesitaban la intervención de la citada Comisión de Alquileres.

La Hormiguita y la bota (Fàbula)

LA HORMIGITA Y LA BOTA

(Fábula)

Yoaldo Hernández Perera

 

               Un cazador en la selva botó un par de botas, puesto que las mismas eran muy viejas. Las dejó junto al río, luego de terminar su jornada de cacería. Se puso unas pantuflas que traía en su mochila y marchó cómodamente calzado para su hogar en la ciudad.

               Durante la noche de ese día, un tigre pasó por la orilla del río, y al ver aquellas botas  se detuvo y dijo –qué viejos están estos calzados; no sirven para nada.  –Siguió su camino sin voltear la mirada en ningún momento.

                Al cabo de unas horas, pasó por el mismo lugar un mono y exclamó –un par de botas! Es señal de que anduvo un humano por estos lares.  Voy a considerarlas como el hito que delimita la zona de cazadores para evitar ser impactado por alguna bala perdida.   

                 En la mañana del día siguiente, un  águila vieja, sin mucha fuerza para mantener el vuelo por un tiempo prolongado, utilizó las botas para amortiguar la caída y no darse fuerte con el suelo de tierra y rocas, a la orilla del río; pero dejó dicho calzado en el mismo lugar. Otro día, cuando intentó hacer lo mismo, ya el agua, con la crecida del río, había cambiado de lugar las botas y no pudo encontrarlas.

                En otro momento, mientras una hormiguita caminaba sola por los alrededores del río, empezó súbitamente una lluvia torrencial. La hormiguita, algo nerviosa, expresó –Ahí hay unas botas que pudieran servir de refugio hasta tanto pase el mal tiempo.  Tan pronto como me resulte posible llegar hasta el castillo de arena donde vivo con mi grupo, les informaré sobre la posibilidad de mudarnos al interior de estas botas; serían nuestras guaridas oficiales, con más resistencia.

               Efectivamente, cuando salió el sol, la hormiguita se dirigió donde sus congéneres y les explicó sobre lo útil que sería utilizar las botas como su nuevo hogar, resaltando la resistencia del material en comparación con la arena, etc.

                La hormiga reina, tan pronto como vio aquellas botas, refrendó la sugerencia de la hormiguita y autorizó su traslado a un lugar seguro; las fijaron al suelo juntas, formando un espacio cómodo, y allí erigieron su nuevo hábitat.  

               Como moraleja, ha de concluirse en el sentido de que aquello que para algunos carece de utilidad, para otros sí pudiera resultar útil. Y que cuando algo nos sea de interés, debemos asegurarlo, para evitar que nos ocurra como al águila, quien no pudo seguir utilizando la bota como colchón, por no haber sido diligente y colocado ese calzado en un sitio estratégico como hicieron las hormigas, las cuales, más allá de identificar una gran utilidad en las botas, se ocuparon de trasladarlas a una localidad estratégica y de fijarlas en el piso para vivir cómodamente en su interior.

Funciòn pràctica de los principios rectores del proceso civil (Fragmento Soluciones Procesales)

 

3.1 FUNCIÓN PRÁCTICA DE LOS PRINCIPIOS RECTORES DEL PROCESO CIVIL

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SUMARIO

Tradicionalmente, a los principios rectores del proceso civil se les ha concebido como algo de poca utilidad; como un aspecto del derecho procesal puramente teórico y, por ende, carente de aplicación práctica para la tramitación de los procedimientos en materia civil: nada más distante de la realidad.

Muchas de las soluciones procesales que cotidianamente se adoptan en los tribunales de la República, a fin de resolver situaciones planteadas en cada caso en concreto, justamente son concebidas mediante el empleo de principios del proceso, los cuales no necesariamente están taxativamente previstos en la ley. Verbigracia: la posibilidad de disponer simultáneamente varias medidas de instrucción: comparecencia personal de las partes; informativo testimonial, peritaje, mediante una misma sentencia. La Ley No. 834 del 15 de julio de 1978 en ninguna parte prevé esta posibilidad; es una aplicación a ultranza de los principios de concentración y economía procesal que fundamenta dicha posibilidad; por citar uno de los innumerables casos.

Doctrinariamente se han denominado principios orgánicos o directivos del proceso aquellos que son propios de un subsistema jurídico en concreto: penal, civil, laboral, etc. Verbigracia: principio dispositivo, de inmediación, etc. Y, por otro lado, se han definido los principios constitucionales generales, como aquellos que se encuentran en la Constitución y aplican a todas las materias, como los principios de acceso a la justicia, defensa, derecho a recurrir, etc.

La tendencia moderna es desarrollar en la parte inicial de los códigos procesales, los principios que regirán todo su contenido. Esto así, a causa del fenómeno de la constitucionalización de los procesos, que fuerza a concebir la normativa procesal bajo el prisma de los principios y garantías constitucionales que son consustanciales a la teoría general del debido proceso.

Así las cosas, resulta de extremado interés práctico el estudio de los principios del proceso civil, al tiempo de crear conciencia en el sentido de que no se trata de una cuestión aérea, puramente teórica: manejando adecuadamente los principios se logra agilizar los procesos y, consiguientemente, optimizarlos significativamente.

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Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

3.1.1 ¿Qué es un principio?

Un principio, concretamente, es una idea genérica que subyace en el derecho objetivo; que si bien no necesariamente está previsto de manera expresa en alguna parte de éste, sin embargo, debe ser tomado en cuenta a la hora de interpretar y aplicar el contenido escrito de cada instrumento legal (ley especial, códigos, etc.): no agota el procedimiento previsto para ser ley, como derecho positivo, pero forma parte del derecho natural y, por ende, debe entenderse como componente del ordenamiento jurídico.

Refiriéndose a los principios, el procesalista Jorge W. Peyrano, ha sostenido: “Son construcciones normativas de índole subsidiaria, producto de la más cuidadosa decantación técnico-sistemática de las normas que regulan un proceso civil dado; no excluyentes, en general, de sus antítesis lógicas o de las consecuencias de éstas; que contribuyen a integrar los vacíos que presente la regulación normativa donde ven la luz; pero cuya primera misión es la de servir de faro para que el intérprete, sea juez, legislador o tratadista, no equivoque el camino y olvide que toda solución procedimental propuesta debe armonizar con ellas, so pena de introducir la incoherencia allí donde resulta más nefasta; es decir, en el ámbito del proceso”1[Sic].

Para ilustrar acerca de lo que es un principio, visto desde la óptica procesal, reflexionemos sobre el hecho de que no está taxativamente establecido en el Código de Procedimiento Civil, modificado por la Ley No. 834, un apartado llamado principio de economía procesal2; esa idea genérica se deriva, concretamente, de los conceptos de justicia pronta, para evitar llegar a la denegación de justicia, con una dilación innecesaria de un procedimiento; de concentración del proceso, para lograr con el menor número de actos sustanciar eficazmente el proceso, etc.; preceptos que – a su vez- encuentran razón de ser en el carácter justo y útil de la ley: pilares en los que reposa el principio de la razonabilidad instituido en el artículo 40.15 de la Constitución proclamada el 26 de enero de 2010.

Modernamente, se estila desarrollar en el frontispicio de los códigos los principios conforme a los cuales habrá de interpretarse todo su contenido. Así, el anteproyecto más reciente del nuevo Código Procesal Civil, incluye en su primera parte los principios rectores del proceso. Asimismo, constituyen ejemplos de este formato vanguardista, el Código Procesal Penal, el cual enuncia en sus artículos del uno al veintiocho los principios que rigen ese proceso; la Ley No. 108-05 sobre jurisdicción inmobiliaria, también prevé los principios rectores de ese proceso; la Ley No. 136-03 que instituye el Código para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de Niños, Niñas y Adolescentes, por igual.

De lo anterior se concluye que, hoy día, los principios, como ideas genéricas, pudieran perfectamente estar positivizados en el ordenamiento jurídico, y esta circunstancia no hace que pierdan su condición de principios, propiamente dicho. Con lo cual, a diferencia de lo que sostienen algunos autores, actualmente no constituye una característica consustancial de los principios del derecho, el no estar incluidos en la legislación

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

positiva: en el derecho moderno existen principios expresamente previstos en leyes, incluso, en la ley de leyes, que es la Constitución.

3.1.2 Diferencia entre los conceptos de “principio” y de “garantía”

Conforme lo esbozado ut supra en el apartado precedente, los principios son ideas genéricas, ambiguas. Por otro lado, por garantía debe entenderse todo mecanismo tendente a judicializar aquellas ideas aéreas denominadas principios: sin garantías los principios no tendrían razón de ser.

Un ejemplo de principio lo representa el de acceso a la justicia3, y uno de garantía sería la tutela judicial efectiva y debido proceso, instituidos en el artículo 69 de la Constitución. Así, el acceso a la justicia sería una utopía si el Estado, a través de los tribunales, no garantizan que los procesos empleados para dirimir las controversias entre las personas, sean conocidos respetando todos los trámites requeridos para un debido proceso.

En el ámbito doctrinal se ha considerado el proceso como una garantía4, ya que justamente éste busca que válidamente se canalice en justicia cada pretensión promovida por las partes, para que una vez sustanciada la causa, ya en el ámbito del derecho material o sustantivo, entonces se proceda a adjudicar correctamente el derecho en cuestión a su titular. Así, el proceso como tal no tiene un fin en sí mismo, más que erigirse en el instrumento que posibilite que sea dado a cada quien lo que en buen derecho se merece: llegar a la justicia. Sin embargo, el debido proceso, visto no sólo como una sucesión de actos interrelacionados entre sí, sino de manera constitucionalizada, a la luz de todas sus garantías y principios rectores, debe catalogarse como un principio y, por ende, es menester que cuente con su correspondiente garantía de aplicación efectiva. De ahí que constitucionalmente se ha establecido que el debido proceso debe ser observado en todo tipo de procedimiento, bien sea contencioso, administrativo, gracioso, extrajudicial, etc5.

La Constitución proclamada el día 26 de enero de 2010, incluye expresamente en su contenido, tanto principios como garantías de derecho. Así, el constituyente criollo optó por positivizar y clasificar ambos aspectos (principios y garantías) como un intento de optimizar la aplicación de los principios.

3.1.3 Principios Constitucionales y los Principios Generales del Proceso Civil (También llamados Orgánicos o Directivos)

Resulta de sumo interés comentar que, a nivel doctrinal6, se ha concebido una clasificación de los principios, atendiendo a su carácter constitucional genérico, o a su naturaleza orgánica del proceso civil, propiamente.

La primera clase de principios, los Principios Constitucionales, son aquellos que están previstos en la Constitución y aplican a todos los subsistemas jurídicos (penal, civil, laboral, inmobiliario, etc.), ya que se trata de ideas consustanciales al debido proceso, el cual debe aplicar a todas las materias.

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

Dentro de los referidos principios constitucionales generales podemos citar: el juez natural7, la imparcialidad e independencia8, derecho de defensa9, derecho a la prueba10, el derecho al recurso11, igualdad de las partes ante la ley12, igualdad de armas procesales13 y plazo razonable14, etc.

Por otro lado, el segundo tipo de principios, los llamados generales del proceso civil (orgánicos o directivos), son aquellos que son inherentes a la naturaleza del procedimiento civil. Recodemos que si bien debe haber una teoría general del proceso, aplicable a todo ámbito jurídico, es innegable –empero- que cada materia siempre tendrá sus particularidades. Así, en el ámbito penal siempre primará el interés público (social) en los asuntos ventilados, en tanto que en materia civil esencialmente las controversias serán de orden privado, por citar un ejemplo.

La nominación de los principios ha sido tradicionalmente una labor del ingenio doctrinal y de la jurisprudencia; con lo cual, es a modo pretoriano que se ha venido desarrollando la elaboración de cada principio. Sin embargo, con el tema del auge de la primacía de la Constitución, el legislador moderno ha hecho un intento de positivizar una serie de principios, a fin de hacerlos más aplicables y menos aéreos. Pero lo cierto es que una de las características de los principios es su carácter dinámico; es imposible pretender que el legislador los conciba todos en la legislación positiva.

3.1.4 ¿Cuáles son los principios generales del proceso civil (Orgánicos o directivos)?

Es importante insistir, previo a mencionar el elenco de los principios orgánicos o directivos existentes, que por ser la materia constitucional un área del derecho alimentada en gran medida por el derecho natural y, por consiguiente, importante parte de él no está escrito, este campo ha llegado a ser calificado como “el derecho de la hipótesis”. Así, resulta que no necesariamente todos los autores autorizados en la materia coinciden con la nominación de cada principio, ni son congruentes con el número de éstos: puede ocurrir que unos citen más principios que otros. Sin embargo, en este capítulo se enunciarán y estudiarán aquellos que han sido más aceptados universalmente.

No resulta ociosa la aclaración precedente, ya que el estudio de los principios rectores de todo proceso, constituye un elemento consustancial al derecho constitucional15, habida cuenta de que este último es el que funda el fenómeno imparable, llamado “la constitucionalización de los procesos”, que inició en nuestro derecho nacional en el área procesal penal16, y hoy día ha ido impactando otros subsistemas jurídicos, como es el civil y el comercial.

Los principios orgánicos o directivos mayormente tratados en materia civil son: 1.- El principio Dispositivo; 2.- El Principio Inquisitivo; 3.- El principio de Autoridad; 4.- El Principio de Contradicción; 5.- El Principio de Moralidad; 6.- El Principio de Economía Procesal; 7.- El Principio de Inmediación Procesal; 8.- Principios de Escritura y Oralidad; 9.- Principio de Publicidad; 10.- Principio de Adquisición Procesal; 11.- Principio de Preclusión; 12.- Principio de Congruencia; 14.- Principio de Concentración; 15.-

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

Principio de la Razonabilidad (incluidos por algunos dentro de los principios constitucionales generales)

Principio Dispositivo: Es aquel conforme al cual, en suma, las partes son las que promueven las pretensiones que delimitan el poder dirimente de los jueces. Son ellas las que, en principio, están llamadas a someter a la consideración del tribunal todo cuanto estimen pertinente para una eficaz tramitación de la causa.

Este principio sufre atenuaciones, ya que el juez tiene algunas facultades oficiosas que puede ejercer cuando no lo hayan solicitado las partes, o aun cuando éstas estuvieren en desacuerdo. Por ejemplo, si el juez estima útil para edificarse sobre la religión del caso disponer la comparecencia de una parte determinada, puede ordenarlo sin que nadie se lo solicite, porque la ley lo facultad para ello (Art. 60 Ley No. 834). Igual, no obstante las partes –todas-estar de acuerdo en que se tramite un informativo testimonial en materia de cobro de dineros, por ejemplo, si un juez constata que la especie se trata de un asunto que versa sobre puros actos jurídicos y, por ende, la prueba por escrito siempre prevalecería ante un informativo testimonial, legal y constitucionalmente ese magistrado estaría facultado para rechazar dicha medida.

Existe una gran discusión en la actualidad, a nivel internacional, en relación a si es recomendable que el juez adopte medidas de manera oficiosa, o si es preferible que éste sea totalmente pasivo. Pero lo cierto es que, independientemente de que –en honor a la verdad- la génesis de la tendencia oficiosa se contrae a normas de origen fascista, la experiencia ha demostrado que un papel meramente pasivo del juez da pie a numerosas irregularidades que van en detrimento del debido proceso y, consecuentemente, de la justicia, que es el fin último del proceso.

Las pretensiones son –esencialmente- de las partes, mas el proceso siempre entrañará un matiz de orden público y, por ende, los jueces deben tutelar efectivamente el debido proceso, aun sea de oficio; y es que el artículo 69 de la Constitución proclamada el 26 de enero de 2010, consagra una tutela judicial efectiva a cargo de los tribunales de la República; tutela esta que sale del ámbito del principio dispositivo.

En ese orden de ideas, cuando haya una discusión que gire en torno al debido proceso, propiamente, el juez tiene facultad de salirse de las pretensiones de las partes, si éstas formulan petitorios a todas luces frustratorios al debido proceso; como sería prorrogar los debates más allá del juicio oral, público y contradictorio, aun cuando ambas partes consientan en ello. Esto así, bajo la modalidad de depositar documentos conjuntamente con el escrito justificativo de conclusiones y pedir plazos para replicar y contrarreplicar dichas piezas que no han sido sometidas al contradictorio: el debido proceso supone oralidad, inmediación, etc.

Extensivamente, en acopio de la tutela judicial efectiva, siendo la justicia pronta un elemento consustancial al debido proceso, se ha admitido la facultad del juez de rechazar prórrogas a una medida de comunicación de documentos que ya ha sido dispuesta

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

previamente en reiteradas ocasiones, y no se motiva bien dicha nueva prórroga; aun cuando la otra parte dé aquiescencia.

Es recomendable, sin embargo, que los jueces del fondo reserven esa facultad oficiosa que les ha sido conferida, para casos que realmente lo ameriten, cuando las partes –por ejemplo- no formulen los petitorios adecuados, o desconozcan algún precepto inseparable del debido proceso. Los jueces deben ser cautos a la hora de adoptar alguna medida de manera oficiosa y, cuando lo hagan, entendemos que deben hacer uso de ese concepto bien elaborado por la Suprema Corte de Justicia, que es el denominado “buen juicio del juez”.

Principio Inquisitivo: Es aquel que, en esencia, deriva de las facultades oficiosas de los administradores de justicia; es la antítesis del principio dispositivo: Mientras el primero versa sobre la facultad de los jueces de disponer medidas sin haber sido peticionadas, el segundo sugiere que cada petitorio sea sometido por las partes, concibiéndose a estas últimas como las dueñas del proceso. Una manifestación del principio inquisitivo sería cuando el juez, a su criterio, ordena medidas de instrucción, sin someter al contradictorio las mismas. Por ejemplo, el caso de la comparecencia personal de las partes, conforme lo instituye el artículo 60 de la Ley No. 834: “El juez puede, en toda materia, hacer comparecer personalmente a las partes o a una de ellas”. O bien un informativo inmediato, al tenor del artículo 100 de la citada Ley No. 834: “el juez podrá, en la audiencia, o en su despacho, así como en cualquier lugar, en ocasión de la ejecución de una medida de instrucción, oír inmediatamente a las personas cuya audición le parezca útil al esclarecimiento de la verdad”.

En los momentos actuales, mayoritariamente se ha razonado en el sentido de que un sistema donde rija un principio inquisitivo pleno, en el sentido de que el juez haga y deshaga todo cuanto le plazca sin el concurso de las partes, atenta contra el carácter democrático del proceso, bajo la prédica de que se prestaría a abusos por parte del Estado, mediante sus jueces, en contra de los particulares. Se teme que ello implique una concentración peligrosa de poder de los juzgadores.

Pero también ha sido desafortunado el esquema de un principio dispositivo pleno, con jueces estrictamente espectadores; y es que el debido proceso es algo que tiene un matiz de orden público; con lo cual, por razones de tutela judicial efectiva, debe ser siempre cuidado celosamente por los tribunales: el modelo que históricamente ha resultado más virtuoso es aquel donde rige un principio dispositivo con ciertas atenuaciones provocadas por el inquisitivo. Es decir, las partes son las que, en principio, promueven los pedimentos, pero ello no impide que los jueces estén facultados para disponer medidas de manera oficios; al tiempo filtrar los pedimentos de las partes, desechando aquellos que atenten contra el debido proceso.

Principio de Autoridad: Este principio alude al imperio de los jueces, quienes dicen el derecho por mandato legal y en nombre de la República. Así, los árbitros, por ejemplo, en materia de arbitraje no tienen imperio.

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

Por aplicación de este principio es que las sentencias dictadas por los tribunales de la República deben ser acatadas por sus destinatarios, y en caso contrario, dicho desacato supone sanciones.

Un caso muy recurrente en la práctica, en que se incurre en desacato de las sentencias judiciales, es en materia de familia, específicamente en lo que tiene que ver con rectificaciones de actas de nacimiento. Con gran frecuencia se ve cómo Oficiales del Estado Civil se niegan a acatar las decisiones judiciales que ordenan alguna rectificación, llegando dichos funcionarios extrajudiciales hasta a mandar al tribunal, mediante la parte interesada, un “papelito” manuscrito, indicando lo que ellos estiman que debe incluir la decisión; esto así, no obstante éstos carecer de Iurisdictio y, por tanto, están impedidos de decir el derecho17.

En aras de dotar de aplicabilidad el principio de autoridad en nuestro derecho, estimamos pertinente recomendar que nos hagamos eco de la postura generalizada en el derecho comparado, en el sentido de instituir en las diversas materias que integran el ordenamiento jurídico, la figura del juez de ejecución. Con ello se lograría que la autoridad que reviste a los funcionarios judiciales sea respetada y, consecuentemente, las sentencias judiciales sean debidamente acatadas.

Las decisiones dictadas por el hoy tribunal Superior Administrativo18, por estar dirigidas esencialmente a entidades estatales, son las que con mayor frecuencia se han venido desacatando: Es muy fuerte la costumbre en nuestro país, de interpretar que el ejecutivo es el primer poder del Estado y, por ende, se ha pensado: “quién es el Poder Judicial para decirle al Ejecutivo qué hacer”.

Se trata de una aberración que, Dios mediante, iremos superando.

Principio de Contradicción: Este principio supone que todos los petitorios que someta una parte del proceso a la consideración del tribunal, debe ser contradicho por la contraparte. Así, en caso de que el demandante solicite, por ejemplo, que se ordene un informativo testimonial, necesariamente el juez que presida deberá conferir la palabra al demandado para que opine al respecto. De no hacerlo, la decisión preparatoria al efecto dictada estaría viciada de nulidad, justamente por desconocimiento del principio de la contradicción.

La dinámica del contradictorio se cubre dando oportunidad para que cada parte opine sobre el punto propuesto. Luego de ahí, entra en la soberana apreciación del juez volver a dar la palabra a cada una para referirse nuevamente sobre el mismo asunto. De tal suerte, que el magistrado que esté dirigiendo el juicio perfectamente tutela el principio que ocupa nuestra atención, dando una sola oportunidad para que cada parte opine sobre el pedimento de que se trate. Evidentemente, atendiendo a las particularidades del caso, el sentido común indicará si es menester o no retornar la palabra para que cada barra replique y contrarreplique, a reserva siempre de otorgar plazos para que sean ampliadas las motivaciones sobre cada asunto: Si quien preside el proceso no tiene prudencia, una de dos: o se quedan puntos sin aclarar por no darse la palabra nueva vez a alguna de las

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

partes para que explique adecuadamente su pedimento, o se torna innecesariamente prolongada la audiencia, producto de alegatos redundantes sobre un mismo punto vicioso; el juez debe ser cauto para evitar uno u otro extremo. Recordemos el emblemático pensamiento aristotélico: “La virtud está en el punto medio”.

En la práctica es notoria la confusión de muchos abogados en torno a quién debe tener la palabra primero en el juicio civil. La tendencia es interpretar, incorrectamente, que –siempre- el demandante habla primero. Pero lo cierto es que la prelación en el turno para el uso de la palabra va a depender de la naturaleza del petitorio que al efecto se esté formulando.

En principio, efectivamente, el demandante debe hablar en primer lugar, ya que éste es el que está lanzando una demanda en contra del demandado, quien en una secuencia lógica procesal, debe tener la última palabra para defenderse de los alegatos desarrollados en la demanda. Sin embargo, no debemos perder de vista que en la tramitación de los procesos, por norma general, se someten pedimentos incidentales, o bien medidas de instrucción. Las máximas de experiencia nos han indicado que en la gran mayoría de los juicios civiles se formulan conclusiones incidentales.

Por tanto, a la hora de estudiar sobre cuál parte (demandante o demandado) debe tener prioridad para hacer uso de la palabra, el juez cauto pondera la naturaleza del pedimento que se esté sometiendo a su escrutinio: siempre un pedimento sobre una excepción debe ir primero que otro relativo a un fin de inadmisión y, a su vez, siempre un petitorio sobre un fin de inadmisión debe ir primero que uno sobre medidas de instrucción.

El quid del asunto es tener clara la filosofía del proceso civil, en lo que tiene que ver con su trámite: primero se conocen las excepciones, luego los fines de inadmisión, después las medidas de instrucción y, finalmente, el fondo.

Así las cosas, en caso de que, por ejemplo, al mismo tiempo solicitan la palabra el demandante y el demandado; el primero peticiona una medida de instrucción y el segundo una excepción de incompetencia. En esta hipótesis, el demandado debe tener prelación en el uso de la palabra: la lógica indica que el juez debe, primero, revisar su competencia antes de iniciar la instrucción del caso, que es justamente lo que pretende el demandante con su medida de instrucción. Igualmente, si en el proceso hubiera una intervención voluntaria, y al mismo tiempo piden la palabra dicha interviniente, el demandante y el demandado. La primera pide la nulidad de la audiencia por falta del correspondiente avenir a todas las partes; el segundo demanda una comunicación de documentos y el último un informativo testimonial, debe dársele la palabra en primer lugar al interviniente voluntario, ya que si la audiencia es nula, procesalmente todo lo demás sucumbe con dicha nulidad: Si la audiencia no es válida, entonces no están las condiciones procesales para, si quiera, postular ante el tribunal.

Por otra parte, suele confundirse también quién debe tener la última palabra durante los debates. Al respecto, preciso es aclarar que quien debe hablar en último lugar es aquel contra quien se esté peticionando algo. Por ejemplo, si el demandado formula alguna

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

conclusión incidental, el demandante debe tener la última palabra, ya que es contra él que se está incidentando. Por tanto, si atendiendo a las particularidades del caso, el juez estima que es necesario dar la palabra más de una vez a las partes para que se refieran sobre un punto en particular, dicho magistrado debe siempre tener en cuenta que a quien le opongan un pedimento debe tener la última palabra: tantas veces se le dé la palabra a quien proponga el petitorio, iguales veces hay que retornarle la palabra a la otra parte para que se defienda.

En ocasiones ocurre que los debates se acaloran y todas las partes quieren tener la última palabra; en esos casos el juez ducho debe seguir la dinámica esbozada ut supra y aclarar a la parte que impropiamente insista en “hablar de último”, que no puede ella tener la última palabra, ya que tantas veces se le deje hablar, deberá permitirse a la otra que replique, en razón de que el contradictorio quedaría incompleto si se dejase a la parte contra quien se formule el petitorio sin contrarreplicar en último lugar: si el demandado pide un fin de inadmisión, el demandante tiene la última palabra; si el demandante solicita la inadmisibilidad de una intervención voluntaria, dicha interviniente tiene la última palabra para opinar sobre la inadmisibilidad; si el interviniente forzoso solicita la prescripción de la demanda, el demandante tiene la última palabra. No resulta relevante en un caso de litis consorcio activo o pasivo, el orden de deponer de las otras partes (aquellas que ni han incidentado, ni contra ellas se ha incidentado); lo procesalmente significativo es que siempre a quien se le oponga algún pedimento hable en último lugar, para que se defienda.

El principio de contradicción tiene una relación estrecha con el Derecho de Defensa y la igualdad de armas, ya que si no se permite a una parte que contradiga lo que en su contra ha dicho la otra, se estaría violentando su derecho de defenderse. Asimismo, si en un proceso se deja a una parte sin opinar, habría desigualdad entre quien sí opina y quien no lo hace.

Principio de moralidad: Se trata de un principio que entraña la probidad de las partes durante los debates; se le vincula con la lealtad procesal. Por ejemplo, sanciona que se empleen chicanas tendentes a generar distorsión de los hechos, o que se introduzca alguna prueba sin la debida notificación a la contraparte, etc.

En otras legislaciones, como la procesal penal, se prevén sanciones para litigantes que falten a este principio, sancionándolos como “litigantes temerarios”.

Modernamente se ha interpretado que se trata de un principio que impacta esencialmente a los letrados que representan a las partes, ya que –como es sabido- por aplicación de la Ley No. 91 que crea el Colegio Dominicano de Abogados, las partes deben comparecer en justicia mediante el ministerio de abogados, salvas excepciones expresamente previstas en la ley. Por tanto, son éstos (los abogados) los que desempeñan un papel activo durante la tramitación de los procesos, no las partes personalmente; ya que estas últimas sólo se apersonan a la sala cuando sea sugerida su presencia bajo la fórmula de una comparecencia personal de las partes; sin menosprecio de aquellas partes que, muy

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

interesadas en la suerte de su caso, acuden al salón de audiencias a ver lo que allí ocurre: pero en este último caso se trata de un rol meramente pasivo.

Principio de Economía Procesal: Es un principio que busca acortar el tiempo para que sea conocido el fondo del caso. No se trata de “salcochar” el proceso, el punto es evitar dilaciones innecesarias. Así, en nombre de la economía procesal no es válido tomar medidas irreflexivamente con el mero propósito de culminar la instrucción de la causa.

Un ejemplo donde no aplica el principio de economía procesal, es el caso en que sea propuesta la nulidad del acto de avenir y, “para ganar tiempo”, se pretenda acumular ese petitorio para decidirse con el fondo: la lógica procesal indica que por la naturaleza de la nulidad propuesta necesariamente debe conocerse el asunto antes de la instrucción de la causa.

Por otro lado, un ejemplo de cuándo sí aplicaría el consabido principio, sería el caso de que se proponga un informativo testimonial, y la otra parte sugiera que su contra informativo sea conocido en la misma audiencia del informativo, así como una comparecencia personal de su representado: para agilizar el proceso, perfectamente pudieran disponerse todas las medidas de instrucción para una misma ocasión.

El Principio de Inmediación Procesal: Este principio consiste en el contacto directo que debe tener el juez con la prueba. Por ejemplo, la audición de un testigo, no es lo mismo leer en el “papel frío” unas declaraciones, que apreciar personalmente la manera de hablar de dicho deponente: cómo gesticula, las expresiones faciales; si se muestra seguro de sí, si mira constantemente a su abogado, etc.

Tradicionalmente, se ha interpretado que este principio no aplica del todo a la materia civil19. Tanto así, que ha sido usanza que no necesariamente el juez que instruye la causa civil o comercial es el que decide el fondo del expediente. Y el razonamiento ha sido que en materia civil “todo está escrito”; por tanto, no tiene importancia que sea el mismo juez que instruye el que falle: el contenido del papel será siempre igual. ¡Nada más lejos de la realidad!

Se olvida con este razonamiento que en materia civil, con más frecuencia de lo imaginado, se presentan situaciones de puro hecho que necesariamente deben ser establecidas mediante la deposición de las partes o de testigos. Y, más aun, que muchos de esos papeles fríos que forman los expedientes civiles entrañan cuestiones de puro hecho que no habría forma de determinar si no es el mismo juez que instruye el que dice finalmente el derecho. Por tanto, cuando un magistrado diferente al que sustancia el proceso resuelve la controversia al fondo, está más propenso a cometer una injusticia por falta de apreciación adecuada de la realidad de los hechos sometidos a la consideración del tribunal.

Principios de Escritura y Oralidad: El principio de escritura indica que los procesos se instrumentan de manera escrita. Y modernamente se ha admitido que dicha escrituración no necesariamente debe llevarse a cabo en soporte de papel, ya que con los avances

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

tecnológicos se permite que algunas piezas sean redactas digitalmente y pudieran tener eficacia en el proceso.

Independientemente del fenómeno imparable de la constitucionalización de los procesos, que supone oralidad, inmediación, etc., siendo realistas, el proceso civil vigente, y aun el instituido en el Anteproyecto del Código Procesal Civil, que mantiene la línea francesa, está concebido de manera esencialmente escrita. Sabemos que el debido proceso debe impactar a todos los subsistemas jurídicos, y que la Resolución No. 1920 dictada por la Suprema Corte de Justicia dispone que los rigores del debido proceso deben ser observados en todas las materias, pero –quiérase o no- mayormente el proceso civil es escrito; de ahí que en un gran porcentaje los casos civiles y comerciales son resueltos en base a la lectura de motivaciones redactadas por escrito por las partes.

Los actos que mayormente se llevan a cabo por escrito en el proceso civil son: 1.- El acto introductivo de la demanda; 2.- La constitución de abogados; 3.- La instancia de solicitud de fijación de audiencia; 4.- El acto de avenir; 5.- Las listas de testigos previamente propuestos, etc.

Por otro lado, esta el principio de la oralidad que es todo lo contrario, éste supone que los trámites sean llevados a cabo verbalmente, sin un soporte de papel o electrónico que lo contenga.

En materia civil, la oralidad cobra su mayor esplendor en materia incidental, sea incidentes propiamente o alguna medida de instrucción. En este ámbito, por lo general, las partes motivan sus petitorios de manera verbal; incluso, en ocasiones el juez decide al respecto sobre la barra, usando como insumo los alegatos que sobre estrados han sido esgrimidos por las partes. Por ejemplo: la proposición de alguna excepción declinatoria, sea por incompetencia, conexidad o litispendencia; la proposición de un fin de inadmisión; la solicitud de un informativo testimonial; de una producción forzosa de documentos, sea respecto de una parte o en manos de un tercero, etc.

Desafortunadamente, vemos en la práctica cómo muchos jueces civiles se resisten a, de una vez por todas, darse cuanta que la constitucionalziación de los procesos aplica también al ámbito civil y comercial y, por tanto, todos los principios del debido proceso –incluyendo la oralidad- deben ser observados también en el proceso civil.

Principio de Publicidad: Este principio supone que los procesos deben ser a puertas abiertas, a fin de que el público en general tenga acceso a ellos. Se dice que es la manera de que el pueblo perciba cómo actúan sus jueces: el juez de los jueces –se ha dicho- es el pueblo.

La norma general, conforme a la Ley No. 821 sobre Organización Judicial, es que los juicios sean orales, públicos y contradictorios. Pero excepcionalmente hay casos que, por su naturaleza, deben ser tramitados a puertas cerradas, como el divorcio por incompatibilidad de caracteres, por ejemplo.

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

Por otro lado, la ley faculta a los jueces del fondo a limitar la publicidad cuando, atendiendo a la casuística, sea conveniente para el exitoso conocimiento del juicio; pero para ello necesariamente debería desarrollar las motivaciones pertinentes.

Si bien la finalidad de la publicidad es transparentar la administración de justicia, los cierto es que en ocasiones “el amarillismo” muchas veces surte el efecto contrario; y es el caso específicamente de los medios de comunicación cuando no ejercen sus funciones de manera adecuada, entablando “juicios paralelos” en los medios de comunicación. En estos casos, esa “publicidad” morboso produce presiones innecesarias que distorsionan el ideal de justicia a que todos aspiramos.

Cada juez debe ser cauto en la administración de este principio, a fin de lograr el efecto positivo de él, impidiendo que tergiverse su esencia, provocando laceraciones a la correcta administración de justicia.

Finalmente, resulta de interés destacar que el principio de publicidad se cubre satisfactoriamente cuando se crean las condiciones de accesibilidad al juicio. Así, poco importa que en el salón de audiencia hayan o no personas ordinarias o periodistas en el momento de instrumentarse el caso; con que las puertas estén abiertas, o disponibles para ser abiertas por cualquier persona en todo momento, es más que suficiente.

Principio de Adquisición Procesal o de comunidad de pruebas: Este principio establece que las pruebas son del proceso, por lo que cualquiera de las partes puede valerse de ellas, esto es, que tan pronto sea debidamente acreditada una prueba, ya ésta pasa a ser del proceso, no de la parte que la ha ofrecido inicialmente.

Así las cosas, en caso de que una parte aporte un contrato, la contraparte puede perfectamente elaborar argumentaciones a favor de sus intereses en base a esa prueba escrita. Igual, si un testigo ha sido admitido, la contraparte que le ha contra interrogado puede válidamente incluir en sus medios de defensa todas las contradicciones que pudo derivar de dicho testimonio mediante su contra interrogatorio20.

Principio de Preclusión: Este principio consiste en que cada petitorio tiene su momento procesal idóneo para ser sometido; y cuando no se hace así, se cierra la posibilidad de promoverlo. En ese caso, se dice que ha precluido el momento procesal para someter a la consideración del tribunal tal o cual planteamiento.

Este principio tiene mayor vigencia en los procesos por audiencias como aquel que instituye, por ejemplo, el Anteproyecto del Código Procesal Civil; no así en los procesos lineales como el que actualmente prevé nuestro Código de Procedimiento Civil, el cual cuenta con un solo “corte” que pudiera decirse divide el proceso: antes y después de someter fines de inadmisión o conclusiones al fondo. Así, se habla de que el proceso se encuentre en su etapa In limine litis, cuando aún no se han formulado fines de inadmisión, ni se ha concluido al fondo; y las excepciones deben ser, todas, propuestas In limine litis, según dispone el artículo 2 de la Ley No. 834. Si no se promueven excepciones en ese interín, se dice que preluyó el momento procesal para ello.

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

Otro caso que pudiera presentarse es cuando una ley disponga alguna fase extrajudicial previa, como la de seguros, de buró de crédito, de agentes importadores, etc.; y una parte pretenda que el proceso se retrotraiga para aquella etapa fuera de sede judicial, sobre la base de que, por ejemplo, son varios codemandados y no todos acudieron ante aquel tramo procesal. A todas luces, ya en el juicio, resulta que ha precluido el momento para realizar tal petitorio.

Principio de Congruencia: Este principio implica la correspondencia entre lo que solicitan las partes al tribunal y lo que finalmente se decide. Así, en caso de que las partes peticionen tres cosas, el tribunal debe referirse a esas tres cosas. Si solamente se pronuncia sobre una, su decisión estaría afectada por ser Infra Petita; si resuelve más allá de lo que se le ha pedido, sería Ultra Petita, y si estatuye sobre algo que no se ha solicitado, sería Extra Petita.

Es recomendable, en aras de observar este principio, que las partes se cercioren de que sus pedimentos sean comprendidos por el juez que presida. Incluso, el juez -motus proprio- debe inquirir a las partes para que expliquen claramente lo que sea que estén peticionando; ya que ocurre que en ocasiones, por no comprender exactamente de lo que se trata el planteamiento, no se rinde una sentencia útil, que sea congruente que lo que se ha solicitado. Por ejemplo, que se solicite una inspección a cargo de la Súperintendencia de Bancos, de una cuenta determinada, respecto de un lapso preciso, y que efectivamente se ordene, pero por un tiempo que no sea el deseado; o se disponga a cargo de otra institución que no fue la requerida propiamente.

Principio de Concentración: Trata de lograr el mayor número de diligencias mediante la menor cantidad de providencias. Se le ha considerado como “primo hermano” del principio de economía procesal.

Desde la óptica del tribunal, trata de lograr el mayor número de medidas en la menor cantidad de decisiones y, desde la perspectiva de las partes, versa sobre conseguir el mayor número de trámites procesales, en la menor cantidad de actos instrumentados.

Un ejemplo de la concentración judicial, sería una sentencia que disponga -al mismo tiempo- una comunicación de documentos, una comparecencia personal de las partes, un informativo testimonial y un contra informativo.

Por otro lado, una manifestación del principio de concentración desde la realidad de los abogados litigantes, sería el acto mediante el cual, en materia de embargo retentivo, se emplaza, se denuncia, se contradenuncia, etc. O el supuesto de una demanda en cobro de dineros, en que se intima al pago y se emplaza mediante el mismo acto de emplazamiento: para que tengan eficacia estos actos concentrados, necesariamente deben respetarse todos los plazos que estén incursos en ellos.

Principio de la Razonabilidad (incluidos por algunos dentro de los principios constitucionales generales): Este principio nace del espíritu del artículo 40.15 de la

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

Constitución proclamada el 26 de enero de 2010, que a su vez se encontraba en el artículo 8.5 de la Constitución anterior. Emerge del carácter justo y útil de ley. Así, la normativa sólo debe disponer para lo que sea de utilidad, esto es, lo que sea razonable21.

Se trata de un principio cardinal para una concepción constitucionalizada de la norma. En suma, se ha dicho que consiste en llevar a cabo el ejercicio de interpretación del ordenamiento jurídico, haciendo acopio de las particularidades del caso, enlazadas con las características de la realidad histórica en que se esté llevando a cabo la administración de justicia. Así, por ejemplo, no resulta razonable al día de hoy promover exitosamente una exclusión de un testigo de suma utilidad para la causa, sobre la única base de que el objeto de la demanda supera los RD$30.00 que indica actualmente la norma procesal civil para admitir testigos; o entender que no es posible declinar un caso de una sala a otra, dentro de una misma cámara, porque la Ley No. 834 exige para que se verifique una conexidad o una litispendencia, que se trate de jurisdicciones diferentes, etc.

“La justicia a espaldas del principio de la razonabilidad es un azote”

3.1.5 Aplicación práctica de los principios rectores del proceso civil

A diferencia de lo que a simple vista pudiera creerse, el dominio pleno de los principios rectores del proceso civil coadyuva para una ágil tramitación de cada procedimiento en concreto, tanto en lo que tiene que ver con los abogados litigantes, como con los jueces; los primeros para que, en aplicación del principio dispositivo, peticionen medidas tendentes a agilizar los trámites y, los segundos, para administrar una justicia pronta y evitar dilaciones innecesarias que pudieran desencadenar en una denegación de justicia.

Es imposible que la ley adjetiva prevea todo, justamente una de las utilidades primordiales de los principios es que ayudan a resolver ambigüedades y puntos oscuros de la normativa positivizada.

Por ejemplo, en el estado actual de nuestro derecho, para que aplique la litispendencia y la conexidad debe tratarse de asuntos ventilados en tribunales distintos; pero ocurre que a partir del año 2000, por efecto de la Ley No. 50-00, en las jurisdicciones divididas en salas, ha sido juzgado que no aplican las referidas excepciones declinatorias. Por tanto, se ha impuesto que el ingenio de los litigantes elabore la solución procesal de peticionar la declinatoria, sólo que absteniéndose de nominarla como litispendencia o conexidad.22

Una interpretación positivista a ultranza, sin ver más allá de la letra de la ley, aunque parezca risible, no concibe una solución procesal al escenario descrito precedentemente. En la vida real hemos sido testigos de excepción en procesos donde algún letrado expresamente ha manifestado: “Magistrado, sabemos que aquí hay una litispendencia o conexidad, pero como es la misma cámara, no solicitaremos la declinatoria, porque la ley exige para esos fines que los expedientes estén en jurisdicciones diferentes…”.

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

En definitiva, es un “mito” que hay que desmontar, la idea de que los principios rectores del proceso civil constituyen letra muerta; que se trata de un tema ambiguo y aéreo; todo lo contrario, la casuística ante los tribunales de la República ha revelado que este es un aspecto trascendental para todo procesalista y sí, sí resulta de sumo interés práctico el conocimiento y correcta aplicación de los principios.

3.1.6 Casuística ilustrativa del carácter pragmático de los principios rectores del proceso civil

Una casuística recurrente en los tribunales, donde los principios juegan un papel preponderante, es el pedimento de nulidad de un acto de avenir, sobre la base de que alegadamente dicha pieza adolece de alguna irregularidad en el nombre del abogado del demandante; o bien que indica la sala que no corresponde (en casos en que la cámara está dividida en salas); que no especifica el piso del edificio del palacio donde se encuentra el tribunal, etc. Al respecto, preciso es recordar que si bien, conforme a la legislación vigente, la sola comparecencia de la parte ante el tribunal no subsana un vicio determinado; sin embargo, en buen derecho, para que proceda una nulidad relativa, necesariamente debe probarse un agravio. Así, a la luz de los alegatos propuestos, debería demostrarse qué agravio ha ocasionado el hecho de que el consabido acto recordatorio, por ejemplo, indique la sala “tercera” y realmente se está en la “cuarta”, cuando en definitiva el abogado se encuentra presente.

Por lo general se recurre al derecho de defensa para justificar la nulidad, pero la sola afirmación de que “dice una sala que no es la correcta” no funda la procedencia de una nulidad, definitivamente: La usanza es que no se prueba correctamente un agravio, sino que la chicana se limita a insistir en el error material de que se trate, sin mayores profundizaciones sobre una real violación a algún derecho, que por norma general sería el de defensa. En nuestra experiencia personal, siempre que un pedimento va dirigido en este sentido (sobre algún error eminentemente material) la parte que promueve la nulidad no logra justificar una real violación a algún derecho; por tanto, el principio de saneamiento ha surtido sus efectos sin mayores complicaciones en casuísticas como esta.

En el Distrito Nacional se resuelven estos pedimentos revestidos de una naturaleza eminentemente chicana, echando mano al principio de saneamiento del proceso civil, conforme al cual –en suma- debe expurgarse todo inconveniente que impida el fiel desenvolvimiento de la instancia, dejando la sanción de nulidad como ultima ratio, cuando el vicio sea irremediablemente grave.

Se presenta también con considerable frecuencia el caso en que se solicita al tribunal, al mismo tiempo, una prórroga a alguna comunicación de documentos; una comparecencia personal de las partes, un informativo testimonial, un peritaje y una inspección de lugares. En este supuesto, si las medidas resultan a todas luces pertinentes, aunque expresamente no lo indique la ley, en acopio y aplicación de los principios de concentración y de economía procesal, pudieran disponerse al mismo tiempo todas las medidas mediante una sola decisión preparatoria.

 

Magistrado Yoaldo Hernández Perera

 

Ahora bien, no resulta ocioso aclarar que en casos donde no esté clara la procedencia de alguna medida de instrucción, independientemente de que los citados principios de concentración y de economía procesal permiten que se ordenen juntas, empero, por aplicación del principio de pertinencia de la prueba, tal vez sería más factible agotar primero una comunicación de documentos, y luego de saber qué documentaciones formarán definitivamente el expediente, entonces proceder a disponer tal o cual medida.

Por ejemplo, el caso en que se peticione al mismo tiempo una prórroga de comunicación de documentos y un peritaje, pero una de las partes alega que tiene a mano varias experticias sobre el punto que se ha solicitado el peritaje; o bien el supuesto en que se pretenda la comparecencia personal de las partes en un caso que verse sobre puros actos jurídicos, donde esencialmente prima la prueba escrita; esto así, suponiendo que se propone en la primera audiencia, estando el expediente aún vacío. En fin, durante la tramitación de la causa, la administración de la prueba a cargo del juez que presida, es determinante para la eficacia de la actividad probatoria a cargo de las partes.

Por otro lado, cuando se conocen recursos de apelación contra sentencias dictadas por los juzgados de paz, en el tribunal de derecho común se suele pedir el rechazo de medidas de instrucción (básicamente comparecencia de partes e informativos testimoniales) sobre la base de que fueron depositadas en el expediente las actas de audiencia instrumentadas en primera grado, las cuales recogen las declaraciones pretendidas; petitorio que no resiste una lectura constitucional, al tenor de los principios de inmediación del juez con la prueba y del efecto devolutivo propio del recurso de apelación.

3.1.7 Conclusión del autor

Conscientes de que la ley sirve de insumo elemental para administrar justicia, no debe nunca perderse de vista que el legislador no es capaz, ni es tampoco su tarea, prever todas las casuísticas posibles. Por tanto, siempre debe formar parte del acervo de todo letrado, el conocimiento de los principios constitucionales y principios del proceso civil genéricos (orgánicos o directivos) propios de cada proceso (civil, penal, laboral, etc.), a fin de encontrar la solución procesal de situaciones que no estén expresamente contempladas en los diferentes instrumentos normativos.

El artículo 4 del Código Civil manda a los jueces a decir el derecho aun en caso de oscuridad o ambigüedad legal, bajo pena de incurrir en denegación de justicia. Así, constituye un mandato legal el resolver cada caso que sea sometido al escrutinio de un tribunal de la República; y para ello –definitivamente- los principios resultan esenciales. Y en casos donde se verifique alguna antimomia entre dos o más principios, pues entonces acudir al mecanismo de la ponderación23, conforme al cual, en suma, procede sopesar cada principio envuelto en la controversia, a fin de decidir cuál debe prevalecer en cada caso concreto.

Estudio crítico del proceso civil (Ensayo)

3.2 PROCESO CIVIL, A LA LUZ DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO CIVIL

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SUMARIO

El Código de Procedimiento Civil instituye a partir de su artículo 59 un proceso lineal, esto es, que no está dividido en etapas específicas para incidentes, medidas de instrucción, etc., sino que toda pretensión ha de promoverse ante el tribunal, de manera oral, pública y contradictoria, una vez se aperture la instancia, y durante toda la sustanciación de la causa. El único “corte” que tiene este proceso es la etapa In limine litis, en la que deben proponerse las excepciones; y es que tan pronto se propongan fines de inadmisión o conclusiones al fondo, precluye el momento procesal para las excepciones; salvo que se trate de una excepción de nulidad de fondo, y se justifique alguna imposibilidad material de proponerse en el referido momento ideal (caso excepcional).

 

Para principiar el proceso, el demandante emplaza en la octava franca al demandado mediante acto de alguacil instrumentado a la luz del artículo 61 del indicado código. Vencido el referido plazo franco, la parte más interesada (usualmente el demandante) solicita la fijación de audiencia ante el tribunal competente, el cual procede a fijar un día para celebrar la audiencia. Una vez fijada la audiencia, la parte que la ha promovido está llamada a notificar dicha fecha a la contraparte, mediante el correscpondiente acto recordatorio o avenir, a fin de que esté presente ese día y produzca sus conclusiones.

                 

La usanza es que en la primera audiencia el expediente está vacío y las partes (incluyendo al propio demandante) solicitan una medida de comunicación de documentos para depositar la documentación de lugar. Una vez completa la glosa procesal, las partes producen conclusiones: sea incidentalmente (excepciones, inadmisiones o medidas de instrucción) o al fondo (lo que pretende cada cual en relación a la parte petitoria de la demanda: que se acoja o que se rechace).

 

Se estila que los tribunales, salvo que se trate de algo elemental, o que por su naturaleza sea factible decidirlo en el momento[1], acumulan las cuestiones incidentales para decidirlas conjuntamente con el fondo, pero por dispositivos distintos. Este mecanismo ha surgido como una manera de evitar que los procesos sufran dilaciones innecesarias, mediante apelaciones contra sentencias incidentales y el consecuente pedimento de sobreseimiento, hasta tanto se resuelva la apelación en la alzada. Esto así, atendiendo a que muchas veces las apelaciones se incoaban con el exclusivo propósito de retardar el fondo de la causa. Además de que, en franca deslealtad procesal, se utilizaba mucho la estrategia de apelar sentencias preparatorias, que en buen derecho no son apelables más que conjuntamente con el fondo; y como consecuencia de dicho recurso inapropiado, de igual manera se peticionaba el sobreseimiento de la causa. 

 

Una vez resueltos o acumulados los incidentes, e instrumentadas las medidas de instrucción, en caso de haber sido dispuestas -a petición de partes o de oficio- el tribunal concede plazos discrecionales, a fin de que las partes aporten escritos justificativos de conclusiones, quedando el expediente en estado. El proceso estará en condiciones de ser fallado al momento de vencer los referidos plazos para ampliar motivaciones: cuando todo eso se cumpla, entonces se dice que el proceso está en estado y en condiciones de ser fallado.

 

En suma, el proceso previsto en el CPC comprende los siguientes pasos: 1.- Emplazamiento, a cargo del demandante; 2.- Constitución de abogado, por parte del demandado; 3.- Solicitud de fijación de audiencia, por la parte más diligente (normalmente el demandante); 4.- Fijación de audiencia por parte del tribunal; 5.- Notificación a la contraparte de la fecha de audiencia asignada por el tribunal; 6.- Producción de conclusiones de las partes, en audiencia (incidentales, de fondo o ambas); 7.- Fallo del tribunal, dentro de los noventa días que prevé la Ley de Organización Judicial.

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3.2.1 Emplazamiento al demandado

 

El proceso civil instituido en el Código de Procedimiento Civil, a partir específicamente del artículo 59[2], principia con el emplazamiento que hace el demandante al demandado, a fin de notificarle la demanda que al efecto se ha entablado; al tiempo de conminarlo para que en la octava franca constituya abogado.

 

Antes del vencimiento del referido plazo franco, el demandante no puede perseguir audiencia, ya que se trata del plazo mínimo[3] para que la parte demandada tenga oportunidad de conseguir el abogado de su elección.

 

La consecuencia procesal de que se persiga audiencia antes de la octava franca es la nulidad de la audiencia, por violación al derecho de defensa del demandado. Sin embargo, muchas veces el remedio procesal que se peticiona a los tribunales en este caso, es la declaratoria de “mal perseguida la audiencia”[4], lo cual –en definitiva- produce el mismo efecto: la invalidez de la audiencia. Pero en derecho puro, la solución procesal debe ser la nulidad, ya que conforme al estado actual de nuestro derecho, la sanción aplicable a una violación de algún derecho es la nulidad.

 

Ahora bien, debe aclararse que el plazo de la octava franca si bien, en principio, es el mínimo que debe esperar el demandante, antes de proceder a perseguir audiencia; sin embargo, en caso de que la contraparte constituya abogado antes, aun sea al otro día de recibir el acto de emplazamiento, perfectamente la parte más interesada pudiera perseguir audiencia. Evidentemente, en caso de haber varios demandados, debe aguardarse hasta que todos constituyan abogados: si son tres codemandados y sólo uno constituye al tercer día, por ejemplo, no podría el demandante perseguir audiencia a partir de ese tercer día; debe esperar que se venza la octava para válidamente perseguir audiencia, sino sería nula la misma, por violación al derecho de defensa de los dos restantes codemandados incomparecientes.

 

Es importante destacar que el tiempo máximo que puede durar el demandante desde que emplaza al demandado para perseguir audiencia, son tres años; pues ese es el lapso legal para la perención. Sin embargo, no debe perderse de vista que la perención no opera de pleno derecho; por tanto, debería ser pedida por la única parte con interés legal para ello, que es el demandado: perfectamente, un emplazamiento pudiera tener vigencia, si no se reclama la perención, hasta el momento preciso de cumplirse la prescripción veinteñal, que ataca al derecho de acción. A diferencia de la perención, que afecta únicamente a la instancia.

 

Sobre la perención, nos resulta interesante comentar que el Anteproyecto del Código Procesal Civil se aparta sobre este punto de la escuela francesa, positivista por naturaleza, y hace acopio de una tendencia constitucionalista del derecho. Así, el derecho francés admite casos restringidos para la interrupción de la perención; lo que deriva la secuela de que el asunto se estudie en función de “papelitos fríos”, mediante el empleo de un simple cálculo aritmético, observando la fecha del lanzamiento de la demanda y del último acto procesal; o bien comparando el intervalo transcurrido entre un acto del proceso instrumentado después del emplazamiento y otro posterior; si se verifica exegéticamente que han mediado tres años, pues ipso facto, debe declarase la perención de la instancia.

 

Por otro lado, el Anteproyecto aboga porque para la perención no emplee un mecanismo tan frío, en base a puros papeles, sino que debe cada juez adentrase a la casuística de cada caso, a fin de determinar si, en caso de invocarse, efectivamente, ha mediado en el caso alguna situación de puro hecho que constituya un obstáculo de fuerza mayor que haya impedido al accionante instrumentar algún acto del procedimiento ante el tribunal apoderado; lo cual, por tratarse de un hecho jurídico, pudiera ser acreditado por cualquier medio, visto: “Artículo 112, párrafo III, del ACPC: “No operará la perención cuando la paralización del proceso se deba a una causa de fuerza mayor que los litigantes no hayan podido superar con los medios procesales a su alcance” [Sic].

 

Sobre esta nueva concepción relativa a las causas de interrupción de la perención, por ser hoy día el derecho comparado una fuente de indiscutible valía en nuestro reciente derecho constitucionalizado, en la actualidad ya existe el precedente, a nivel de tribunales inferiores, en el sentido de ordenar la comparecencia personal de las partes e informativos testimoniales, para acreditar el hecho jurídico que constituye la circunstancia de fuerza mayor invocada al efecto, que ha impedido que dentro del plazo de tres años[5] el demandante dé curso a su demanda.

 

En otro orden de ideas, se ve en la cotidianidad que algunos abogados proceden a llevar a cabo varios trámites mediante un solo acto, lo cual es una manifestación del principio de concentración del proceso civil[6]. Por ejemplo, mediante el mismo acto de alguacil se intima al demandado a pagar la deuda en al menos un día franco y se emplaza para que dentro de la octava franca constituya abogado, a fin de comparecer legalmente a la audiencia a fijar para tales efectos.

 

Esta práctica será válida siempre y cuando se respeten todos los plazos previstos para cada requerimiento. Así, si se intima a pagar dentro de un día franco, y luego se invita a comparecer en la octava, la solicitud de audiencia necesariamente deberá llevarse a cabo tomando en cuenta ambos plazos; si se fija audiencia antes de que venza cada uno sucesivamente, operaría un fin de inadmisión que invalidaría al demandante para ejercitar su derecho de acción, por el plazo prefijado instituido en el artículo 44 de la Ley No. 834 del 15 de julio de 1978: en el ejemplo propuesto deberían mediar, en principio, mínimo 13 días antes de la solicitud de fijación de audiencia, ya que ese número es el resultado de la sumatoria de un día franco (que en principio se traduce en 3) y de la octava franca (que se convierte en 10, salvas las excepciones legales para cuando termina en día feriado, etc.).

 

A propósito de la práctica indicada precedentemente, resulta de interés comentar que lo determinante para establecer si se han respetado los plazos procesales en cada caso concreto, para válidamente celebrarse la audiencia, es el momento de la solicitud de fijación de audiencia, no la fecha en que finalmente el tribunal fije la misma. Aclaramos esto, porque aparecen en los tribunales abogados que pretenden persuadir, en el sentido de que independientemente de que la audiencia se haya solicitado tres días después del emplazamiento, si finalmente ésta se fija para dentro de tres meses, todo se subsanaría y la audiencia “debería pasar”. Al respecto, preciso es aclarar que taxativamente el artículo 77 del Código de Procedimiento Civil, establece: “Después de vencidos los plazos del emplazamiento, cualquiera de las partes podrá promover la audiencia”. Por tanto, es evidente que en buen derecho, deben las partes aguardar hasta que se venza el plazo de la octava franca, para entonces promover válidamente (mediante instancia dirigida al tribunal) la audiencia de rigor. Esto así, sin menosprecio de la excepción admitida en la práctica, referida precedentemente, de que si se verifica una constitución de abogado antes, perfectamente se pudiera perseguir audiencia a partir de dicha constitución, lógico.

 

Una estrategia que emplean algunos abogados de la parte demandante para evitar que se prolongue innecesariamente el proceso, es comunicar conjuntamente con el emplazamiento las pruebas que pretenden hacer valer en el juicio; parecido a la realidad procesal en materia laboral. Con este mecanismo se crean las condiciones para peticionar al juez en la primera audiencia, que se rechace la acostumbrada comunicación de documentos, bajo la prédica de que ya han sido comunicados los mismos. Y en caso de no ser acogido tal ingenioso y sustentable petitorio, se recurre, como plan subsidiario, a solicitar que en caso de otorgarse la comunicación de documentos (como es costumbre) que sea la única. Muchas veces da resultado dicha estrategia, pues –en honor a la verdad- se trata de un mecanismo serio y eficiente.

 

En las cortes de apelación suele dar mayor resultado la referida oposición a la acostumbrada comunicación de documentos en la primera audiencia, para el demandante ganar tiempo en la tramitación de su demanda, ya que como es sabido, en dicha jurisdicción de segundo grado la comunicación de documentos es opcional.

 

Por otro lado, una táctica que suelen usar los abogados representantes de la parte demandada es, cuando les interesa que se conozca rápido la demanda lanzada en su contra[7], perseguir ellos audiencia tan pronto reciben el acto de emplazamiento; al tiempo de notificar mediante el mismo acto de constitución de abogados, las piezas que aportarán para fundar sus medios de defensa. Así, en caso del demandante pretender solicitar en la primera audiencia, la habitual comunicación de documentos, tener un argumento válido para oponerse: que ya las piezas han sido comunicadas. Lo cual fuerza al proponente de la medida a probar la seriedad de su pedimento.

 

Asimismo, los abogados de la parte demandada, muchas veces para ganar tiempo, peticionan la nulidad del acto, o bien el aplazamiento de la audiencia, a fin de que el abogado representante de la parte demandante indique expresamente la dirección de su cliente en el acto introductivo de demanda; esto así, bajo la prédica de que en caso de no constar dicha dirección de manera expresa, no sería posible notificar válidamente el emplazamiento para la apelación; ya que no necesariamente el abogado de primera instancia será el mismo en la alzada, y la ley expresa que ese acto contentivo del recurso es a persona que debe hacerse.

 

Dicho petitorio carece de sostenibilidad jurídica, ya que, en palabras de la Suprema Corte de Justicia: “si bien es cierto que el acto de apelación, de conformidad con el artículo 456 del Código de Procedimiento Civil, debe, a pena de nulidad, ser notificado a la propia persona del recurrido o en su domicilio, no menos cierto es que dicha notificación también es válida si se hace en el domicilio de elección que figura en el acto de notificación de la sentencia de primer grado, máxime si el notificante elige dicho domicilio para todas las consecuencias legales de ese acto de notificación de sentencia…”[8]

 

Sobre el acto de emplazamiento, muchas veces ocurre que los ministeriales no notifican dicho acto en la dirección que indica el cuerpo del mismo, y lo que hacen es que en una nota al final aclaran que el referido documento se notificó realmente en otra dirección.

 

Lo propio en estos casos sería que el alguacil actuante indique en la línea en blanco dejada para completar con las generales de quien haya recibido el acto, una “nota” que refiera “ver al final”. Y, en efecto, entonces al final del acto que aclare que no notificó éste en el lugar que se menciona en el cuerpo de la escritura, sino en aquel indicado al final (generalmente lo hacen mediante anotaciones manuscritas, pero con el sello que da constancia de fe pública).

 

Con este último mecanismo para dar cuenta de que el acto de emplazamiento realmente se notificó en otro lugar, se evitan confusiones, en el sentido de que en la primera parte se diga que hubo un traslado, por ejemplo, a la Calle Moisés García y se habló con “fulano de tal”, pero antagónicamente al final del mismo acto haya una nota diciendo que realmente se notificó en la Josefa Brea, en el Luperón, y allí fue que realmente habló con “fulano de tal”. Contradicción esta que pudiera implicar la nulidad del emplazamiento, aun de oficio, por parte del juez que presida el proceso; esto así, en caso de ser en defecto que se conozca el asunto, pues si ambos están presentes, se ha admitido que habría que probar un agravio.

 

No resulta ocioso aclarar que todas las menciones que indica el artículo 61 del Código de Procedimiento Civil son de forma[9]. Por tanto, la inobservancia de alguna de ellas genera una nulidad de forma, no de fondo como generalmente suele, equívocamente, interpretarse.

 

En ese sentido, en vista de que la inobservancia de alguna indicación prevista en el citado artículo 61 produce una nulidad de forma, procesalmente para invocarla debe probarse un agravio: Si se denuncia que no se indicó en el acto el nombre completo del ministerial, o del tribunal, etc., debe probarse al tribunal qué agravio ha producido dicha omisión, en términos de violación del derecho de defensa o bien cualquier otra prerrogativa procesal.

 

Una deficiencia que recurrentemente afecta los actos de alguacil es que, en casos de notificaciones a domicilio desconocido, de conformidad con el artículo 69.7 del Código de Procedimiento Civil, el ministerial no indica que real y efectivamente se ha trasladado ante el procurador fiscal, como manda la ley[10]; sino que se limita a mencionar que notificó a domicilio desconocido por no haber encontrado el domicilio del demandado. Evidentemente, en estos casos el acto debe ser anulado; máxime cuando se trata, como es lo usual, de un defecto: Los jueces del fondo deben ser muy cautos al momento de pronunciar un defecto; deben constatar que la parte incompareciente haya sido convocada debidamente para la audiencia, a fin de ejercer una tutela judicial efectiva, al tenor del artículo 69 de la Constitución proclamada el 26 de enero de 2010.

 

Por otro lado, algunas oficinas de abogados, para “curarse en salud”, registran[11] todos los actos que instrumenten en un proceso[12]; pero lo cierto es que para fines de emplazar a una parte para que constituya abogado y comparezca al proceso, no es menester llevar a cabo dicho registro. Así, la mayoría de los tribunales de la República dan como bueno y válido el acto de emplazamiento que no está registrado; postura con la cual comulgamos, ya que se trata de un acto que tiene esencialmente efectos inter partes, en razón de que incumbe esencialmente al requirente y al requerido: Cuando se emplaza no se pretende oponer el emplazamiento a terceras personas, lo que debe revisar el tribunal es que el acto haya efectivamente llegado a su destinatario, siendo los terceros ajenos a dicha revisión.

 

Sobre el registro de los emplazamientos ha sido juzgado que “… independientemente de que la omisión del registro de los actos procesales no está sancionada por la ley con su nulidad, dicha eventualidad sólo acarrea el pago de una sanción pecuniaria a cargo del alguacil actuante, que no incide en la validez procesal del mismo entre las partes envueltas en el acto de que se trate, salvo desde luego, la oponibilidad de su contenido frente a terceros por carecer de fecha cierta…[13]

 

La Suprema Corte de Justicia ha juzgado que la conjunción indefinida de “Y/O” para notificar no es válida, ya que dicha indeterminación impide que se sepa realmente a quién es que se está emplazando[14]. En caso de estar las partes presentes en el tribunal, habría que probar un agravio, pero cuando se trata de un proceso en defecto, mayoritariamente los tribunales, en acopio de una tutela judicial efectiva, disponen la rectificación del acto o, en el peor de los casos, la nulidad de éste.

 

Igualmente, ha sido admitido que cuando se trata de una pareja matrimoniada, un solo traslado a la vivienda conyugal es suficiente para llevar a cabo satisfactoriamente la notificación.

 

En el caso de las entidades comerciales, la Ley No. 259, artículo 3, derogatoria de la denominada ley Alfonseca-Salazar[15], permite que sean notificadas tanto en la cede principal como en cualquier sucursal instalada en una localidad distinta.

 

Por otro lado, en lo relativo al emplazamiento, en materia de liquidación de astreinte, se suele peticionar al tribunal la nulidad de la demanda, o simplemente de la audiencia, sobre la base de que para fines de esa instancia sobre liquidación, no se instrumentó un emplazamiento con constitución para constituir abogado como manda el proceso civil. Al respecto, preciso es aclarar que en el estado actual de nuestro derecho, “… con la solicitud de liquidación de la astreinte no se inicia una nueva instancia, pues no se trata de un proceso distinto o diferente, sino que la misma es la continuación de la instancia en el curso de la cual ella es pronunciada y que constituye su desarrollo y continuación…”[16]. Con lo cual, el planteamiento que ocupa nuestra atención carece de méritos y, por tanto, debe ser rechazado: un simple acto de recordatorio o avenir sería suficiente para que sea válida la audiencia; y en caso de no presentarse el abogado constituido en la instancia, el defecto sería por falta de concluir. Si nunca operó constitución de abogados, la audiencia para liquidar astreinte, ha sido admitido, pudiera fijarla la parte interesada sin necesidad de redactar citatorio alguno.

 

En ese orden, se ha presentado la situación en que un demandante en validez pretende lanzar dicha demanda ante el tribunal del domicilio del tercero embargado, bajo la prédica de que conjuntamente con su demanda en validez ha demandado, al mismo tiempo, el cobro y, por tanto, en aplicación del artículo 59 del Código de Procedimiento Civil, es su facultad elegir dentro los domicilios de los codemandados para dirigir su acción.

 

Este pedimento no es sostenible jurídicamente, ya que en el esquema actual de nuestro ordenamiento procesal civil, el tercero embargado no es deudor del embargante, sino del deudor embargado[17]. Por lo que los preceptos del citado Artículo 59 no aplican, ya que dicho texto se refiere es a una pluralidad de deudores del acreedor, que no es el caso.

 

Además, en el caso concreto, se había demandado el cobro conjuntamente con la validez del embargo retentivo, por lo que es evidente que la decisión que habría de intervenir deberá corresponderse con una decisión de validez y, por ende, los parámetros para la competencia, sin dudas, están centrados en el artículo 567 del Código de Procedimiento Civil, que sostiene que es ante el tribunal del domicilio de la parte ejecutada que debe perseguirse la validez: la doctrina ha razonado en el sentido de que la competencia establecida en el artículo 567 del Código de Procedimiento Civil, no es sino una consecuencia del principio general establecido por el artículo 59, ya que el deudor embargado será siempre la parte demandada (GERMÁN MEJÍA, Mariano. Vías de Ejecución, Tomo II, p. 333).

 

        1. Emplazamento a breve rérmino

           

                   Ya hemos comentado que el plazo de ley para los emplazamientos es el de la octava franca, pero es de interés precisar que, de manera excepcional, la ley faculta al tribunal a autorizar el emplazamiento a breve término (Art. 72 C.P.C.).

                      Para que proceda esta autorización necesariamente debe probarse al tribunal al urgencia que justifique la misma. Por ejemplo, que el demandado está de paso por el país y se teme que se marche pronto; que el objeto de la demanda lo constituyan bienes perecederos, etc.

           

                         Es materia de controversia la cuestión de saber si cuando el tribunal autoriza el amplazamiento a breve término debe proceder, ipso facto, a fijar la audiencia. Hay quienes sostienen que el hecho de autorizar que se emplace antes de la octava franca no implica que sea fijada la audiencia: si se autoriza, pues que se proceda a emplezar a un día franco, por ejemplo. Por otro lado, partiendo de la finalidad del emplazamiento abreviado, que es justamente ganar tiempo, se ha interpretado que una vez sea autorizado dicho emplazamiento excepcional, el tribunal, para eficacia de su decisión, debe fijar mediante la misma decisión graciosa que autoriza la medida, el día en que deberá celebrarse la audiencia.

           

                     Particularmente, comulgamos con la segunda postura que, dicho sea de paso, es la más socorrida ante los tribunales civiles y comerciales de la República; y es que el fijar al instante la fecha de la audiencia nos parece afín con los principios de celeridad, economía procesal, eficacia de la decisión, etc. 

           

                    3.2.1.2 Constitución de abogado y notificación de acto recordatorio (Avenir)

           

          El demandado cuenta con el plazo de la octava franca para notificar al demandante su constitución de abogado. Procesalmente se considera que tan pronto el demandado lleve a cabo tal notificación, ha comparecido: en esta matria se comparece mediante el ministerio de abogados; esto así, en virtud de la Ley No. 91 que crea el Colegio de Abogados de la República Dominicana.

           

          La parte que persiga audiencia, que necesariamente deberá ser cuando venza la octava franca, o  bien desde que se produzca la constitución de abogados de la (s) parte (s) demandada (s), está en la obligación de notificar a las partes instanciadas la fecha de la audiencia que previamente ha designado el tribunal; trámite procesal que se materializa mediante el correspondiente acto recordatorio o avenir.

           

          El avenir está reglado por la Ley No. 362 del 16 de septiembre de 1932, de apenas un artículo. Básicamente, se trata de una notificación a la contraparte de la fecha de la audiencia que al efecto ha fijado el tribunal para conocer la demanda. Este acto, ha sido juzgado, no tiene que describir el objeto de la demanda, es suficiente con precisar el día, lugar y hora de la citación, así como el concepto: demanda tal o cual.

           

          El plazo para tramitar el venir es de dos días francos. Si no se respeta dicho lapso procesal, la audencia deberá ser declarada mal perseguida. Ahora bien, si las partes han quedado citadas mediante sentencia in voce dictada en la audiencia anterior, suponiendo que se hayan producido aplazamientos de audiencias previas, es evidente que el avenir no sería necesario, pues ya con aquella sentencia esa parte ha quedado cubierta.

           

          Asimismo, en caso de que el avenir contenga algún error material, pero la parte destinataria del mismo ha comparecido y no ha probado ningún agravio, pero alega que no está en condiciones de concluir en esa oportunidad, lo propio es -en vista de que en efecto se ha incurrido en un error material- aplazar la audiencia, y con ello se subsana el impasse; quedando las partes citadas por sentencia, sin necesidad de tramitar nuevo avenir. Solución procesal esta que contribuye con el tema de la economia procesal, vista en sus dos vertientes: factor tiempo y facto económico; y es que de esta manera se evita pagar nuevo acto de alguacil y retardar el proceso justamente para dar tiempo a la redacción de tal acto.

           

           

          3.2.2 La audiencia

           

          En esta parte, vamos a tratar las casuísticas más frecuentes acontecidas durante las audiencias celebradas en materia civil.

           

          3.2.2.1 Situaciones presentadas en audiencia, a propósito del Mandato ad-litem de los abogados

           

          Lo primero que deben hacer los abogados empoderados por las partes al postular en la primera audiencia, es presentar formalmente sus calidades al tribunal. En ocasiones ocurre que algunos abogados pretenden anteponer un determinado pedimento al formal trámite de presentación de calidades. Por ejemplo, requieren que –antes de dar calidades- el tribunal revise la última acta de audiencia, a fin de cerciorarse si quien dio calidades en aquella oportunidad es el abogado que le pidió que le suba a audiencia; o bien alguna situación que acarree la nulidad del acto, etc. Pero sucede que tal pretensión es procesalmente incorrecta. El tribunal para, si quiera, escuchar al abogado que postule en una tribuna determinada, debe saber quién le está dirigiendo la palabra, previa acreditación de su condición de abogado; lo cual se establece normalmente con la presentación del carnet del Colegio de Abogados[18].

           

          El juez ducho, ante una situación procesal de esta naturaleza, debe corregir al abogado y explicarle que hasta que no presente formal calidades, el tribunal no estará en condiciones de ponderar pedimento alguno, por sencillo que sea.

           

          El contrato de cuota litis que suscriben los abogados con sus clientes, jurídicamente constituye un mandato ad-litem[19]. Así, el cliente es el mandante y el abogado el mandatario. Por tanto, al momento de revisar cualquier situación que se pueda producir en virtud de un contrato de cuotalitis, el estudio deberá llevarse a cabo bajo el prisma del artículo 1984 del Código Civil, que instituye el mandato.

           

          En ese orden de ideas, puede ocurrir que en un momento determinado dos o más abogados den calidades por la misma persona física o moral. En esos casos, el remedio procesal no es unánime: hay tribunales que en estrados verifican rápidamente quién, conforme al expediente, es el letrado facultado para postular en representación de tal parte y, a seguidas, mandan a bajar al otro abogado; y hay otros tribunales, más conservadores, que para evitar “poner innecesariamente en aprietos a un abogado”, permiten que ambos presenten calidades y produzcan conclusiones (por lo general piden una comunicación de documentos), y luego –reflexivamente- verifican quién realmente es el letrado que debe postular y para la próxima audiencia, ya con las aguas más calmadas, indican cuál será el abogado que postulará en el proceso.

           

          Partiendo de que en materia civil el mandato se presume, si el expediente no es muy voluminoso y, sin problemas, se puede verificar a nombre de cuál abogado están los actos procesales más recientes –por ejemplo- pues lo más saludable sería decidir ese asunto sobre la barra, en ese mismo momento; y con ello se evitaría el impasse de que ambos letrados produzcan conclusiones antagónicas (comunicación de documentos y el otro concluir al fondo, ante el defecto de la contraparte, por ejemplo). Sobre todo, si a leguas se advierte que se trata de una chicana de algún abogado “rebelde sin causa” que pretende incidentar el proceso, arguyendo que representa la misma parte que otro abogado.

           

          Sobre esta casuística, podemos comentar que en nuestra experiencia personal ante los tribunales civiles de la República, créanme, se nos han presentado situaciones similares, en que ambos abogados que dicen representar a la misma persona, hacen tal afirmación con una seriedad tal que parecería que realmente se lo creen. No debemos perder de vista que los clientes, a veces de manera aviesa, cambian de abogado sin consultar al letrado; por lo que perfectamente pudiera darse el caso de que un abogado realmente suba a estrados pensando que aún está apoderado del caso.

           

          En una situación parecida a esta -pero ya habían pasado varias audiencias y las partes estaban prestas para concluir al fondo- debemos decir que, como juez que presidió la causa,  nos dio resultados satisfactorios, la solución salomónica de acumular el aspecto sobre la determinación del abogado realmente apoderado y permitir que ambas partes concluyan, a reserva de ponderar reflexivamente -con la paz del despacho- la glosa procesal y, consecuentemente, determinar a cuál abogado era que le correspondía producir conclusiones: el único percance que pudiera surgir, es si ambos abogados que se disputan la misma representación formulan conclusiones incompatibles; por ejemplo, uno solicita un aplazamientos para los fines que sea, y todos los demás estén contestes en concluir al fondo ese día. Excepcionalmente –pensamos- en un caso como ese no sería factible, si quiera, pensar en la acumulación.

           

          En definitiva, el buen juicio del juez será determinante para resolver un impasse de esta naturaleza. El parámetro que habitualmente emplean los tribunales para determinar –rápidamente- quién es el abogado apoderado al momento de la audiencia, es aquel que figure en los actos procesales más recientes. A partir de ahí, ya será cada casuística que orientará en torno a si lo prudente sería decidir el asunto en ese momento o si, por lo voluminoso del expediente, la seriedad de las afirmaciones de los abogados, etc., lo adecuado sería estatuir al respecto en otra ocasión, o bien conjuntamente con el fondo, en caso de que todas las partes estén en condiciones para concluir al fondo.

           

          También tiene que ver con el carácter ad-litem del mandato de los abogados, el tema de los desistimientos que frecuentemente se producen respecto de procesos civiles y comerciales; los cuales son positivos, considerando que las vías alternativas de resolución de disputas son el derecho del futuro. En este caso, aunque ya se había inicialmente judicializado la controversia, el que se resuelva la controversia antes de que se produzca una decisión al fondo –sin dudas- es algo positivo.

           

          Resulta que por el carácter ad-litem del mandato de los abogados, éstos perfectamente pudieran desistir de algún petitorio incidental, sin previa consulta a su cliente; ya que se supone que este último no tiene conocimientos técnicos como para comprender la naturaleza de tal petitorio incidental. Así, es el criterio del profesional del derecho, en principio, lo determinante para mantener o desistir de un asunto técnico incidental. Tanto es así que las decisiones incidentales, la ley no exige que sean notificadas a la persona de la parte, sino que basta con que sean notificadas al abogado, justamente porque es éste quien domina –se supone- la técnica jurídica. Sin embargo, cuando se trata de un desistimiento de la instancia, propiamente, una inteligente administración de justicia sugiere requerir al abogado que deposite, en soporte de papel, el desistimiento firmado por la persona que al efecto ha desistido de la instancia que ha aperturado mediante el ejercicio de su derecho de acción.

           

          Muchas veces ocurre que los abogados presentan un acto firmado por ellos, sin constancia alguna de la voluntad expresa de la persona de la parte; esto así, bajo la prédica de que cuentan con un mandato de representación, pero lo cierto es que tal mandato ad-litem no le faculta para ello: en derecho puro, es la parte misma que debe dar cuenta de que no quiere mantener abierta la instancia que ha aperturado, no el abogado por sí solo.

           

          Por otro lado, el argumento de que el cliente no puede revocar el mandato del abogado luego de firmar el cuotalitis es insostenible, ya que el artículo 2004 del Código Civil, expresamente prevé la posibilidad de revocar el mandato cuando se considere pertinente. Esto así –claro- al margen de la responsabilidad disciplinaria que pueda sufrir un letrado que acepte el caso sin previamente verificar que el abogado apoderado en primer lugar haya sido debidamente notificado y desinteresado[20].

           

          Sobre este tema, usualmente los abogados –para evitar que los desapoderen del caso- insertan en el cuotalitis una cláusula penal, en el sentido de que en caso de romperse el mandato antes de culminar el proceso, la pena es pagar la totalidad del porcentaje convenido, cual si se hubiese mantenido vigente el cuota litis. Así, en caso de una persona pactar con su abogado una partición de alguna masa conyugal ascendente a cien millones de pesos, suscribiendo a tales fines un treinta por ciento de dicha masa como pago por los honorarios del abogado; si el cliente decide –como es su derecho- revocar el mandato antes de terminar la litis, por efecto de la cláusula penal deberá ese cliente, de todos modos, pagar el citado treinta por ciento al abogado: ay ñeñe!.

           

          Al respecto, existe el precedente que inaplica tal cláusula penal, sobre la base concreta de su carácter abusivo: resulta exorbitante prever una cláusula penal que sancione con la totalidad misma de lo originalmente pactado, cuando en realidad se ha revocado el mandato; máxime cuando es facultad de todo mandante revocar el mandato a su mandatario.

           

          Por otro lado, otros tribunales aplican tal cláusula penal, sobre la base del principio de la autonomía de la voluntad, instituido en el artículo 1134 del Código Civil: si el cliente, libre y voluntariamente, convino esa cláusula, debe el juez conferir vigencia a la misma, ya que se trata de un precepto que es  “ley entre partes”.

           

          Sobre esta situación procesal, conforme a nuestras máximas de experiencia, podemos dar cuenta de que suceden dos cosas con frecuencia: aparecen abogados abusadores que se aprovechan de la ingenuidad de algunos clientes y, por otro lado, hay clientes “pícaros” que descomedidamente empoderan y desapoderan a los abogados y, por ello, estos últimos buscan la manera de evitar quedar en el aire de buenas a primeras.

           

          El juez a la hora de estudiar una casuística de esta naturaleza debe ser cauto y tomar como insumo para ello, tanto la autonomía de la voluntad como las previsiones, sobre todo de naturaleza doctrinal, sobre la ineficacia de las cláusulas abusivas.

           

          3.2.2.2 Comunicación de documentos

           

           En la primera audiencia, lo que se estila es solicitar la medida de comunicación de documentos[21]. Lo lógico es que sea el demandado quien peticione dicha medida, ya que –como se ha dicho- el proceso civil vigente es lineal, en tanto que no está comprendido por audiencias y, por tanto, cuando llega a la primera audiencia no conoce la documentación que pretende hacer valer el demandante en su contra. Sin embargo, muy frecuentemente es el propio demandante quien quiere la consabida medida.

           

          También suele pasar que una de las partes primitivas (demandante principal o demandado principal), llama en intervención forzosa a un tercero; o bien que un tercero intervenga voluntariamente en el proceso; independientemente de que hayan pasado audiencias previas, si es la primera vez que el abogado constituido por dicho tercero se presenta, solicita la comunicación de documentos, bajo la prédica de que: “Para él, viene siendo la primera audiencia”.

           

          Lo que está ocurriendo en el día a día ante los tribunales de derecho común, es que el expediente llega al tribunal vacío; el demandante completa el mismo luego de perseguir la fijación de audiencia y, por su lado, el demandado deposita los documentos para sustentar su defensa, también haciendo acopio de la aludida medida de comunicación de documentos; y muchas veces, solicitando su prórroga. Más aun, el juez cuando sube a la primera audiencia no ha visto en ningún momento el expediente; es decir, en resumidas cuentas, la primera audiencia se ha convertido en un trámite rutinario en el que nadie sabe nada del expediente, ya que –créase o no- por norma general está vacío en ese momento.

           

          Generalizadamente, se invoca la comunicación de documentos como si se tratase de “un pedimento de derecho, que se impone por ser la primera audiencia”. Lo cual es una falacia, ya que el espíritu de la Ley No. 834, en lo que tiene que ver con la comunicación de documentos, es que las partes comuniquen éstos de manera extrajudicial; esto así, independientemente de que nada obsta para que sea peticionada en audiencia: puede solicitarse, pero no es que sea algo de pleno derecho, ni mucho menos que sea obligatorio.

           

          En los últimos tiempos, por el tema de la constitucionalización de los procesos, los jueces han estado aplicando los principios rectores del proceso civil; es decir, no solamente administran justicia guiándose exegéticamente por el Código de Procedimiento Civil, modificado por las leyes Nos. 834 y 845, sino que en caso de verificarse alguna casuística con situaciones atípicas, recurren a los principios para resolver el impasse presentado, o bien para concebir posibles soluciones procesales en aras de un proceso constitucionalizado.

           

          En ese orden de ideas, se ven casos en que -atendiendo a la naturaleza de cada situación- en la primera audiencia se disponen, además de la habitual comunicación de documentos, otras medidas de instrucción, para fines de economía procesal, como informativos testimoniales, comparecencia personal de las partes, etc.[22].

           

          3.2.2.3 Incomparecencia del demandante

           

          Ante la no presencia del abogado representante del demandante en la audiencia, de conformidad con el artículo 434 del Código de Procedimiento Civil, se produce el defecto del demandante por falta de concluir y el descargo puro y simple de la parte demanda. Asimismo, la condenación en costas, en caso de ser solicitado, en contra del demandante defectuante: recordemos que las costas con un asunto de interés privado; por tanto, si no se solicitan los jueces no deben pronunciarse al respecto.

           

          Sin embargo, pudiera darse el caso de que el demandado tenga interés de, no obstante la ausencia física del demandante, producir conclusiones al fondo. En esta hipótesis, el juez deberá estudiar las conclusiones vertidas en el acto introductivo de demanda, cual si el demandante se hubiere presentado, y acoger las mismas sólo si reposaren en prueba lícita y pertinente; al tenor del artículo 150 del Código de Procedimiento Civil.

           

          Sobre esta última posibilidad, de concluir al fondo no obstante la  ausencia física del abogado del demandante en estrados, ha sido juzgado que: “Si el demandante no comparece o no concluye, el demandado puede a su elección solicitar el descargo puro y simple de la demanda o que sea examinado y fallado el fondo. Si el recurrido solicita el descargo de la demanda, el juez no puede examinar el fondo”.[23]

           

          Por lo general el criterio para optar por una posibilidad u otra es si el expediente cuenta o no con prueba suficiente para sustentar la demanda. Así, si el demandado, previo a la audiencia, constata que el expediente está vacío, o con pruebas débiles (copias, fotos, etc.), preferirá peticionar al fondo el rechazo, a fin de que ese proceso se torne en “cosa juzgada” y, consecuentemente, pues ante una eventual reintroducción de la demanda, poder oponer el fin de inadmisión, como medio de defensa, por la cosa juzgada, al tenor del artículo 44 de la Ley No. 834; y es que cuando se descarga pura y simplemente al deudor, dicha decisión –que por demás no es una sentencia propiamente- justamente por no resolver ningún punto litigioso, no juzga nada y por tanto, perfectamente pudiera reintroducirse la demanda sin que se configure el precepto de “cosa juzgada”: se descarga pura y simplemente de la instancia, pero no del derecho de acción, el cual pudiera ser ejercitado nuevamente por el demandante, quien estaría habilitado para reintroducir la demanda otra vez, esto es, agenciar un nuevo acto introductivo, perseguir audiencia otra vez, etc.. Todo sobre la base de los mismos hechos y con las mismas pruebas. Sin menosprecio de que pueda hacerse alguna modificación al objeto de la demanda, ya que por ser en ese caso otra instancia, se descartaría la aplicación del principio de inmutabilidad del proceso.

           

          Por otro lado, cuando el demando, antes de subir a audiencia, verifica que en el expediente constan suficientes pruebas como para condenar a su cliente, entonces lo propio es que opte por peticionar, ente la no presencia del demandante en estrados, el descargo puro y simple para evitar una condenación en ese momento.

           

          Como estrategia en estos casos, algunos abogados -a fin de lograr tiempo para que su cliente reúna el dinero que debe, por ejemplo- proceden a no obstante pedir el descaro, solicitar un plazo de quince días, a fin de –supuestamente- depositar un escrito justificativo; logrando con ello que el demandante deba esperar que venza tal tiempo antes de poder reintroducir la demanda: no sería posible reintroducir la demanda ante un descargo, si la demanda primigenia está en estado. La parte demandada por lo general se ocupa de denunciar al tribunal esa situación en caso de que el demandante demande antes de disponerse formalmente el descargo de la primera demanda. Al respecto, la solución procesal no es unánime: unos sobreseen, otros acogen la inadmisibilidad por cosa juzgada, otros se decantan por el plazo prefijado. Pero en definitiva, el fondo de la segunda demanda nunca pasa, a la luz de este escenario procesal.

           

          3.2.2.4 Estrategias para acercar o alejar el conocimiento del fondo de la controversia, según los intereses representados

           

          Ocurre también que en la primera audiencia el demandante (o el demandado, que excepcionalmente es quien persigue audiencia) no tiene a mano el acto de avenir o recordatorio, de abogado a abogado, a fin de mostrarlo el tribunal, lo cual permitiría al juez establecer que la parte que no esté presente en el juicio ha sido debidamente citada. Si no se presentase el avenir correspondiente y, no obstante, el juez que preside dicta sentencia, sea incidental o al fondo, dicha decisión sería nula; y es que ha sido juzgado que “debe ser casada la sentencia que se dictó a consecuencia de una audiencia que fue fijada por una de las partes sin previo acto recordatorio (avenir) notificado a la otra”[24].

           

          Al respecto, una solución procesal que se ha propuesto ante algunos tribunales, unos más liberales lo acogen, otros más conservadores lo rechazan, es peticionar que ante dicho impasse (no tener a mano el avenir), cuando ha sido un error puramente involuntario, que se ha traspapelado en los documentos de la oficina profesional, etc., se solicita al tribunal que le permita producir conclusiones al fondo, al tiempo de otorgarle un plazo breve para depositar el consabido avenir y con ello evitar dilaciones innecesarias, en el sentido de esperar meses para conocer otra audiencia, cuando realmente el acto recordatorio sí ha sido instrumentado, sólo que por error material involuntario no se llevó copia al tribunal.

           

          Los tribunales conservadores que rechazan el referido petitorio sostienen que “en derecho lo errores se pagan con tiempo y dinero”; “que nadie puede prevalecerse de su propia falta”, etc. En fin, el que se equivoca que se atenga a las consecuencias. Y otros, más que conservadores, exegéticos, van más allá, sosteniendo que el defecto no es susceptible de diferirse para estudiar su procedencia luego de verificar reflexivamente la glosa procesal, por cuanto el mismo se produce en audiencia con el llamamiento de la causa, al tenor del artículo 149 del Código de Procedimiento Civil, y por tanto, constituye una contradicción de motivos la práctica de algunos tribunales de “ratificar” en la sentencia de fondo, el defecto que ha sido pronunciado en audiencia.

           

          Esta última posición usa como fundamento el precedente jurisprudencial que sostiene que “Cuando es acogido el defecto, se infiere que ha sido examinada la regularidad del emplazamiento, por lo que, al ser pronunciado el mismo el tribunal apoderado, por vía de consecuencia, ha declarado válido dicho acto. Se incurre en contradicción de motivos cuando se pretende invalidar el defecto ya pronunciado con la simple declaración de dejar “sin ratificar” el mismo, admitiendo una irregularidad de forma que ya había descartado implícitamente”[25]. Sin embargo, al analizar el contexto de dicho precedente, mediante el estudio de la decisión íntegra, se comprueba que la casuística decidida versaba en el sentido de que el tribunal decidió sobre la barra el defecto y, no obstante, luego no “ratificó” el mismo para subsanar un yerro, por inobservancia de alguna irregularidad en el emplazamiento, que es un caso distinto a que el tribunal, justamente cuando verifique que no es posible por el volumen del expediente, revisar sobre la barra la regularidad del acto, para evitar violentar el derecho de defensa de la otra parte, pues difiere ese asunto para el fondo.

           

          En algunas jurisdicciones se ha interpretado, criterio que hacemos nuestro, que aun en el caso de que el tribunal se haya equivocado, en el sentido de pronunciar en audiencia el defecto, pasando por alto alguna irregularidad, una tutela judicial efectiva, al tenor del artículo 69 de la Constitución vigente, sugiere “dejar sin efecto” dicho defecto y, consecuentemente, reabrir los debates para que sea debidamente citada dicha parte injustamente calificada de defectuante; y es que cuando el tribunal revisa el expediente, a fin de decir el derecho, aún está apoderado del caso; por cuanto, mal podría validar conscientemente una conculcación de derechos: Independientemente de que exista un doble grado de jurisdicción, y por el efecto devolutivo el asunto se tramita de nuevo en la alzada, lo cierto es que el juez de primera instancia debe tomar todos los miramientos necesarios para administrar justicia de la manera más transparente posible, evitando desconocer derechos de las partes, y menos de manera consciente.

           

          Por otro lado, tribunales que cuentan con criterios más liberales sostienen que en acopio y aplicación del principio constitucional de la razonabilidad, instituido en el artículo 40.15 de la Constitución, la norma procesal no debe ser interpretada irrestrictamente, dando la espalda a las particularidades de cada casuística sometida al escrutinio del juez apoderado de la controversia. Así, si la parte compareciente motiva adecuadamente y persuade al tribunal de que el avenir existe, sólo que lo traspapeló y no lo pudo presentar, no sería justo ni útil aplazar la audiencia para que sea tramitado nueva vez el avenir, ya que en todo caso, si no se deposita dicho documento dentro del plazo breve que otorgue el tribunal para tales efectos, sencillamente se declararía, de oficio, la nulidad de la audiencia, y con ello pues no se laceraría el derecho de defensa de la parte que no ha hecho acto de presencia en dicha audiencia: se trata de un remedio jurídico que permite ganar tiempo sin riesgo de violentar el derecho de defensa de la otra parte, pues de no aportarse finalmente el avenir el tribunal no fallará el caso al fondo.

           

          Definitivamente, la práctica es muy rica, y es válido que los abogados constantemente se ingenien mecanismos para bienestar de sus patrocinados. Ciertamente la sostenibilidad jurídica de la solución procesal objeto de estudio es discutible, pero –en honor a la verdad- no creemos que se trate de un petitorio descabellado.

           

          En esa misma línea de pensamiento, existe el precedente de que se ha declarado nula la audiencia en que se produjo un descargo puro y simple a favor de la parte demanda; esto así, ante la casuística consistente en que la “incomparecencia” del demandante se produjo a causa de que el avenir cursado por la demandada (quien persiguió audiencia) contenía un error.

           

          El precedente es discutible, ya que –a diferencia de un defecto diferido o, simplemente, un defecto ya pronunciado en audiencia, que no desapodera al tribunal-  una decisión de descargo puro y simple, si bien no es una sentencia propiamente, pero sí desapodera al tribunal de esa instancia en específico; independientemente de que luego se reintroduzca la demanda y se abra otra instancia. Entonces: ¿hasta qué punto sería sostenible jurídicamente que, luego del tribunal decidir algo (descargo), “eche para atrás eso” y se “destape” con una nulidad de esa audiencia de descargo?

           

          Ciertamente se trata de algo –si se quiere- revolucionario, no compartido por muchos, pero vale la pena al menos conocer los fundamentos del consabido precedente: “Considerando: Que luego de revisar la glosa procesal, el tribunal pudo constatar que el juez que a la sazón presidió la causa no advirtió que el acto de avenir cursado por el demandado (quien persiguió audiencia) al demandante no cumple con el plazo legal de dos días francos. Así, preciso es recordar que conforme al estado actual de nuestro derecho, toda sentencia dictada en una audiencia donde no se haya tramitado correctamente el avenir a la contraparte deberá ser casada. Por tanto, se impone la declaratoria de la nulidad de la audiencia de marras, y con ella todo lo allí ocurrido …”

           

          Lo cierto es que como consecuencia de esta sentencia “irreverente” se evitó que un ciudadano se prive de recibir una decisión judicial pronta, a causa de una violación al debido proceso; en tanto que al ser anulada dicha audiencia, el demandante oportunamente persiguió otra, en la que dio adecuadamente avenir a la contraparte, y entonces pudo producir sus conclusiones en tiempo oportuno. 

           

          Independientemente del mencionado precedente atípico, si no se anulare la referida audiencia, el demandante pudiera en ese caso –como se ha dicho- ejercitar nuevamente su derecho de acción y entablar otra vez la demanda, aunque eso implique pagar nuevo acto de emplazamiento, someter nueva instancia de fijación de otra audiencia, en fin, todo el tiempo que implica el trámite para poner un caso en condiciones de ser estudiado por el tribunal. Esto así, en virtud de que conforme a nuestro derecho positivo, “… las sentencias en defecto que se limitan a pronunciar el descargo por falta de concluir del demandante no acogen ni rechazan las conclusiones de las partes, ni resuelven en su dispositivo ningún punto de derecho. Por tanto, el tribunal apoderado no tiene que proceder al examen del fondo del proceso, sino limitarse a pronunciar el descargo puro y simple solicitado, cuando se cumplan los requisitos para ello”[26]. 

           

          En otro sentido, en la práctica, a fin de ganar tiempo, los letrados (tanto los que representan a los demandantes como a los demandados) comunican al tribunal que han hecho depósito de alguna documentación fuera del plazo que a tales fines ha otorgado previamente el tribunal, pero –y ahí viene el petitorio- que si la contraparte da por conocida dicha documentación, estarían dispuestos a concluir al fondo en esa misma audiencia. O también, en esa línea, cuando una parte solicita un aplazamiento para depositar nueva documentación, la contraparte manifiesta al tribunal que da por conocida toda la documentación que pueda aportarse conjuntamente con el escrito justificativo. Evidentemente, esto así, cuando se sepa de antemano que de lo que se trata es de un petitorio retardatorio y, por tanto, que no hay riesgos de que pudiera depositarse alguna pieza contundente, capaz de definir la solución del caso.

           

          Sobre este remedio procesal, lo cierto es que ha sido juzgado que las conclusiones en los documentos que atan a los jueces del fondo son aquellos que son sometidos al contradictorio en un juicio oral, público y contradictorio, no petitorios y documentos depositados luego de finalizada la última audiencia oral, mediante escrito justificativos de conclusiones[27]. Sin embargo, si bien eso es así, cuando ambas partes dan aquiescencia a la documentación que se pretenda aportar fuera del plazo, no vemos justificación lógica para no acoger dicho planteamiento; pues en todo caso “a quien se estaría tutelando” si se rechaza tal pedimento es justamente a la parte que ha dado la aquiescencia al depósito de documentos; por tanto, sería poco lógico –en nombre de una tutela judicial efectiva- desconocer la propia voluntad de esta parte e imponerle un aplazamiento no deseado: ese caso constituye una perfecta manifestación del principio dispositivo que rige el proceso civil.

           

          Ahora bien, no obstante lo esbozado ut supra, no resulta ocioso aclarar que no todo lo que las partes consientan, al unísono, debe ser acogido por el tribunal. Así, en caso de que lo propuesto altere a todas luces el debido proceso, perfectamente el juez del fondo pudiera, en nombre de la tutela judicial efectiva, rechazarlo. Por ejemplo, si las partes solicitan, todas, depositar documentaciones conjuntamente con su escrito justificativo, y otro plazo para contradecir dichas nuevas piezas, y otro plazo más para réplicas y contrarréplicas, la decisión debe ser negar tal planteamiento, pues con ello es evidente que lo que se persigue hacer es un debate meramente escrito, fuera del juicio oral, público y contradictorio; lo cual resulta cardinalmente incompatible con el debido proceso[28]. No es lo mismo la primera casuística donde, si bien se dio aquiescencia a una nueva documentación, ello no implica que se vayan a entablar “debates” ajenos a los petitorios sometidos al contradictorio, como sí ocurriría en el último caso, que debe rechazarse.

           

          Por otro lado, se ve frecuentemente que en la primera audiencia, o bien en otra posterior, los abogados, no obstante no concluir al fondo, peticionan la declaratoria del defecto de la contraparte. Por ejemplo: ante la incomparecencia de la otra parte, solicitan que se aplace la audiencia para tramitar alguna medida de instrucción, al tiempo de pedir el defecto en contra de la parte incompareciente.

           

          Este pedimento de defecto debe ser rechazado, ya que ha sido constantemente admitido que el plazo de la octava franca no es fatal y, por tanto, las partes podrían constituir abogados en cualquier momento, durante la tramitación del proceso. Por tanto, en vista de que la solicitud de alguna medida de instrucción produce una sustanciación del proceso, el defecto sería a todas luces extemporáneo.

           

          Sobre ese punto, imaginemos el caos procesal que supondría que un juez poco ducho acoja el pedimento de defecto, y el día fijado para la medida, ¡oh sorpresa…! comparece un letrado en representación de la parte que previamente había sido declarada en defecto; sin dudas sería una violación grosera al derecho de defensa de dicha parte, lo cual irremediablemente produciría la nulidad de la sentencia que se dictase en dichas condiciones: es muy cuesta arriba confirmar una sentencia cuando en el acta de audiencia instrumentada al efecto se da cuenta de la decisión del tribunal de negar a una parte el ejercer su legítimo derecho de defensa. Y por ser una situación de puro hecho, pudiera acreditarse por cualquier medio; con lo cual, si dicha circunstancia no estuviere recogida en el acta de audiencia, pudiera probarse por cualquier otro medio en la alzada.

           

          En otro sentido, en ocasiones abogados meticulosos, para incidentar el proceso, solicitan la nulidad del acto de emplazamiento, sobre la base de que el mismo se ha preparado en un día de fiesta legal. Al respecto, preciso es recordar que conforme a la mejor doctrina: “Hay controversia acerca de saber si es válido el acto de alguacil preparado en un día de fiesta legal o de vacaciones judiciales … Se ha sostenido que el acto es nulo, por tratarse de una disposición de orden público (en ese sentido, Cas. 16 de abril, 1923, BJ 153-155, p. 3); pero predomina en doctrina y jurisprudencia la opinión de que el acto es válido porque la ley no pronuncia expresamente su nulidad (Cas, 26 de mayo, 1941, BJ 370, p. 623; 10 de julio, 1956, BJ552, p. 1403; 18 de noviembre, 1983, BJ 876, p. 3624; 26 de noviembre, 1984, BJ 888, p. 3091)” [Sic][29].

           

          Y en ese mismo sentido, más recientemente la Suprema Corte de Justicia ha juzgado que “El artículo 63 del Código de Procedimiento Civil no sanciona la violación a lo por él prescrito, salvo la multa que señala en perjuicio del alguacil o curial actuante”[30].

           

          Por todo lo cual, es evidente que la nulidad por esta causa carece de méritos.

           

          También, el abogado representante de la parte demandada, cuando desea ganar tiempo, emplea la estrategia de que tan pronto le sea notificado el emplazamiento, se adelanta al demandante y persigue él audiencia, solicitando –informalmente- al tribunal (generalmente vía secretaría) que “no hay prisa, y como saben que el tribunal tiene su agenda muy atareada, que no importa que fijen ese expediente lo más lejano posible”.

           

          En estos casos, cuando el demandante viene a perseguir él su audiencia, se encuentra con que ya el demandado se adelantó y –adrede- fijó para una fecha distante, a fin de lograr tiempo y que su cliente cumpla con su obligación antes de que se conozca la demanda.

           

          Frente a esta estratagema, al demandante no le quedaría otro camino que introducir una instancia ante el tribunal que deba conocer de la demanda, peticionando que el juez titular, en ejercicio de sus atribuciones administrativas, proceda a rectificar la fecha de la audiencia por otra más próxima: la fijación de audiencias se encuadra dentro de las atribuciones puramente administrativas y facultativa del tribunal; perfectamente pudiera variarse una fijación de audiencias, en ejercicio de dichas atribuciones administrativas propias de los jueces. Sin embargo, la práctica es que los tribunales en estas circunstancias específicas, rechazan tal petitorio y el demandante –víctima de la astucia del demandado- debe aguardar mayor tiempo para que se conozca su caso.

           

          3.2.2.5 Policía de la audiencia

           

          Los jueces del fondo deben velar porque durante el conocimiento de las audiencias sea respetada la solemnidad propia del juicio, en virtud de la Ley No. 821 sobre Organización Judicial. Para ello, la ley les confiere ciertas atribuciones coercitivas, a fin de –en caso de que sea necesario- imponer el orden: recordemos el símbolo alegórico de la justicia, representado por la Diosa Temis, la cual –entre otras cosas- posee una espada, que justamente ilustra sobre el poder de la justicia.

           

          En ese orden de ideas, el artículo 89 del Código de Procedimiento Civil, faculta a los magistrados que presidan las audiencias a ordenar a los revoltosos que abandonen la sala, previa advertencia vía alguacil o directamente del juez, de que guarden silencio.

           

          En caso de resistirse a abandonar el salón, no obstante la orden del juez, podrán ser detenidos ante la cárcel pública hasta por 24 horas.

           

          El artículo 90 del mismo código expresamente prevé: “si el desorden fuese ocasionado por un individuo que desempeñe algún destino en el tribunal, podrá ser suspendido de sus funciones, además de las penas de que trata el artículo precedente (sobre privación de libertad hasta por 24 horas o abandono del salón); la suspensión, por la primera vez, no podrá exceder de tres meses. La sentencia será ejecutoria provisionalmente…”.

           

          3.2.2.6 Diferencia entre delito de audiencia y delito en audiencia

           

          El artículo 91 del Código de Procedimiento Civil, trata el delito de audiencia, que consiste en un atentado contra la solemnidad del juicio. Se trata de una indisciplina que interrumpe el fiel desenvolvimiento de la instancia, como sería vociferar consignas, irrespetarse recíprocamente las partes, o personas del público; insultar al juez, etc. Para ello la ley prevé medidas coercitivas, básicamente para lograr reestablecer el orden en el salón de audiencias.

           

          Por otro lado, en el artículo 92 del mismo cuerpo normativo, se consagra el delito en audiencia, que no es más que una infracción ordinaria, sólo que se comete en el salón de audiencias. Es decir, el ánimo del infractor no es propiamente alterar el orden en la sala de audiencias, sino cometer una infracción cualquiera de las previstas en el Código Penal, por la razón que sea. Por ejemplo, el individuo que ataca mortalmente a un testigo, por temor a que éste deponga en su contra; el carterista que sustrae fraudulentamente la billetera de una persona presente en el público del juicio, o aquel que sostiene una riña con otro por motivos ajenos a la causa del juicio, etc.

           

          En el caso de los delitos de audiencia, al tenor del artículo 91, la ley prevé como sanción la privación de libertad, hasta un mes, y multa de no menos de RD$25.00, ni más de RD$100.00 (multa irrisoria al día de hoy).

           

          Para el caso de los delitos en audiencia, según el artículo 92, la pena aplicable será aquella prevista para la infracción que se haya cometido; y es que en este caso lo que ocurre es que se conduce al infractor ante la jurisdicción represiva para que allí sea juzgado conforme al procedimiento de lugar.

           

          3.2.2.7 Incidentes

           

          En la audiencia, previo al fondo, las partes pueden producir conclusiones incidentales. El orden de peticionar en el proceso civil es: a) Excepciones, b) Fines de inadmisión, c) Medidas de Instrucción y d) Fondo.

           

          Puede ocurrir que las partes se avoquen a concluir directamente el fondo sin proponer ningún medio incidental, o bien que promuevan incidentes, pero no medidas de instrucción. Sin embargo, la usanza es que las partes, como medio de defensa de interés privado, antes de concluir al fondo formulan conclusiones incidentales; y cuando en el caso juzgado se verifica alguna situación de hecho, por norma general se recurre a las medidas de instrucción para edificar más eficazmente al tribunal: el demandante para sustentar su demanda, suele pedir la acumulación del (los) incidente (s), al tiempo de promover medidas de instrucción. Por su lado, si finalmente se acumulan los incidentes, el demandado, subsidiariamente, pide el derecho a un contra informativo, o bien que la comparecencia de partes, si se ha dispuesto, se haga extensiva a su defendida; esto así, cuando dicho demandante tenga interés de acreditar algún punto de su defensa.

           

          En el estado actual de nuestro derecho, al tenor del Código de Procedimiento Civil, las excepciones[31] y los medios de inadmisión[32] constituyen medios de defensa de interés privado y, por ende, no pueden ser suplidos de oficio por los jueces, salvo la falta de interés o cualquier otro aspecto que sea de orden público[33]. Otro panorama será cuando entre en vigor el Anteproyecto del Código Procesal Civil, pendiente de sanción al momento de redactar estas líneas, conforme al cual los jueces cuentan con poder para declarar de oficio cualquier excepción o medio de inadmisión.

           

          Es importante discernir la distinción entre una demanda incidental y los incidentes. Las primeras son las acciones en justicia que lanzan las partes del proceso, según los cánones instituidos en el artículo 337 y siguientes del Código de Procedimiento Civil[34], y las segundas son propuestas mediante simples conclusiones vertidas en estrados[35]. Así, en doctrina y jurisprudencia se ha admitido que la distinción entre estos dos asuntos es esencialmente sobre la manera de canalizarse, así como sobre su finalidad, y es que mientras las demandas incidentales persiguen adicionar pedimentos a las conclusiones inicialmente vertidas en el acto introductivo de demandas (dda. Adicional); reclamar, más allá del rechazo puro y simple de la demanda, indemnizaciones o cualquier otro petitorio (dda. Reconvencional); que un tercero sea llamado forzosamente por una de las partes (int. Forzosa) o, finalmente, que un tercero intervenga voluntariamente en el proceso (dda. int. Voluntaria). Por su lado, los incidentes lo que buscan es retardar o impedir el conocimiento del fondo.

           

          En cuando a las excepciones, en el Distrito Nacional se ve con cierta frecuencia la petición de declinatoria por ante otra sala de la misma cámara, en razón de tratarse de demandas con afinidad atendible, a fin de evitar una eventual contradicción de decisiones.

           

          En este caso, es preciso recordar que ha sido juzgado que respecto de las salas de una misma cámara no se verifica la conexidad ni la litispendencia, ya que para ambos casos la ley requiere que se trate de dos jurisdicciones disímiles; cosa que no acontece entre tribunales que integran una misma jurisdicción[36]. Así, procesalmente hablando lo adecuado sería no calificar el incidente como conexidad ni litispendencia y, en esas atenciones, simplemente solicitar la remisión del caso bajo la fórmula genérica de una excepción declinatoria: tanto la incompetencia, como la conexidad y la litispendencia constituyen excepciones declinatorias; por tanto, es dentro de dicho género que en todo caso se encuadraría el petitorio que ocupa nuestra atención.

           

          Por otra parte, las excepciones de nulidad del acto de emplazamiento y del acto de avenir o recordatorio, de abogado a abogado, también constituyen petitorios frecuentes. Al respecto, nos remitimos al apartado atinente a la utilidad práctica de los principios rectores del proceso civil, específicamente en lo que tiene que ver con el principio de saneamiento del proceso civil.

           

          En lo que tiene que ver con los fines de inadmisión, resulta de interés comentar que ha sido juzgado que los cinco medios enunciados en el artículo 44 de la Ley No. 834 no son limitativos[37]. Así, pudieran existir medios de inadmisión no previstos de manera expresa por la ley[38].

           

          Entre los medios de inadmisión no previstos expresamente en el aludido artículo 44 de la Ley No. 834 destacan la inadmisibilidad por falta de objeto, así como en base a previsiones de alguna ley adjetiva, sobre la imposibilidad de acceder al tribunal ordinario sin agotar previamente alguna etapa extrajudicial: Ley No. 146 sobre Seguros, Ley No. 288-05 sobre Buró de Crédito, etc.

           

          En cuanto al fin de inadmisión por falta de objeto, algunos abogados –minoritariamente- interpretan que la causal de carencia de objeto debe constituir un asunto de fondo, no un incidente. Esto así, bajo la prédica de que para determinar la existencia del objeto en un caso determinado, necesariamente hay que valorar la prueba al fondo. No obstante, el criterio mayoritario es entender, y nos sumamos a esa postura, que la falta de objeto genera es un fin de inadmisión, ya que en derecho puro no constituye un asunto de fondo.

           

          La manera procesal de determinar si la valoración que ha hecho un juez en un caso en concreto ha sido al fondo o simplemente en el ámbito de los presupuestos procesales de la acción, es verificar si al efecto se han fijado hechos. En caso afirmativo, indefectiblemente el estudio de la prueba fue al fondo y, por ende, cualquier decisión deberá ser rendida dentro de ese ámbito: fondo. Sin embargo, si no se han establecido los hechos de la causa, pues perfectamente la valoración de prueba pudiera ser sólo para determinar algún incidente, sin inmiscuir el fondo. Así, para determinar la calidad de una persona que demande, por ejemplo, a título de esposa de una persona fallecida a causa de un accidente de tránsito, necesariamente deberá estudiarse el acto del estado civil que dé cuenta de esa relación alegada; y sin embargo, con ello no se toca el fondo. Por tanto, mutatis mutandis, en caso de que se determine que, por ejemplo, una demanda en validez de oferta real de pago carece de objeto, en razón de que el contrato que dio pie a dicha oferta ha sido previamente resuelto, se estaría estudiando un ámbito incidental, y el fondo no habría que conocerlo.

           

          En cuanto a los medios de inadmisión surgidos a causa de leyes adjetivas que instituyen la prohibición del acceso a la justicia ordinaria, hasta que no sea agotado un trámite extrajudicial, nos referiremos a los dos casos más comunes: Ley No. 146 sobre Seguros y Ley No. 288-05 sobre Burós de Crédito.

           

          En cuanto al medio de inadmisión fundado en el hecho de que no se ha agotado la fase de arbitraje[39] que contempla la Ley No. 146 sobre Seguros, previo a acudir al tribunal ordinario, ha sigo juzgado mediante sentencia declarativa[40] que: “de aplicarse de manera obligatoria el agotamiento del procedimiento de arbitraje antes de acudir ante los tribunales, tal y como se consagra en los artículos 105 y 106 de la referida ley, dicha exigencia se convertiría en un obstáculo al derecho de acceso a la justicia, razón por la cual procede que esta Sala haga una interpretación de dichos textos conforme a la Constitución, y en lugar de considerar obligatorio el requisito procesal consagrado en los mismos, lo considere facultativo u opcional, lo cual supone dejar a las partes en libertad de agotarlo o no agotarlo; que en consecuencia, se rechaza el medio de inadmisión”[41].

           

          Por otro lado, en lo que tiene que ver con la inadmisibilidad fundada en la falta de trámite del proceso administrativo instituido en la ley que rige los buró de créditos, constituye un precedente que “las disposiciones de la Ley No. 288-05 del 18 de agosto de 2005, en lo referente al proceso, previo y obligatorio, que debe ser agotado antes de que un titular de Información pueda dirigirse a la justicia ordinaria, coloca en una situación de desigualdad de armas a este último respecto de los Burós de Información Crediticia (B.I.C) y los Aportantes de Datos, puesto que constituye ese procedimiento una manera proteccionista de que éstos cubran las posibles faltas en que pudieran incurrir, en violación de las propias disposiciones de la ley antes citada, sin que se le remunere al reclamante por el daño que se pueda provocar en su perjuicio por el ofrecimiento de una información errada o inexacta … derivamos de todas las consideraciones precedentes que el artículo 27, capítulo IV, título III, de la Ley No. 288-05 del 18 de agosto de 2005, deviene en inaplicable para el caso que nos ocupa, por ser contrario a la Constitución…”[42].

           

          3.2.2.8 Medidas de Instrucción

           

          Las medidas de instrucción que con más frecuencia de solicitan en los tribunales de derecho común son la comparecencia personal de las partes y los informativos testimoniales. Con menos frecuencia, se peticionan peritajes, y con menos periodicidad aun, se requieren inspección de lugares.

           

          La Ley No. 834 reglamenta lo atinente a las comparecencias personales de las partes y a los informativos testimoniales (Arts. 60 y sgts. y 73 y sgts., respectivamente). El Código de Procedimiento Civil, en los artículos 295 y siguientes y  302 y siguientes prevé la inspección de lugares y el peritaje, respectivamente. 

           

La Suprema Corte de Justicia fijó el criterio mediante sentencia No. 7 dictada el 18 de agosto de 2004, compilada en el Boletín Judicial No. 1125, páginas 83-88 que, para evitar dilaciones innecesarias, es posible acumular medidas de instrucción, para estudiar su procedencia reflexivamente cuando se estudie el expediente, luego de cerrados los debates.

 

En el Distrito Nacional, las dos salas que integran la Corte de Apelación Civil y Comercial, han hecho acopio de la referida jurisprudencia, esencialmente para casos en que a simple vista no sea posible estudiar en estrados la procedencia de la medida, sea por la extensión del expediente, por la naturaleza del hecho juzgado o por lo que fuere. Por ejemplo, el caso de una demanda en responsabilidad civil por mala práctica médica, en que se alegan situaciones de hecho y para acreditarlas se solicitan medidas de instrucción, pero la otra parte se opone alegando que ya en el expediente constan sendas experticias que surten las informaciones que se persiguen con las medidas de instrucción solicitadas. En este caso o en cualquier otro con similares rasgos, la única manera del tribunal estar en condiciones de verificar los méritos del pedimento de instrucción es luego de estudiar la glosa procesal; esto así, dada la naturaleza del proceso vetusto vigente hasta el día de hoy en nuestro país, en que los jueces suben a las audiencias sin conocer el expediente, ya que son las partes las que forman el mismo mediante la aportación de pruebas.   

 

Muchos letrados cuestionan dicha solución procesal, bajo la prédica de que rompe con toda lógica procesal el decidir con el fondo algo que es propio de la sustanciación de la causa. Postura esta que luce sostenible: se supone que la instrucción va antes que el fondo, no pueden ir juntos ambos asuntos. Pero no debe perderse de vista que dicho precedente, pragmático por demás, no implica alterar el orden procesal lógico: si bien se decide conjuntamente con el fondo, una vez cerrados los debates, la procedencia de la medida de instrucción –no obstante- se estudia primero que el fondo, y en caso de contar con méritos, pues sencillamente se dispone sin ver el fondo.

 

No es pacífico el criterio en torno a si, en caso de hacerse acopio de la referida jurisprudencia, es necesario o no reaperturar los debates para tramitar la medida, cuando estando en estado el expediente, finalmente se determina su utilidad: unos sostienen que no es necesario, pues al acumularse la medida, siguiendo un orden lógico procesal, si se dispone todo debe remontarse al momento mismo de la audiencia que en se solicitó y, por tanto, no es necesario reabrir los debates que virtualmente para esos fines nunca se cerraron. Por otro lado, hay quienes entienden que independientemente de que se haya o no acumulado la medida, lo cierto es que en caso de acumularse, una vez en el despacho el juez, ya los debates materialmente se cerraron y, por consiguiente, en derecho procesal puro, deberían reaperturarse dichos debates.

 

En nuestra opinión, se trata de una discusión poco útil, más bien semántica, ya que en definitiva, sea un remedio u otro, se produce el mismo efecto: se conoce la medida, y punto.

 

 Otras cortes, como la de San Pedro de Macorís, por ejemplo, adoptan una solución procesal diferente. Aquel tribunal petromacorisano, cuando no puede edificarse sobre la utilidad de la medida en la misma audiencia, procede a “rechazar la medida en ese momento procesal (en la audiencia), haciendo reserva de disponerla oficiosamente, en caso de que cuando se avoque a estudiar el expediente advierta que es necesaria”.

 

3.2.2.9 Acumulación

 

La acumulación tiene como fundamente no solamente el artículo 4 de la Ley No. 834, sino varios principios rectores del proceso civil, como el de concentración, economía procesal, etc.

 

 

La razón de ser de este mecanismo es evitar que los procesos sufran dilaciones innecesarias, ya que muchas veces los trámites civiles se tornaban interminables por algunas chicanas incidentales por parte de abogados, en el sentido de apelar cualquier decisión, aun sean preparatorias y, consecuentemente, solicitar el sobreseimiento de la causa hasta que se decida el recurso de apelación en alzada: la táctica era incoar la apelación consciente de su inadmisibilidad, por la naturaleza de la sentencia[43], pero entretanto la corte decida lograban retardar el proceso.

 

Con la acumulación dicha táctica ha ido perdiendo terreno, puesto que los jueces del fondo, pretorianamente han optado por decidir los aspectos incidentales mediante la misma sentencia que resuelve el fondo, aunque por dispositivos distintos y, evidentemente, respetando el orden lógico procesal: excepciones, inadmisiones, medidas de instrucción, fondo.

 

Este mecanismo no tendrá razón de ser cuando entre en vigor el Anteproyecto del Código Procesal Civil, el cual se encuentra pendiente de estudio y aprobación ante el Congreso Nacional, al momento de redactar estas líneas, ya que dicha pieza novedosa prohíbe de manera expresa que se apelen sentencias preparatorias de manera independiente al fondo, y resuelve definitivamente el impasse cuando taxativamente dispone que en caso de que, no obstante, se interponga el recurso impropiamente, “se dará por no presentado”[44].

 

Constituye un precedente jurisprudencial que “… la acumulación de los incidentes procesales se admite con la finalidad de no eternizar los procedimientos; que, según ha sido juzgado por esta Suprema Corte de Justicia, los jueces del fondo pueden mediante una sola sentencia, pero por disposiciones distintas decidir, como se ha hecho en la especie, todos los incidentes procesales que sean promovidos, siempre y cuando las partes hayan sido puestas en condiciones de concluir sobre ellos… “[45].

 

Igualmente, ha sido juzgado que: “la sentencia que contiene la decisión de acumular incidentes para decidirlos conjuntamente con el fondo, pero por dispositivos disímiles, es de naturaleza preparatoria y, por ende, no puede apelarse de manera separada al fondo”[46].

 

Finalmente, queremos destacar que si bien la acumulación es una herramienta útil para lidiar con el procedimiento vigente, de más de dos siglos, no debemos perder de vista –sin embargo- que hay asuntos que por su propia naturaleza no admiten una acumulación. Por ejemplo, la nulidad de alguna audiencia, la nulidad de un avenir, en fin, cuestiones que a todas luces serían ineficaces si no se deciden en el momento mismo de proponerse; y en todo caso, si el juez que preside no se siente seguro de resolver el asunto sobre la barra, pues lo propio sería diferirlo para una fecha próxima, breve; pero no seguir la instrumentación de la causa[47].

 

3.2.2.10 Conclusiones

 

De conformidad con el artículo 72 del Código de Procedimiento Civil, “en la audiencia las partes se limitarán a exponer sus conclusiones motivadas y el juez les concederá plazos moderados para el depósito de réplica y contrarréplica que no deberán exceder quince días para cada una de las partes y serán consecutivos”.

 

En cuanto a la manera de proponer los incidentes al tribunal, hay dos estilos que se emplean comúnmente: 1.- Exponer incidente por incidente y 2.- Plantear de manera principal los incidentes y, a seguidas, concluir subsidiariamente al fondo.

 

En cuanto a la primera forma de presentar incidentes, uno por uno, preciso es comentar que ello implica que se vaya sometiendo al contradictorio cada incidente propuesto de manera individual. Es decir, tan pronto se proponga una excepción de incompetencia, por ejemplo, debe darse la palabra a la contraparte para que opine al respecto. Y consecuentemente el tribunal tomará la decisión, pudiendo a tales efectos, acumularla o resolverla sobre la barra[48]; o bien fijar una fecha únicamente para rendir la correspondiente decisión incidental. Si se opta por la acumulación, entonces debe inquirirse al demandado, en el sentido de si tiene algún otro incidente que proponer. En caso positivo, procede retornarle la palabra para que lo plantee. En caso negativo, la palabra debe ser concedida al demandante para que concluya al fondo y después al demandado para que, subsidiariamente, produzca conclusiones al fondo.

 

En cambio, si se proponen los incidentes de manera principal y las conclusiones al fondo, a título subsidiario, luego que dicho demandado termina de producir conclusiones, entonces se retorna la palabra al demandante para que se refiera, en una sola intervención, a todos los incidentes propuestos de manera principal: es más expedito el trámite cuando el demandado expone sus incidentes principalmente y sus conclusiones al fondo subsidiariamente, pues solamente habría que devolver la palabra una vez al demandante para que se pronuncie de manera conjunta sobre todos los incidentes, y la dinámica del contradictorio quedaría cubierta. Por otro lado, uno por uno supone dar la palabra al demandado, volver a dársela al demandante, y luego otra vez al demandado, para que –una vez se decida sobre el incidente individual- produzca conclusiones subsidiarias al fondo o sobre otro incidente.

 

Particularmente, estimamos que si bien pudiera resultar más prolongado y, probablemente, más monótono, pero para fines de contundencia del incidente, si se promueve de manera individual se persuadiría más eficazmente al juez, y hasta se podría lograr que se produzca una decisión en estrados, en base a las motivaciones orales que las partes viertan sobre el particular; posibilidad última que no sería posible si la misma parte es quien invita al juez a acumular todos los incidentes, al tiempo de proponérselos conjuntamente con las conclusiones del fondo.

 

En la cotidianidad se ha presentado la situación de que, para ganar tiempo, los letrados representantes de la parte demandante “renuncian” al plazo para justificar conclusiones y, con esa excusa, solicitan que solamente se le dé un plazo para contrarréplica luego de vencido el plazo dado al demandado para justificar conclusiones: en suma, se pretende tener la última palabra, aun siendo el demandante.

 

Algunos tribunales han decidido en el sentido de que dicho pedimento contraviene la secuencia lógica del contradictorio[49], ya que se supone que quien debe tener la última palabra es a quien se le opone un petitorio determinado; en este caso serían todas las conclusiones vertidas en el acto introductivo de la demanda que se pretenden oponer al demandado: de qué se va a defender alguien si no le han informado qué es lo que se persigue con la demanda.

 

Sin embargo, lo que se alega para fundar la procedencia de este pedimento es que el acto introductivo de la demanda ya tiene desarrollas todas las motivaciones y, por tanto, para evitar “llover sobre mojado”, lo propio sería que el demandado primero argumente a contrario para entonces luego responder el demandante cualquier punto novedoso.

 

Visto de esa manera, no parecería descabellado el planteamiento, pero particularmente sólo transaría con esta posibilidad, a fin de evitar dilaciones innecesarias, siempre y cuando el demandado tenga la última palabra. O sea, si se inicia el plazo con el demandado para responder los alegatos que ya están incursos en el acto introductivo de la demanda, conferir otro posterior de para réplicas al demandante, pero que se termine la dinámica con un último plazo al demandado para contrarréplica.

 

Otro caso parecido, pero distinto, se presenta cuando –también para ganar tiempo- el demandante, confiado de sus motivaciones esgrimidas en el acto introductivo de demanda, renuncia al plazo para fines de depósito de escritos justificativos de conclusiones, al tiempo de peticionar al tribunal que en todo caso solamente conceda un único plazo al demandado para que él motive sus conclusiones.

 

Esta solicitud parecería sostenible, partiendo de que la usanza es que los actos introductivos de demanda describen motivadamente el objeto de la acción y, más aun, conociendo que muchas veces lo que el demandante deposita en el consabido plazo para depósito de escrito justificativo es una copia de lo mismo que está redactado en el acto de emplazamiento.

 

Pero para cuidar que en la alzada no se mal interprete que hubo en primer grado alguna violación a la igualdad de armas, sería prudente que el juez dé acta de la renuncia expresa que ha hecho en estrados el demandante, respecto del plazo para fines de depósito de escrito justificativo de conclusiones. 

 

En cuanto a los escritos que se depositan luego de cerrados los debates, la doctrina vanguardista ha aclarado que deben llamarse escritos justificativos, no ampliatorios, ya que lo que se permite es fundamentar el petitorio que se ha vertido en el juicio oral, público y contradictorio, no incluir nuevos aspectos que no hayan sido previamente esgrimidos durante la instrumentación de la causa.

 

Nos es unánime el criterio para determinar si los debates están formalmente cerrados cuando termina la última audiencia en que las partes esgrimen sus conclusiones o si procesalmente se cierran es cuando terminan los plazos para fines de depósitos de escritos justificativos, de réplicas y de contrarréplicas.

 

Los que abogan porque los debates se cierran es cuando venzan los plazos para el depósito de documentos, usan como aval la parte final del artículo 343 del Código de Procedimiento Civil, incurso en el apartado propio de la renovación de instancia y constitución de nuevo abogado, que taxativamente establece: “… Si se tratase de asuntos que se instruyen por escrito, la causa estará en estado cuando la instrucción esté completa, o hayan transcurrido los plazos para las producciones y réplicas”. (Subrayado nuestro).

 

La postura que ha prevalecido en la mayoría de los tribunales es la primera, sobre la base de que un debido proceso supone que los petitorios y documentos que atan al juez son los que se someten al contradictorio, no los producidos mediante escritos justificativos; y es que la finalidad exclusiva de estos últimos es simplemente robustecer los motivos para justificar lo que se haya pedido en el juicio. 

 

En caso de que luego de cerrados los debates se entienda que existe alguna documentación novedosa que justifique retomar los debates nuevamente, a fin de someter al contradictorio dicha (s) pieza (s) nueva, a nivel jurisprudencial se ha creado el remedio jurídico denominado “reapertura de debates”, que no es más que, una vez cerrados los debates, fijar mediante auto gracioso una nueva fecha para continuar con el conocimiento de las argumentaciones encontradas de las partes; auto que deberá notificar la parte que primero tome conocimiento del mismo a la contraparte.

 

Doctrinariamente se habla de reapertura plena y de reapertura limitada. La primera es cuando se retoma la instrucción del expediente, en términos genéricos, esto es, que libremente las partes podrían solicitar el depósito de nuevos documentos, así como medidas de instrucción. La segunda es cuando el objeto de la reapertura es limitado expresamente por la decisión que la ordena. Por ejemplo, si se reapertura únicamente para que el demandante tome conocimiento de una documentación depositada fuera de plazo por el demandado, pero que pudiera definir el desenlace del pleito; en ese caso, es únicamente para validar el referido depósito que se ha dispuesto la reapertura.

 

Algunos niegan la existencia de la reapertura de debates plena, consintiendo solamente la parcial. Pero lo cierto es que esta medida no está prevista en la ley y, por tanto, en este momento los tribunales están disponiendo una u otra, atendiendo a la casuística de que se trate. De tal suerte, que es indudable que –en términos materiales- sí existen las consabidas dos clases de reaperturas de debates.

 

En el ámbito jurisprudencial, se ha establecido que “La solicitud de reapertura de debates debe estar acompañada de documentos nuevos o de la prueba de la existencia de hechos nuevos con capacidad para producir un cambio en la solución del caso”.[50]  Asimismo, que “cuando el tribunal está apoderado por conclusiones formales al fondo y una de las partes solicita una reapertura de los debates para comunicar documentos, debe notificar dicha solicitad a la otra partes, dándole copia de los documentos que se van a hace valer, para luego el tribunal apoderado apreciar la procedencia o no de la medida”.[51] De igual modo, que “la reapertura de los debates puede ser dispuesta de oficio por los jueces cuando así lo aconseje una buena administración de justicia”[52]. Y, finalmente, nos resulta de interés comentar que ha sido juzgado que “la sentencia que ordena una reapertura de los debates no resuelve ni prejuzga el fondo y es, por su naturaleza, de carácter preparatorio”[53].

 

Para concluir esta parte, resulta útil comentar que cuando la reapertura de los debates es ordenada de oficio por el tribunal, lo propio es comisionar un alguacil oficiosamente. Esto así, en razón de que muchas veces ocurre que el tribunal decide la reapertura y ninguna de las partes se entera de ella, ya que para éstas el proceso está en estado; y como los tribunales cuentan con noventa días para decidir, sin mora, no procuran revisar el expediente hasta luego de transcurrido un lapso considerable, retardándose innecesariamente el proceso. Impasse que no ocurre cuando el tribunal comisiona un alguacil para que efectúe de oficio la notificación: con esta medida se garantiza quelas partes se enteren de la existencia de la reapertura, pues sin que ninguna de ellas vaya al tribunal, el alguacil estará llamado a notificar la decisión, generalmente, a la solicitante de la reapertura; la que deberá notificar ella a la contraparte la decisión: la práctica es que el alguacil comisionado de oficio solamente notifica a la parte interesada y dicha parte notificada queda a cargo de notificar a la contraparte.

 

3.2.3 La sentencia

 

A partir de que el expediente esté en estado y en condiciones de ser fallado, según el artículo 165 de la Ley No. 821 sobre Organización Judicial (Modificada por la Ley No. 1021 del 1935, G.O. 4841), los jueces del fondo cuentan con un plazo de noventa días para dictar su sentencia. Vencido dicho lapso, legalmente estaría en mora el tribunal.

 

En la práctica, algunos tribunales han instaurado un sistema de “reclamación de fallo”, que no es más que la solicitud mediante instancia, dirigida al tribunal, a fin de que se decida el caso de que se trate. A tales efectos, la costumbre ha sido dar curso a aquellas solicitudes hechas respecto de casos que real y efectivamente tienen más de noventa días sin resolver. Esto así, ya que hay casos en que se solicitan fallos aun cuando están abiertos los plazos para fines de depósito de escritos justificativos o, en casos menos extremos, cuando todavía el tribunal se encuentra dentro del tiempo legal para decidir. 

 

El artículo 141 indica cuáles son los miramientos mínimos que debe tener una sentencia para ser válida, visto: “La redacción de las sentencias contendrá los nombres de los jueces, del fiscal y de los abogados; los nombres, profesiones y domicilios de las partes; sus conclusiones, la exposición sumaria de los puntos de hecho y de derecho, los fundamentos y el dispositivo.“

 

Es importante comentar que algunos tribunales, para evitar que se lentifique el proceso innecesariamente, respecto de las sentencias preparatorias, encaminadas a instruir pura y simplemente la causa, ordenan la ejecución provisional, sin fianza, de las mismas; utilizando como fundamento legal el artículo 130.10 de la Ley No. 834, conforme al cual, en suma, las decisiones que disponen alguna medida de pura sustanciación del proceso son ejecutorias de pleno derecho.

 

Con esto se evitan chicanas como recurrir en apelación una sentencia preparatoria que se limite a disponer una comunicación de documentos, y luego proponer el sobreseimiento del proceso sobre la base del efecto suspensivo de dicho recurso ordinario: evidente táctica dilatoria que, desafortunadamente, tuvo eficacia alguna vez, cuando los tribunales interpretaban que no era facultad de ellos decidir sobre la procedencia del recurso, siendo facultad exclusiva de la corte calificar su decisión y consecuentemente decidir la apelación. Lo cual es cierto, pero era poco inteligente en ese caso obviar el consabido artículo 130.10 que vino a resolver esta barbaridad procesal. Desafortunadamente, este texto incurso desde el 1978 en nuestra normativa procesal, no había sido descubierto por algunos tribunales hasta hace a penas unos años.

 

Para ampliar sobre lo que es la sentencia, como acto jurisdiccional, así como los diferentes tipos que existen de ésta, nos remitimos a las consideraciones desarrolladas en el apartado sobre la sentencia y los recursos de este trabajo.

 

 



[1]               Como sería una nulidad de acto de avenir o de audiencia; o la declaratoria de mal perseguida la audiencia, etc.

[2]               Si revisamos el Código de Procedimiento Civil, desde su libro II, título I, se refiere a los tribunales de primera instancia, pero ese título I de dicho libro, modificado por la Ley No. 5119 del 4 de mayo del 1959, que inicia con el artículo 48 (modificado por la Ley No. 845 del 15 de julio del 1978), trata es del embargo conservatorio como medida preventiva para tutelar un crédito en caso de no contar con un título ejecutorio, lo cual si bien es competencia de los tribunales de derecho común, no se corresponde con el procedimiento contencioso, sino que es relativo a las atribuciones graciosas de dicho tribunal. Es por eso que para fines de este capítulo iniciamos el estudio a partir de los emplazamientos (Art. 59 y sgts.), que es como propiamente principia todo proceso contencioso.

[3]               La octava franca es el plazo mínimo, por lo que no es posible perseguir audiencia antes de que se cubra ese tiempo, pero el plazo máximo serían los tres años de la perención. Pero, ojo, resulta que la perención no opera de pleno derecho, por lo que si aun transcurriendo tres años nadie demanda la perención, y luego de vencido ese tiempo para perimir la instancia se interrumpe la misma mediante la ejecución de algún acto procesal, en este caso una solicitud de fijación de audiencia, el emplazamiento persistiría vigente y funcionaría válidamente para iniciar un proceso. Es decir, que perfectamente pudiera ocurrir que un acto instrumentado 5 o seis años atrás, si nadie ha demandado la perención, sea válido. En todo caso, la prescripción veinteñal sería la aplicable; pero siendo la prescripción un medio de defensa de interés privado, salvo cuando raye con el orden público, debe invocarse; no pueden los jueces hacerlo de oficio (el anteproyecto sí permite que los jueces adopten oficiosamente todos los fines de inadmisión). Por todo lo anterior, no compartimos el criterio de algunos tribunales de mandar a reiterar el emplazamiento en caso de que sean “viejos”; si no se ha demandado la perención, y en el tiempo para cuando se demande no se ha notificado ninguna constitución de abogado, lo propio es dar como válido el emplazamiento, sin importar que se haya instrumentado en el 2007, por ejemplo, y se persiga audiencia en el 2011.

[4]               Esta solución creada en la práctica, ya que no está prevista en la ley, aplica es cuando impropiamente se persigue audiencia en momentos en que las condiciones procesales no están dadas. Por ejemplo, el pedir fijación de audiencia cuando aún no ha cesado la causa de un sobreseimiento; perseguir audiencia por ante una sala de alguna cámara civil y comercial que no corresponda, etc. En estos casos se requiere al tribunal que proceda a asignar un día para celebrar la audiencia, pero no se verifica una violación a algún derecho procesal propiamente, como ocurriría en el caso de perseguirse audiencia antes de vencer la octava franca. Por eso es que cuando se fija audiencia antes de que venza el referido plazo, lo que se produce en buen derecho es la nulidad de la audiencia.

[5]               Como hemos dicho y en otra parte de este libro, el Anteproyecto que está circulando al momento de redactarse estas líneas, reduce este plazo a sólo un año. No obstante, en las discusiones entabladas entre los comisionados redactores y distintos sectores del área procesal civil, se ha barajado insistentemente la posibilidad de fijar un tiempo ecléctico entre las disposiciones del actual CPC y el ACPC: 2 años.

[6]               Revisar el contenido de este principio en el apartado sobre la utilidad práctica de los principios rectores del proceso civil.

[7]               Puede pasar lo contrario, que el demandado –lejos de querer que se conozca rápido el asunto- deseen que dure para conseguir el dinero de la deuda, etc. Pero hay demandas que a todas luces no tienen méritos, y en esos casos es que tienen interés en que “pase rápido” el asunto. En ese ánimo es que emplean esta estrategia.

[8]               Cas. Civ. No. 08 del 16 de junio de 2004, B.J. No. 1123, p.p. 171-177.

[9]               Básicamente, todo lo que la ley indique que debe contener un acto determinado es de forma y, por ende, en caso de no incluirse tal o cual mención, la nulidad que pudiera generarse sería de forma, no de fondo. Una nulidad de fondo, propiamente, es aquella que se produce como secuela de algo que afecta a alguna de las partes o al ministerial actuante, como sería una incapacidad por minoría de edad, por el estado de sub iudice, etc. O bien, en cuanto al ministerial, que el mismo no ostente tal condición, o que haya estado suspendido al momento de redactarse el acto, etc. En estos casos, como es bien sabido, no habría que probar agravio, ya que se trataría de una nulidad de fondo, la cual no requiere agravio y puede ser peticionada en todo estado de causa.

[10]             Este artículo 69.7, además que ante el fiscal, manda que se fije el emplazamiento en la puerta del tribunal que deba conocer la demanda. En la práctica, muchas veces no se fija en la puerta del tribunal y, no obstante, algunos tribunales dan como bueno y válido dicho trámite de emplazamiento, sobre la base de que tal fijación es obsoleta y no contribuye en una medida considerable con la publicidad deseada. Particularmente, confesamos ser adeptos de la escuela positivista en este caso, e interpretamos que por seguridad jurídica, si se trata de un mandato legal, por qué no acatarlo?

[11]             El registro, básicamente, lo que persigue es hacer oponible el acto a terceros.

[12]             En buen derecho, los alguaciles son los que están llamados a redactar ellos mismos los actos que notifican. Sin embargo, desafortunadamente, en la práctica son los abogados que redactan los mismos y los facilitan a los alguaciles para que lo notifiquen.

[13]             Cas. Civ. No. 2 del 4 de febrero de 2004, B.J. No. 1119, p.p. 76-82.

[14]             Cas. Civ. del 30 de mayo de 2001, B.J. No. 7086, p.p. 158-164.

[15]             Ley denominada de esa manera en honor a los apellidos de los dos legisladores que la propusieron.

[16]             LUCIANO PICHARDO, Rafael. De las astreintes y otros escritos, 2da. Edición, p. 502.

[17]             GERMÁN MEJÍA, Mariano. Vías de Ejecución, Tomo II, p. 299

[18]             Sucede con frecuencia que estudiantes de derecho y, peor aun, personas ajenas totalmente a las ciencias jurídicas usurpan la calidad de abogado (siendo la usurpación de funciones  algo inconstitucional) y suben a litigar ante los tribunales. Asimismo, ocurre que abogados cuyo exequátur está suspendido pretenden, no obstante, postular. Es en esas atenciones que el Presidente de la Suprema Corte de Justicia, a requerimiento del entonces presidente del Colegio de Abogados,  mediante oficio requirió a los tribunales inferiores que soliciten a los abogados el carnet del Colegio antes de permitirles postular. Y en caso de que algún letrado, libre y voluntariamente, no desee formar parte de tal gremio, por la razón que fuere, entonces que pruebe no solamente que es abogado, mediante el título universitario correspondiente, sino que está autorizado para ejercer la profesión, lo cual se logra mediante el decreto que le haya otorgado el exequátur. Desafortunadamente, dicha medida de prevención no se implementa en todos los tribunales, pero al menos en el Distrito Nacional algunos sí lo hacen.

[19]             “…un contrato de cuota litis … se trata de un mandato ad-litem propiamente calificado que obliga a las partes contratantes…”: Cáms. Reuns. No. 17 del 23 de agosto de 2006, B.J. No. 1149, p.p. 125-134

[20]             La Ley No. 302 sobre Honorario de Abogados prevé sanciones disciplinarias contra abogados que incurran en esta práctica desleal.

[21]             Antes de la promulgación de la Ley No. 834, en el 1978, la comunicación de documentos constituía una excepción del proceso, que debía ser propuesta inlimini litis, pero luego de entrar en vigor dicha normativa pasó a ser un elemento de lealtad procesal, dejando de ser una excepción procesal. Alguno sostienen que hoy día se trata de una verdadera demanda, otros entienden que de lo que se trata es de una medida de coerción. La primera postura nos parece más correcta, ya que una “demanda” tiene sus propias particularidades que, definitivamente, no tiene la comunicación de documentos: definitivamente, esta medida se acerca más a una medida de instrucción que a una demanda, la cual implica emplazamiento, constitución de abogados, etc. 

[22]             Ver el capítulo de esta obra, sobre la utilidad práctica de las garantías y principios rectores del proceso civil.

[23]             Sentencia SCJ, B.J.752.2089

[24]             Sentencia SCJ, B.J.740.1636

[25]             Sentencia SCJ, 1ra. Cám, No. 8 del 11 de junio de 2003, B.J. No. 1107, p.p. 63-68.

[26]             Sentencia SCJ, 1ra. Cám, No. 2 del 26 de junio de 2002, B.J. No. 1099, p.p. 105-110.

[27]             Cas. Civ. No. 13 del 18 de mayo de 2005, B.J. No. 1134, p.p. 120-126.

[28]             Ídem

[29]             TAVARES, Froilán (Hijo). Elementos de Derecho Procesal Civil Dominicano, Vol. I, p. 210.

[30]             Sentencia SCJ, 1ra. Cám, dictada el 24 de abril de 2002.

[31]             Artículo 1 de la Ley No. 834 del 15 de Julio de 1978.

[32]             Ídem, Artículo 44.

[33]             Sentencia SCJ, 1ra. Cám, No. 13 del 29 de enero de 2003, B.J. No. 1106, p.p. 102-108.

[34]             Cuando la demanda incidental la interpone el demandante para adicionar algún petitorio a su demanda primigenia, se denomina demanda adicional; si la lanza el demandado para contrademandar al demandante, se llama demanda reconvencional; en caso de ser un intercero que voluntariamente quiere intervenir en el proceso, se nomina intervención voluntaria y si es una de las partes del proceso respecto de un tercero para que forzosamente forme parte de la litis, sería una demanda en intervención forzosa. Pero todas son demandas incidentales: Ver: TAVARES, Froilán (Hijo). Elementos de de Derecho Procesal Civil Dominicano, Volumen I, p. p. 307-308.

[35]             Estas serían las excepciones, los fines de inadmisión, sobreseimientos.

[36]             Ver: Cas. Civ. No. 41 del 31 de agosto de 2005, B.J. No. 1137, p.p. 372-379.

[37]             Los fines de inadmsión que están expresamente previstos en el artículo 44 de la Ley Nol 834 son: 1) Falta de calidad; 2) falta de interés; 3) la prescripción; 4) el plazo prefijado y 5) La cosa juzgada.

[38]             “…  la propia Ley No. 834-78 establece que no es necesario que la inadmisibilidad resulte de alguna “disposición expresa”…: Cas. Civ. No. 9 del 22 de mayo de 2002, B.J. No. 1098, p.p. 122-128.

[39]             Independientemente de que la Ley No. 146 denomine esa etapa como “arbitraje”, lo cierto es que –concretamente- de lo que se trata es de una conciliación entre las partes.

[40]             Doctrinariamente se denomina sentencia declarativa a aquellas decisiones que, sin declarar la inconstitucionalidad del precepto juzgado, fuerza su interpretación al espíritu de la Constitución.

[41]             Sentencia No. 549-2008 de fecha 26 de septiembre de 2008, dictada por la Segunda Sala de la Cámara Civil y Comercial de la Corte de Apelación del Distrito Nacional.

[42]             Sentencia dictada en fecha 27 de mayo de 2009 por la Primera Sala de la Cámara Civil y Comercial de la Corte de Apelación del Distrito Nacional.

[43]             Ha sido juzgado que las sentencias preparatorias solamente se apelan de manera diferida; es decir, conjuntamente con el fondo, no de manera independiente: Cas. Civ. No. 4 del 15 de enero, B.J. No. 1106, p.p. 47-51.

[44]             Ver el apartado de este libro, sobre el proceso instituido en el Anteproyecto del Código Procesal Civil.

[45]             Cas. Civ. No. 7 del 18 de agosto de 2004, B.J. No. 1125, p.p. 83-88.

[46]             Cas. Civ. No. 48 del 26 de abril de 2006, B.J. No. 1145, p.p. 285-289.

[47]             Ver: Artículo “Hermenéutica sobre la política de acumulación de los incidentes con el fondo en materia civil” de la autoría del Magistrado Edynson Alarcón, publicado en la revista Gaceta Judicial, año 13, Número 274

[48]             Es incorrecta la práctica de algunos tribunales de decidir en estrados la excepción de incompetencia, y en caso de rechazarla seguir de inmediato la audiencia, ya que en ese caso lo procesalmente correcto es, tan pronto se dicte la decisión incidental, fijar una nueva audiencia posterior, a no menos de quince (15) días, para fines del Contredit o Impugnación, por si la parte perdidosa quisiere impugnar dicha decisión. La sentencia que no considere el correspondiente plazo para el Contredit es anulable. 

[49]             Ver en el capítulo de este libro, sobre la utilidad práctica de los principios rectores del proceso civil, lo atinente al principio de contradicción, específicamente la parte sobre la dinámica del contradictorio.

[50]             Sentencia SCJ, 1ra. Cám, del 23 de junio de 1999, B.J. No. 1063, p.p. 275-282.

[51]             Sentencia SCJ, 1ra. Cám, del 21 de marzo de 2001, B.J. No. 1084, p.p. 148-153.

[52]             Sentencia SCJ, 1ra. Cám, del 17 de abril de 2002.

[53]             Sentencia SCJ, 1ra. Cám, del 15 de enero de 1998, B.J. No. 1046, p.p. 140-149.

Luz de Sombra (Fragmento novela)

Luz de Sombra

                                                                                    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO I

El hecho fatídico

Eran las seis y treinta minutos de la tarde de aquel día nublado, a principios  del mes de mayo del año 1944, cuando se produjo aquella fatídica emboscada en la Avenida Independencia de San Pedro de Macorís, una localidad ubicada al este de la República Dominicana, en el mismo corazón del Caribe.

El chofer del taxi salvó milagrosamente su vida; desafortunadamente, Alondra, la desventurada  Alondra…

En esta vida todo tiene una razón de ser. Aun los enigmas tienen una explicación, independientemente de que ésta no sea conocida. Pero en el caso de las damas a las que por infortunio les ha correspondido nacer en una nación tercermundista y, para colmo, en el núcleo de una familia sin recursos económicos y establecida en una zona marginada provinciana, es clara la causa de la casi irremediable tendencia a practicar el oficio más antiguo para adquirir el sustento diario.

Alondra es justamente una de estas desdichadas damas. Pero al margen de su desgracia, al menos contaba con una anatomía llamativa, que atraía comúnmente la atención de los señores del pueblo. Era una mulata de pelo negro largo y cuerpo esbelto, pero de pronunciadas caderas.

Ella tenía a su cargo el sustento de su hogar. Su padre era una persona de unos seis pies de estatura y de edad avanzada; estaba pensionado de las Fuerzas Armadas del País. Era un individuo obeso, de tez oscura, pelo crespo y de estrictos métodos para educar a sus hijos, que con Alondra, quien era la menor de todos, sumaban trece.

Su madre era una persona delgada y de baja estatura, aproximadamente veinte años más joven que su padre. Era de piel trigueña y de pelo lacio. Por haber empezado a dar a luz desde muy temprana edad y por un largo período, no tuvo oportunidad de asistir a la escuela y, por tanto, con un marcado sentimiento de dependencia económica, era sumisa a las directrices trazadas por el “hombre de la casa”.

Los hermanos de Alondra no asistieron ninguno a la escuela. Eran, a parte de ella, seis varones y seis hembras. Sólo uno de ellos fue inscrito en la academia militar para seguir los pasos de su anciano padre, pero éste no cumplió con los rigores mínimos de disciplina y desertó, yéndose a la calle, igual que los demás hermanos, a dedicarse a hacer algunos trabajos, no siempre dentro del marco de la ley, para obtener su sustento diario.

Las seis hermanas casaron con hombres machistas que las tenían en la casa sin oportunidad de desarrollo alguno. De los varones, algunos se establecieron en el país y otros emigraron a probar suerte en suelo extranjero. Pero todos abandonaron el hogar familia, a excepción de Alondra.

“ElHoyo Cundil”  era el nombre del barrio donde vivía Alondra. Estaba ubicado al lado de un residencial donde habitaban personas de clase social media alta; la diferencia en las condiciones de vida en ambos lugares era muy marcada. Pero esa cercanía de dos barrios de tan diferentes realidades económicas, facilitaba la captación de clientela asidua de aquellos servicios de amor por paga. 

Alondra no tenía en su acervo valores y principios que provocaran en su ser vergüenza por dedicarse a esa actividad tan mal vista socialmente. Y es que ser la más pequeña, sus padres ya mayores, sin mucha fortaleza, descuidaron su educación, la que –por demás- no es que haya sido la mejor en relación a sus hermanos mayores.

Durante los años de juventud de Alondra, la nación sufría los estragos de una dictadura que duraría finalmente treinta y un años. Toda su vida discurrió bajo las sombras del régimen; no supo lo que era vivir en democracia.

Una mañana cualquiera del mes de abril del año 1943, una amiga de Alondra que también se dedicaba a ofrecer caricias por paga, la visitó a la casa donde vivía con sus padres y le digo –Alondra, cámbiate, que dentro de poco se estará celebrando una actividad donde irán muchos clientes. Hoy es nuestro día, cuero.

Alondra al instante respondió –Excelente, cuero, ahora mismo me pongo la faldita más corta que tenga para llamar la atención de esos clientes poderosos que dices.

La actividad a la que se refería la amiga de Alondra la había organizado el hijo del dictador, a quien le gustaba practicar polo con sus amigotes, alardeando constantemente de los caballos de raza que tenía en la finca familiar, en las afueras del pueblo.

Los laterales de aquella finca estaban cercados con alambres de púa, lo que permitía ver hacia la periferia con facilidad. En efecto, la figura de Alondra, que destacaba al lado de la de su amiga, quien no era tan agraciada físicamente, llamó poderosamente la atención del hijo del sátrapa. Al verla, se desmontó abruptamente de su caballo, pidió un receso en el juego de polo y se acercó diciendo –Hola, joven. ¿Qué hacen tan distantes? pueden pasar ambas, que aquí no mordemos. Justamente, estoy con unos amigos ingiriendo algunas bebidas alcohólicas y fumando buenos puros, están invitadas.   

La veterana Alondra, como parte de su estrategia, al advertir que el joven pretendiente desconocía su pedigrí de la vida alegre, optó por fingir inocencia y, tímidamente, respondió –Caramba, no sé… qué pensarán ustedes, es que no nos conocemos… Su interlocutor respondió –Insisto, acompáñenme, son mis invitadas.

Alondra y su amiga se habían salido con la suya. Lograron entrar a la actividad, nada más y nada menos que invitadas por el anfitrión de la misma. Una vez dentro de la finca, el joven y apuesto anfitrión las introdujo, presentándoselas a sus amigos, que en total eran ocho hombres y tres mujeres, compañeros todos de la universidad.

La amiga de Alondra, con el designio predeterminado de definir alguna estrategia, le pidió que la acompañara al baño. Alondra esperó unos minutos hasta recibir el trago que le había ya ofrecido el anfitrión del encuentro y, enseguida, con trago en mano se disculpó y marchó con su compañera de andanzas al sanitario.

Una vez solas, Alondra se adelantó y dijo –Amiga, debo decir que el joven que me ha servido el trago que estoy ahora disfrutando, quien, dicho sea de paso, es el propietario de toda esta propiedad, me agrada. No voy a revelarle mi oficio; prefiero conquistarlo y así salir de la pobreza, dándome la mejor de las vidas disfrutando de opulencias y amando a un verdadero hombre, un muñeco.

La amiga, atónita al escuchar esas palabras tan inusuales en Alondra, quien por norma general tenía sexo con personas para recibir una retribución, exclamó –Cuero, ¿tú te estás volviendo loca?, ¿Tú crees que estamos en una novela donde la típica mujer pobre se encuentra con el clásico galán adinerado y viven felices por siempre? Bájate de esa nube. Estás hablando del hijo de un dictador, de un asesino que no tiene ningún tipo de contemplación para quitarle a vida a quien sea; y más a ti que no tienes apellino sonoro ni dinero. Olvídate de eso, o ponemos claras nuestras tarifas desde el inicio o dejamos esto aquí mismo y nos largamos de inmediato.

Alondra insistió y advirtió a su amiga sobre su firme convicción de no revelar su verdadera ocupación, dijo –Amiga… sabes que te aprecio y he andado contigo muchos caminos inseguros de la vida; casi nunca te he contradicho, pero ahora lo siento… me voy a quedar contigo o sin ti. Y lo haré sin decir nada sobre mi pasado.

–Estás loca, conmigo no cuentes. –Respondió la amiga.

Efectivamente, del baño salieron ambas, excusándose la amiga fingiendo un dolor de cabeza y marchándose casi al instante. Ninguno de los hombres insistió para que permaneciera en el lugar, ya que, a diferencia de Alondra, la amiga no tenía muy buenos atributos físicos que digamos.

Todo pintaba de colores para Alondra: logró entrar a la finca, aparentando ser pura casualidad que estuviera por esos alrededores, y sin que nadie se enterara de su real oficio. Luego consiguió estar a solas con aquel joven apuesto que la cautivó desde un inicio.

Esos buenos momentos, igual que dos cubos de hielo en un vaso de licor, se consumieron con rapidez; y es que –súbitamente- el tirano se apareció en la finca con una muy reducida escolta. Al parecer había olvidado que temprano en la mañana su hijo le había solicitado que le prestara la finca para ir con sus amigos a practicar su deporte favorito, el polo.

Al momento preciso de apersonarse el sátrapa, su hijo y Alondra estaban en el jardín delantero de la cabaña de la finca, y estaba punto de producirse un primer beso. El padre del nuevo pretendiente de Alondra quedó prendado de los ojos de ella. Fue una especie de amor a primera vista; tan pronto la vio, ejerció su patria potestad sobre su hijo, casi ordenándole que fuera con sus amigos y lo dejara a solas con la dama que prácticamente podía ser su nieta.

En efecto, disgustado, pero obediente, el joven que hasta ese instante fue pretendiente de Alondra, abdicó de sus pretensiones y fue con sus amigos. Esa fue la primera y la última vez que la vio.

El tirano continuó viéndose con Alondra, quien los primeros días sufrió por no volver a encontrarse con el hombre que realmente le había cautivado, pero con el tiempo se acostumbró y empezó a aceptar las prebendas obsequiadas por aquel señor poderoso que casi le triplicaba la edad. En definitiva, la vida la había habituado forzosamente a prestar su cuerpo para recibir una remuneración que le permitía subsistir. 

Nunca confesó sus antiguas andanzas por las malas artes del amor por papeletas. El tirano jamás sospecharía al respecto, pues estratégicamente Alondra fingía una timidez que realmente no era consustancial a su personalidad extrovertida y aguerrida; todo con el firme propósito de continuar percibiendo beneficios económicos a cambio de prestar su piel con un poco de sudor y saliva.

Transcurrieron unos seis meses de encuentros de sábanas clandestinos entre Alondra y el poderoso Dictador, a espaldas de la esposa de este último, quien era una señora de clase social alta, pero sin mucho brillo intelectual. Como consecuencia de saber que su esposo le era recurrentemente infiel, era muy dada al chisme y, en ese ámbito, contaba con amistades que la mantenían siempre informada sobre las generales de las amantes de su marido.

Durante el sexto mes de estos encuentros apasionados, la esposa del sátrapa se entera por conducto de una de sus fieles amigas, de que era con Alondra con quien en los últimos tiempos su esposo se estaba viendo a escondidas, siéndole infiel. 

De inmediato investigó el historial de Alondra y le reclamó duramente a su esposo. Exclamó –¡Por Dios, no te conformas con humillarme acostándote con otra, lo haces con una mujerzuela de la vida alegre; eres un degenerado!. Por si no lo sabías, esa jovencita con la que te has estado acostando los últimos meses, es la prostituta del barrio “El Hoyo de Cundín”, al lado de un residencial de gente decente, de buena familia. Todos conocen de su sucia reputación; prepárate… serás el hazme reír del pueblo. Con tanto poder y no eres capaz de galantear y conquistar sin pagar a una mujer que valga la pena. 

El tirano desconcertado, atribuyó esas acusaciones contra Alondra, a la entendible indignación producto de la infidelidad que evidentemente había quedado al descubierto.

Al día siguiente, no pudo el degenerado infiel concentrarse en sus habituales labores. De inmediato contactó a sus agentes de investigación y ordenó averiguar la vida de Alondra, quien era perfectamente conocida por sus guardaespaldas, ya que en los últimos tiempos era sólo con ella que se la pasaba en la cabaña de su finca, ubicada en las afueras de la ciudad. Antes de cruzarse Alondra por su camino, las mujeres que le acompañaban en sus momentos de perversión variaban casi a diario.

Llegó el informe, todo estaba contenido en él; había más de lo que la propia esposa engañada pudiera imaginar. Esa investigación no sólo reveló que, efectivamente, Alondra era una mujer de la mala vida, sino que ésta tenía ya unos meses de embarazo del tirano.

Estupefacto con la información, el sátrapa manda a cerrar la puerta de su despacho, situado en el Palacio Presidencial de la nación. Ordena a Anneo, su colaborador más cercano, que cierre la puerta. Una vez aislados, sólo él, Anneo y dos de sus agentes militares de confianza, expresa –Carajo, esto no puede trascender. Nadie puede saber que voy a ser padre de un bueno para nada, hijo de una prostituta. Eso es algo denigrante, algo que no puede ni va a pasar. ¿Entienden? Eso no puede pasar.

Así, sin pronunciar ninguna otra palabra, la escolta del dictador captó la ordenanza sutil. De inmediato pasaron los presentes a planificar la desaparición de Alondra, a fines de evitar que aquel embarazo se concretice, convirtiendo al tirano en padre de una criatura procreada con una mujer de dudosa reputación.

Anneo, quien era, además del colaborador más cercano del tirano, el estratega de muchas de las operaciones macabras que se llevaban a cabo durante el régimen, desapareciendo a todo aquel que les representara alguna amenaza en términos políticos o sociales, dijo a sus compañeros –Amigos, según mis investigaciones, Alondra pasa todos los días por un tramo inhóspito de la Avenida Independencia para llegar a su casa; eso es por las inmediaciones del cementerio municipal. Es en ese trayecto que debemos interceptarla y eliminarla. Todo se orquestó para ejecutar las instrucciones de Anneo.

Tal como fue programado, a eso de las seis y treinta, durante el mes de mayo del año 1944, colaboradores de la dictadura, trasladados en vehículos negros último modelo, interceptaron al taxi en el que se transportaba Alondra, como era usanza, para llegar hasta su hogar luego de culminar sus labores de poca tela y mucha piel.  

Al acercarse al taxi, uno de los matadores expresó –Oigan, la mujer está embarazada, le veo la panza; es un estado avanzado de gestación!. Otro de los victimarios respondió –Olvídate de todo, tenemos instrucciones precisas; o es ella o somos nosotros, procedan!.

Sólo estaban en el interior del taxi siniestrado, Alondra y el taxista. Las balas perforaron como cráteres los cristales de la parte trasera del vehículo. Apenas un disparo se efectuó al conductor, impactándolo en una pierna. El resto de los más de cincuenta balazos fueron a parar al asiento donde estaba sentada Alondra, quien perdió la vida al instante.

 -Me alegro de que hayan linchado a esa prostituta! Esa basura se había acostado ya con todo el pueblo, menos conmigo; una lacra menos.

–Al escuchar esos improperios, el cura de la parroquia del pueblo mandó a callar al instante a Papolo, un individuo con problemas mentales conocido por toda la comunidad, justamente por su alto tono de voz y por su vulgar vocabulario. Expresó el cura –Papolo, en el nombre de Dios… haz silencio, de qué rayos estás hablando?.

 –Papolo, quien además de sus problemas mentales adolecía de una pronunciada tartamudez, todo sudoroso externó –Padre, ay padre… Le dispararon a la morena prostituta de “El Hoyo  Cundil”. La rellenaron de plomo, Padre. La explotaron…”.

El padre, cuando vio el estado de Papolo, al instancia presintió que algo atroz había sucedido, pues si bien era ya conocido por todo el pueblo que este personaje pintoresco solía vocear una serie de frases inadecuadas y, por tanto, los lugareños habían perdido la capacidad de asombro  cuando de él se trataba, en este caso concreto las expresiones corporales de Papolo ponían de manifiesto la ocurrencia de un evento de gravedad. Sin dudarlo, el padre dio parte a la Policía del Pueblo, la cual –en efecto- unos breves instantes más tarde, al llegar a la escena del crimen, encontró el cuerpo de Alondra bañado en sangre. El chofer había emprendido la huída, abandonando a su pasajera en el acto.

El agente a cargo expresó –Llamen al médico legista de inmediato, esta mujer estaba embarazada, por Dios!

–En efecto, la patrulla policial contactó por la radio al legista de la jurisdicción, quien conjuntamente con el representante del Ministerio Público, se trasladó a la escena del crimen para hacer el levantamiento de cadáver correspondiente.  Pero al cerciorarse del embarazo de Alondra, el médico legista solicitó apoyo paramédico, a fines de realizar un parto de emergencia en ese mismo lugar.

CAPÍTULO II

La ocurrencia del milagro

En el escenario del crimen la labor paramédica fue titánica. Por más de dos horas estuvieron batallando para intentar salvar la criatura en el vientre del cadáver de Alondra. En la medida en que transcurría el tiempo, se iban aglutinando personas curiosas, presenciando el impresionante acontecimiento.

Súbitamente, ante los ojos de alrededor de una decena de personas, ocurrió…

Porque la vida misma es un enigma; porque la dimensión de un átomo en comparación con el grosor de un cabello humano es equivalente a un millón de átomos de carbono, y aun así la ciencia ha permitido su estudio y apreciación; porque sencillamente los milagros son eventos atribuidos a la intervención divina y no son explicables por las leyes naturales, la criatura que engendraba Alondra en su vientre vino a la luz con vida. Era una luz de vida que vino de la sombra de la muerte de su progenitora; era una verdadera luz de sombra.

–Es hembra! –exclamó el doctor que dirigía el parto improvisado. A seguidas, se produjo el primer llanto de la recién nacida, el cual provocó lágrimas de emoción en todas las personas presentes.

–La criatura ha nacido saludable, a Dios gracias… Es un verdadero milagro –sostuvo el médico.

La criatura fue trasladada de inmediato al hospital público de la ciudad. Allí le siguieron el protocolo correspondiente para mantener su estado de salud controlado, bajo vigilancia. El padre de la parroquia del pueblo se encargó de dar a los familiares la trágica noticia de la muerte de Alondra.

Como es natural, el dolor embargó el hogar de la malograda mujer. La amiga de Alondra al poco rato tomó conocimiento de la situación y se encargó de organizar un sepelio digno para aquel ser que, en las buenas y en las malas, en vida estuvo con ella desde la infancia. Así, consciente de las precariedades que tenían los familiares de su amiga ida a destiempo, asumió ella los costes y Alondra finalmente fue enterrada en el cementerio municipal.

Unos días después del entierro, la clínica contactó a los familiares de la fallecida Alondra para notificarles que ya la criatura estaba lista para el alta. Los padres, abuelos de la bebé, se apersonaron al centro hospitalario, firmaron unos formularios protocolares y llevaron consigo al retoño sobreviviente de las entrañas de Alondra.  

Milagro fue el nombre elegido para la recién nacida, producto de las precarias circunstancias en que vino a este mundo. Milagrosamente nació saludable, llena de vida.  

Con Milagro en sus brazos, y frente a un retrato de Alondra colgado en la pared de la sala, su madre dijo –Mi hija querida, donde quiera que estés, aquí tengo en mis brazos la sangre de tu sangre, un verdadero milagro. La cuidaremos y le daremos todo el amor que me faltó brindarte durante los años que restan de mi vida, porque las circunstancias han alterado la dialéctica de la existencia de los seres humanos; yo te traje al mundo, era a ti que te correspondía despedirme de él. Es más duro que una madre vea morir a un hijo, que un hijo ver partir a un padre. En todo caso duele, lo sé… pero como el dolor de una madre –créeme- no hay otra cosa. Mi hija, amando a Milagro te amo a ti, porque ella es sangre de tu sangre y, por extensión, sangre de mi sangre.

El esposo de esta madre desconsolada, un ser de muy poco hablar, desde la cocina escuchó aquellas palabras de dolor. Sin articular ninguna frase, se le acercó por detrás y la abrazó, dándole un beso en la cabeza, al tiempo de sostener delicadamente las diminutas manos de la pequeña Milagro.

Pasaron los años, y a base de mucho sacrificio los abuelos de Milagro le dieron educación y la disciplina que no inculcaron a sus hijos. Fue un reto para ellos, ya cansados por la edad madura y con serias limitaciones económicas, se propusieron hacer de Milagro una persona de bien, y finalmente lo lograron. Milagro se alfabetizó y, gracias a gestiones de su abuelo, quien era un militar en retiro, ingresó a las filas de las Fuerzas Armadas; institución que le gestionó una beca para realizar sus estudios superiores en la universidad del Estado. Se recibió de abogada con los más altos honores académicos; y para su fortuna ya en el país se permitía a las mujeres ejercer la profesión, pues unos años previos, había trascendido la noticia de que a una dama destacada por sus luchas contra el régimen, le prohibieron ejercer la abogacía, no obstante haber terminado por igual la carrera con un ejemplar índice académico.

Durante su estadía en la academia militar, Milagro mostró grandes habilidades físicas y de liderazgo. Muchas puertas se le cerraron como secuela del machismo imperante en ese medio militar y en la sociedad misma, durante la época de aquella nefasta dictadura.

El dictador, con el paso de los años, perdió el rastro a Milagro. Con sus constantes ocupaciones para mantener su régimen, a base de sembrar terror constantemente en el seno de la sociedad, dejó de lado sus situaciones personales, priorizando su labor como mandatario de Estado, ilegítimo por demás.

Ya como abogada, Milagro empezó a publicar interesantes artículos en periódicos de circulación nacional. Sus escritos eran básicamente sobre estrategias militares y en relación a los derechos y deberes de los cuerpos castrenses.

Sus artículos llamaron la atención de allegados al cuerpo militar del Jefe. Por sugerencia de un veterano militar muy encumbrado, se contactó a Milagro para ofrecerle un trabajo en el palacio presidencial. Al enterarse de la noticia, Milagro se llenó de alegría y aceptó sin vacilar.

-Abuela, abuela! adivine qué! -exclamó Milagro al llegar a su hogar aquel día caluroso.

–Dime, mi vida. A qué se debe tanta emoción? –respondió la abuela.

 –Es que me han ofrecido trabajo en el cuerpo militar asignado al palacio presidencial; eso es una gran cosa, abuela. Estaré directamente con el Jefe; podré crecer militarmente.

Preocupado, el abuelo de Milagro expresa –Corazón, he escuchado desde mi habitación las buenas nuevas. Me alegro por ti, pero como tu abuelo debo advertirse que, muy confidencialmente, el Jefe no es la persona recta que piensas. Sé que como militar ves en él un individuo estricto y exitoso; pero sólo quiero alertarte para que las cosas salgan lo mejor posible. Evita quedarte a solas con él y siempre duda, nunca te fíes ciegamente en ese medio. Con el tiempo entenderás mejor lo que te estoy diciendo.

 –Gracias, abuelo, valoro mucho tus consejos, sé que quieres lo mejor para mí, te quiero!

Milagro, colmada de ilusión por su nueva posición, tuvo un excelente desempeño en cada tarea militar asignada. Fue desde encargada de la lavandería donde se lavaban los uniformes de los militares de la escolta del Dictador, encargada de la puerta trasera del palacio, hasta llegar a ser la encargada de seguridad de la vivienda familiar del tirano.

Ya estable en la posición y con las mejores referencias, Milagro fue ganándose la confianza del equipo del dictador. Casi nunca tenía contacto directo con él; mediante intermediarios su buena reputación llegaba a sus oídos y daba el visto bueno a cada ascenso o movimiento que se le sugería en relación a Milagro.

CAPÍTULO III

El amor de Milagro

El veterano militar que inicialmente la sugirió para que formara parte de la escolta del tirano, tenía un trato muy directo con Milagro. Ella sintió una gran atracción hacia él desde el primer momento que le vio, pero no se atrevió a externarlo por la marcada diferencia de edad que había entre ambos; además de que ella trataba siempre de comportarse lo más profesionalmente posible.   

La química entre Milagro y el veterano militar de la escolta del tirado fue consolidándose con el discurrir de los tiempos. El constante intercambio de miradas entre ellos era fuego que calentaba sus adentros. Se deseaban entre sí, pero ninguno se atrevían a decirlo.

 El evento que produjo valentía en el militar veterano para abordar a Milagro, fue el acercamiento a ella que, súbitamente, un día cualquiera tuvo un joven y apuesto militar que también trabajaba en la escolta de la residencia del tirano. Por celos y algo inseguro, dada la diferencia de edad y la posible desventaja que tenía ante la juventud de aquel nuevo rival, el veterano militar contactó a Milagro sutilmente, y le dijo –Milagro, necesito hablarte. En la hora del almuerzo nos vemos por el lago donde están los patos.

 –Muy bien, allá nos vemos –respondió.

No pasó ni media hora desde que aquel joven y apuesto militar se le insinuara a Milagro, cuando éste fue trasladado para la escolta de seguridad del jefe en una de sus haciendas, en las afueras de la ciudad. Nunca supo a qué se debió tal inesperado traslado. La verdad era que el veterano militar quería asegurar su triunfo con el amor de Milagro, eliminando todo obstáculo que impidiera la consecución de tal propósito.

Al llegar la hora del almuerzo, Milagro acudió a la cita. El pretendiente, tímidamente expresó –Milagro, eres una joven muy interesante. Eres trabajadora, muy disciplinada, pero sobre todo … Debo decir, muy hermosa.

Milagro, al escuchar esa declaración de amor, intentó agradecer tales palabras, pero de inmediato sus labios fueron sellados con un apasionado e inesperado beso que le diera el veterano militar, quien estaba buscando asegurar su presa para evitar que otro prospecto se le adelantara.

-Caramba, General, no sé qué decir.

–Di que sí, que sí me darás la oportunidad de demostrarte mis buenas intenciones hacia ti. Delante de este lago y bajo ese cielo azul, te prometo un amor sincero.

 –Sí, claro que sí… acepto su promesa de amor –respondió emocionada Milagro-. Esto es algo que vengo sintiéndolo desde hace mucho. Su mirada me ha estado cautivando desde hace ya varios meses.

Pasaron los días, semanas y meses. El amor del veterano militar y de Milagro fue creciendo como el follaje de un pavo real cuando está cortejando a la hembra, lleno de colores. Los hilos de su amor iban tejiendo redes que atrapaban los corales situados en el fondo del océano que formó el néctar de sus deseos. La luna fue testigo de muchas noches de frenesí, mientras fungían como seguridad en la escolta de la vivienda del tirano. Solían aprovechar cuando todos dormían en la casa y se dirigían al patio de la propiedad, mientras el resto de la escolta permanecía en la fachada frontal.

Allá, junto a aquel lago donde por primera vez él le prometió a ella amor pleno, las caricias fueron torrentes que inundaron la cordura y la piel fue la envoltura de pasiones descomedidas que eran arcos que lanzaban flechas de amor que se clavaban en lo más profundo de su corazón.   

La pasión entre Milagro y el veterano militar llegó a un nivel tal, que ya no era posible ocultarlo. Cundió la noticia sobre ese romance, hasta que por sugerencia del Tirano, para evitar comentarios mayores, Milagro fue trasladada a un puesto militar en el centro de la ciudad, con un muy alto rango.

Esa separación no hizo otra cosa que aumentar su deseo carnal. Todas las horas libres la pasaban juntos; se complementaron tanto como pareja que decidieron mudarse juntos.

El veterano militar, cumpliendo la tradición impuesta socialmente, fue al hogar de los abuelos de Milagro a anunciar que tenía buenas intenciones con ella. El hecho de que el abuelo le llevara tantos años a la abuela convino para que la marcada diferencia de edad entre él y Milagro no constituya un obstáculo para la aprobación de la familia.

El Abuelo, sorprendido y no del todo de acuerdo expresó –Confío  en Milagro, sé que ella es muy madura y decidida en lo que quiere en la vida, pero usted sabe… Nosotros somos una sociedad muy tradicional. Todos sabemos que no es bien visto que las jóvenes de familia se muden con su pretendiente sin previo sacramento matrimonial. Para tener la aprobación y bendición de la familia, necesariamente debe casarse con nuestra querida Milagro, como Dios manda.

De inmediato miró a la abuela de Milagro, buscando aprobación y, en efecto, sin mediar una palabra, tan solo con la mirada dirigida primero al pretendiente y luego a Milagro, fijamente, dio aquiescencia a la condición planteada por el abuelo.

Cuente con eso –externó el veterano militar. –Boda desea esta familia, pues boda tendrá. Mi amor hacia Milagro es el tesoro más preciado que yace en mi corazón. Su hermosa nieta se ha adueñado de mi discernimiento como la primavera suele apropiarse de las mejores inspiraciones de los poetas. Construiré castillos de amor con ladrillos de ilusión y compuertas de comprensión y entrega plena. Descuide, señor, sé que más que abuelo usted ha sido un padre en los últimos tiempos para Milagro; también sé que usted es un militar en retiro. Siento respeto hacia su persona; aunque no le había visto personalmente, ya siento que le conocía, porque Milagro lo menciona constantemente, igual que a su abuelita. Pueden estar orgullosos, pues el amor que, por la razón que sea, no le brindaron a sus hijos, se lo han dado a su nieta. Milagro es una persona de bien, un ser con principios desde la cuna.

La abuela, al escuchar las palabras pronunciadas por el veterano pretendiente, cargadas de amor y sinceridad sobre su nieta, se echó a llorar; aclarando al instante –No te sientas mal, no has dicho nada inadecuado. Simplemente he evocado momentos difíciles en nuestra familia, pero en cuanto a sus intenciones con nuestra querida Milagro, cuenta usted con mi aprobación, y sé que también con la de su abuelo, verdad, amor?

Claro, vida. Se trata de una persona que ha evidenciado que realmente siente algo importante por nuestra querida Milagro –Respondió el abuelo.

Luego de unas horas departiendo, conociéndose mejor todos; después haber degustado varias rondas de café sembrado por el propio abuelo de Milagro, el pretendiente se marchó.

Mi adorada nieta, sabes que eres el brillo de los ojos de tu abuela y mío; nos importas más que nada en estos momentos. Pero estás realmente segura de que esa es la persona con quien  deseas formar familia –Preguntó con evidente preocupación el abuelo.

Milagro, algo desconcertada, pues en presencia del veterano militar que pretendía su amor su abuelo se había mostrado a favor de la relación, expresó –Abuelito, me sorprende esa pregunta. Pensaba que la impresión había sido positiva, pues charlamos durante un tiempo considerable y salieron a relucir muchas cosas en común entre mi pretendiente y usted, sobre todo en términos militares. Qué lo intranquiliza, dígame, que yo le conozco como la sombra al cuerpo.

El abuelo, algo nervioso y sudoroso, bajó la voz y se acercó a Milagro, tomándola de la mano, y dijo –Milagro, eres muy joven e ignoras muchas cosas sobre esta maldita dictadura en que nos ha tocado vivir. Soy militar, sí … pero no hay nada de lo que me pueda enorgullecer. He tenido que hacer cosas indebidas por imposiciones. Si te ayudé a entrar a las filas de esta institución es porque vi en ella una oportunidad de estudiar una carrera profesional, como en efecto has hecho. Si me preguntas, te suplicaría que te dediques a tu profesión y dejes atrás la milicia y todo lo que ello implica; de del ejército obtuvimos lo que necesitábamos.

Milagro, más confundida aún, mira a su abuelita, quien se había quedado unos pasos atrás cuando el abuelo se acercó a ella para exponerle su desacuerdo con la relación, le pregunta –Abuelita, pero por qué el abuelo me dices estas cosas; por qué ahora, si no he hecho otras cosa que desarrollarme sentimentalmente. Es que acaso no les agrada la idea de que yo me independice y abra tienda aparte, qué está pasando?

El abuelo sostuvo con mayor firmeza las manos de Milagro e insistió diciendo –Milagro, no hay cosa que nos alegre más a tu abuela y a mí que encuentres tu felicidad; que formes tu familia que, en definitiva, será también la nuestra. Es que ese pretendiente, además de ser mucho mayor que tú, es un colaborador muy cercano del Dictador. Ha de tener una lista muy negra en su haber. Sinceramente, no me consta ninguna acción oscura que pueda endilgársele directamente, pero muchos de esos asesinatos que tanto repudiamos como sociedad, alguno ha de ser su hechura, pues es un secreto a voces que él es un gran estratega, pero desafortunadamente, las circunstancias lo han llevado a ser un estratega del mal, de la mano del tirano que tanto daño le ha hecho a esta patria. La aprobación que viste de nuestra parte fue más por temor que por otra cosa.

La abuela, con los ojos lagrimados, externó –Deja que nuestra nieta viva su propia vida. No podemos cargar con ellas nuestros temores. Esa persona me pareció que quiere a nuestra Milagro; ella se merece ser feliz. Yo le doy mi bendición y te ruego que le des la tuya, querido compañero.

Milagro abrazó a su abuela y le dio un beso en la frente. Luego abrazó a su abuelo y le miró fijamente a los ojos, y le dijo –Abuelito, él es un gran militar, créeme. Y sobre todo, me ama; me ama con todo su corazón; qué más puedo pedir a la vida? Necesito tu bendición, tú y abuela son los pilares donde todo estos años a reposado mi corazón, mi vida.

Nieta querida… mi amada Milagro. Si eso es lo que te dicta tu corazón, cuenta conmigo. En estos pocos años que me quedan de vida, no quiero más que verte feliz. Te doy mi bendición –dijo resignado el abuelo a su nieta.

Los tres, los abuelos y su nieta, se abrazaron en el medio de la sala de su humilde hogar y todos se confundieron entre besos y caricias tiernas.

Al cabo de unas semanas, el veterano militar organizó una velada matrimonial a los más altos niveles. A esos fines gestionó el club del ejército y la banda de dicha institución. Desafortunadamente, la boda tuvo que ser pospuesta por unos meses, ya que inesperadamente el abuelo de Milagro sufrió un infarto en el miocardio y falleció mientras dormía durante la madrugada de un día muy lluvioso.

Las malas lenguas aseguraban que le muerte súbita del abuelo de Milagro, en gran medida, fue secuela del tormento que produjo en él, quien conocía perfectamente el proceder de los militares en aquellas época de dictadura, el saber que su nieta se fuera a matrimoniar con alguien que, por su cercana relación con el tirano, no había forma de que estuviera libre de culpa respecto de muchas acciones indebidas durante el régimen. El abuelo era un militar que, para su pesar, fue forzado a torturar a enemigos del sistema y eso le amargó durante toda su vida.

 

Pasó el tiempo, y se fijó nueva fecha para el matrimonio. La abuela, aunque con muy avanzada edad, asistió para apoyar y dar su bendición a Milagro, quien no tenía otra familia cercana; casi todos los invitados eran de parte del veterano militar.

Se matrimoniaron por la ley, incluyendo en la ceremonia unos minutos de silencio en honor a la memoria del amado abuelo de Milagro. El silencio lo rompió la abuela, exclamando –¡Amén! Tu abuelo está ahora en el cielo, bendiciéndote desde el más allá. Él te amó profundamente durante toda su vida; yo que estuve con él más de la mitad de mi vida y, por tanto, lo conocí más que nadie, te puedo asegurar que él era débil contigo, eras su niña mimada, aunque no te lo expresara constantemente, pues –como sabes- no era de mucho hablar. Que siga la fiesta, que él ha de estar mejor que nosotros mismos en estos momentos, disfrutando de la gloria de Dios.

¡Amén! –Exclamaron casi al unísono muchos de los presentes. Y en efecto, continuó la ceremonia.

Luego de casi una hora de solemnidad en el medio del salón, frente al oficial del estado civil a cargo del matrimonio, la música en vivo de la banda del ejército sorprendió amenizando el primer baile de los esposos.

Aquel vals puso a soñar con los pies a la pareja enamorada, la cual bailó toda la pieza mirándose fijamente a los ojos, evidenciando ante todos la entrega plena del uno hacia el otro. Finalizado el vals, inició el repertorio de música bailable, integrándose a la pista todos los invitados.

Fue una celebración cargada de emociones. Momentos de nostalgia, llenos de recuerdos de personas queridas que ya habían dejado de existir, como Alondra y el abuelo de la novia, y momentos de alegría plena producto del regocijo por la unión de la pareja que recién comenzada una nueva etapa en sus vidas.

Los invitados estuvieron hasta la madrugada disfrutando de las mejores bebidas y de la mejor comida. Los novios rompieron el protocolo y, en vez de marcharse primero del salón, permanecieron hasta el final departiendo con los invitados.

La abuela de Milagro, por su avanzada edad, se marchó a su hogar casi inmediatamente después de culminar la pieza de vals bailada por los novios. Significó mucho para Milagro que su abuelita, quien era prácticamente la única familia cercana que tenía, estuviera con ella en ese momento tan especial de su vida.

En la medida en que la llegada del alba ocultaba las estrellas oriundas de la noche, los invitados comenzaron a marcharse a sus hogares, satisfechos por la opulenta velada. La pareja fue la última en abandonar el lugar. Se quedaron solos a esperar el sol, obnubilados por la magia de su amor.

Tràmites extrajudiciales y el principio de acceso a la justicia (Artìculo jurìdico)

TRÀMITES EXTRAJUDICIALES Y EL PRINCIPIO DE ACCESO A LA JUSTICIA

EN EL MARCO DE LA SENTENCIA TC/0085/13 DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

Por.: Yoaldo Hernández Perera

(Edición de Gaceta Judicial de agosto 2014)

RESUMEN

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La jurisprudencia ha sido errante en torno al carácter obligatorio de tramitaciones extrajudiciales instituidas en leyes especiales. Por un lado, se sostuvo que esos trámites no debían ser imperativos, pues violarían el principio de acceso a la justicia y, en otro sentido, se estatuyó confiriendo un carácter de obligatoriedad de dichas tramitaciones. Pero de manera más reciente, se ha venido interpretando que el Tribunal Constitucional se ha inclinado por sostener que una tramitación extrajudicial previa no viola el citado principio de acceso a la justicia, y por aplicación del principio de vinculatoriedad instituido en el artículo 7.13 de la Ley No. 137-11, los preceptos emanados de esta última alta corte son vinculantes a los tribunales inferiores.

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PALABARAS CLAVES

Trámites extrajudiciales, leyes especiales, Constitución, acceso a la justicia, jerarquía, jurisprudencia ordinaria, Tribunal Constitucional, principio de vinculatoriedad, interpretación extensiva, procedimiento civil, fin de inadmisión, República Dominicana.

Existen leyes que prevén tramitaciones extrajudiciales, previo al lanzamiento de demandas en sede judicial, tales como la Ley No. 146-02, sobre Seguros y Fianzas, Ley 172-13 (derogatoria de la Ley No. 288-05) sobre Burós de Crédito, Ley No. 173 sobre Agentes Importadores; Ley No. 358-05, General de los Derechos del Consumidor o Usuario, etc.

 Ha sido controvertida la cuestión de saber si este tipo de tramitaciones choca con el principio constitucional de acceso a la justicia. En el caso concreto de la materia de seguros, la Suprema Corte de Justicia sostuvo en primer término que la etapa de arbitraje[1] prevista en la Ley No. 146-02 no afecta el acceso a la justicia de las personas, sino que regula su derecho de acción, logrando descongestionar los tribunales, pues eventualmente las partes llegan a un avenimiento[2]. Sin embargo, un año después el criterio de nuestro máximo órgano del Poder Judicial varió, sosteniendo que la consabida fase previa y extrajudicial no debe ser imperativa, pues de imponerse a las partes sí habría una violación al principio de acceso a la justicia, el cual tiene rango constitucional[3].

También en materia de Ley No. 288-05, hoy derogada por la Ley No. 172-13[4], existen precedentes que se inclinan por declarar inconstitucional, por la vía difusa, la etapa previa y extrajudicial instituida antes de cualquier demanda ante la justicia ordinaria, en reclamación a los Burós de Crédito por publicaciones crediticias; criterios estos fijados tanto a nivel de cortes de apelación[5] como de Suprema Corte de Justicia[6].

La discusión sobre el carácter obligatorio de las tramitaciones extrajudiciales instituidas en leyes adjetivas ha sido ya abordada, incluso en artículos previos publicados en esta misma revista. En esta discusión, particularmente, hemos externado nuestra inclinación por el criterio que promueve la insostenibilidad del carácter imperativo de estos trámites, por chocar con el principio constitucional de acceso a la justicia. El punto novedoso que agrega un nuevo elemento al debate es el criterio externado por el Tribunal Constitucional, mediante Sentencia TC/0085/13, dictada con ocasión de una demanda lanzada a la luz de la Ley No. 173 sobre Agentes Importadores.

En esta sentencia, la referida  alta corte ha interpretado que el hecho de que la Ley No. 173 establezca una fase de registro del contrato ante el Banco Central, así como una conciliación ante la Cámara de Comercio y Producción correspondiente, previo a la demanda en sede judicial, en nada viola la tutela judicial ni la consecuente prerrogativa de acceso a la justicia de que son acreedoras las personas, ya que –a juicio de este tribunal-  ese trámite no impide el ejercicio del derecho de acción en los tribunales ordinarios, una vez se cumplan las condiciones requeridas legalmente, a saber:

 

“(…) La empresa accionante señala en su escrito introductivo que las disposiciones del artículo 10 de la Ley No. 173, sobre Agentes Importadores de Mercaderías y Productos, vulnera su derecho fundamental a la tutela judicial efectiva, lo cual, a juicio de este tribunal, constituye una aseveración jurídicamente incierta, en vista de que el referido artículo dispone que los agentes o distribuidores concesionarios deben registrar con carácter obligatorio los datos de las empresas extranjeras en cuyo nombre actúan como representantes dentro del territorio nacional, así como el plazo en el cual ha de realizarse dicho registro, a fin de legitimar la libertad de comercio que surge de un contrato de concesión suscrito entre ambas partes, requisito, que en nada perjudica a la accionante en cuanto al acceso al sistema de acciones y mecanismos jurisdiccionales que supone el derecho a la tutela judicial efectiva (…) el artículo 7 de la atacada Ley No. 173-66, sobre Agentes Importadores de Mercaderías y Productos, modificada por la Ley No. 622, de fecha veintiocho (28) de diciembre de mil novecientos setenta y tres (1973), establece los mecanismos y condiciones requeridas para ejercer cualquier acción interpuesta de conformidad con dicha ley; prescribe que en caso de conflicto, previamente será solicitada a la Cámara de Comercio y Producción que conozca sobre la conciliación entre el concedente y el concesionario y en caso de que en la etapa conciliatoria sea levantada acta de no acuerdo, se procederá con la demanda, la cual, al igual que las demás acciones sucesivas, estará regida por el derecho común, siendo protegido de este modo el derecho a la tutela judicial efectiva. (…) al preceder a la inscripción de datos, el concesionario queda habilitado para acceder válidamente a la etapa conciliatoria ante la Cámara de Comercio y Producción correspondiente y eventualmente acceder a los tribunales civiles a reclamar los derechos derivados del referido artículo 7 de Ley No. 173-66 y sus modificaciones[7]. (Subrayado del autor)

 

El precedente esbozado ut supra, el que por aplicación del principio de vinculatoriedad instituido en el artículo 7.13 de la Ley No. 137-11 (Modificada por la Ley No. 145-11), Orgánica del Tribunal Constitucional y de los Procedimientos Constitucionales, se impone a los tribunales inferiores, ha venido siendo invocado extensivamente en los procesos judiciales, respecto de fases previas y extrajudiciales instituidas en otras leyes especiales, tales como la Ley No. 146-02, Ley No. 172-13 (derogatoria de la Ley No. 288-05), etc., y se ha hecho aludiendo el carácter vinculante de las decisiones Tribunal Constitucional.

 

El ejercicio hecho por algunos letrados consiste, en acopio de una interpretación extensiva, en interpretar que toda fase previa y extrajudicial consignada en leyes adjetivas debe equipararse para los fines de estudiar la posible vulneración del principio de acceso a la justicia; que independientemente de que cada ley rige para un área particular, el test de razonabilidad en estos casos, por versar sobre un tema constitucional, como lo es el acceso a la justicia, es genérico.

 

Con esta tesis los demandados en las materias donde apliquen fases previas, fundamentan fines de inadmisión contra las demandas lanzadas en esas áreas en sede judicial, por falta de agotamiento de dicha tramitación extrajudicial.

 

En nuestro concepto, no es cierto que a partir del dictado de la Sentencia TC/0085/13 todas las fases previas y extrajudiciales consagradas en diversas leyes adjetivas son obligatorias. Es incorrecta la invocación del principio de vinculatoriedad del artículo 7.13 de la Ley No. 137-11, de manera extensiva. El precedente ha sido establecido en la materia concreta de Ley No. 173 sobre Agentes Importadores, atendiendo a las particularidades de ese tipo de contratación, de cara a la utilidad de la norma, la cual ha de disponer sólo para lo que sea justo y útil.

 

Cada situación, a nuestro juicio, debe ser estudiada de manera particular; con lo cual, hasta tanto se produzcan sentencias del Tribunal Constitucional que versen sobre cada materia en particular, en lo que a las fases previas se refiere, no han de estar los tribunales inferiores atados a un criterio establecido, si bien de manera vinculante, pero en relación a una situación específica. Por vía de consecuencia, en nuestro entendimiento no desconocen el ordenamiento actual las sentencias que, al margen del caso concreto de la Ley No. 173 sobre Agentes Importadores, persisten en el rechazo de medios de inadmisión basados en la falta de agotamiento de alguna fase previa instituida en una ley adjetiva, ya que esto, de concebirse como un imperativo a las partes, violaría –sin dudas-  el principio constitucional de acceso a la justicia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÌA

 

HERNÀNDEZ PERERA, Yoaldo. “Soluciones Procesales, ante los Juzgados de Paz y de Primera Instancia”, 2da. Edición. Editora Búho, SRL, 2011. Reimpresión 2014. 

 

______________ Ley No. 146-02 sobre Seguros y Fianzas en la República Dominicana.

 

______________ Ley No. 288-05, que Regula las Entidades de Intermediación Crediticia y Protección al Titular de la Información.

 

______________ Ley No. 172-13, sobre Protección Integral de los Datos Personales Asentados en Archivos, Registros Públicos, Bancos de Datos u otros Medios Técnicos de Tratamiento de Datos Destinados a dar Informes.

 

_______________ Ley No. 173 Sobre Protección de Agentes Importadores de Mercaderías y Productos.

 

________________ Ley No. 358-05, General de los Derechos del Consumidor o Usuario.

 

Sentencia TC/0085/13, dictada en fecha 4 del mes de junio del año 2013.

 

Sentencia SCJ, 1ra. Sala, del 24 de agosto de 2011 (No compendiada)

 

Sentencia SCJ, 1ra. Sala, del 29 de agosto de 2012 (No compendiada)

 

Sentencia SCJ, 1ra. Sala, del 20 de marzo de 2013 (No compendiada)

 

Sentencia dictada en fecha 27 de mayo de 2009, por la Primera Sala de la Cámara Civil y Comercial de la Corte de Apelación del Distrito Nacional.

 

 

 



[1] No es, en derecho estricto, un arbitraje lo que prevé la Ley No. 146-02, es más bien una etapa de conciliación para llegar a un punto de entendimiento en torno al monto de los daños a pagar por la aseguradora.

[2] Sentencia SCJ, 1ra. Sala, del 24 de agosto de 2011, No. 26,  B. J. No. 1209

[3] Sentencia SCJ, 1ra. Sala, del 29 de agosto de 2012, No. 80, B. J. No. 1221.

[4] Al momento de redactar estas líneas, esta Ley No. 172-13 no figura formalmente publicada en la Gaceta Oficial. La misma fue objeto de una acción principal en inconstitucionalidad, cuyo desenlace no ha llegado; probablemente esa situación ha atrasado su publicación. Pero lo cierto es que tenemos constancia de que en el ámbito bancario, ya la Superintendencia de Bancos ha dado instrucciones a las diversas instituciones de intermediación financiera, para que actualicen los formatos de contratos, incluyendo la Ley No. 172-13, en sustitución de la Ley No. 288-05, lo cual es un indicador de que se ha estado aplicando ya la reciente normativa de referencia.

[5] Sentencia dictada en fecha 27 de mayo de 2009, por la Primera Sala de la Cámara Civil y Comercial de la Corte de Apelación del Distrito Nacional.

[6] Sentencia SCJ, 1ra. Sala, del 20 de marzo de 2013.

[7] Sentencia TC/0085/13, dictada en fecha 4 del mes de junio del año 2013

Hoja de vida Yoaldo Hernàndez Perera (Resumen)

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YOALDO HERNÀNDEZ PERERA, es Licenciado en derecho, egresado de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), recinto Santo Tomás de Aquino; es egresado del programa de capacitación para aspirantes a juez de paz, impartido por la Escuela Nacional de la Judicatura. Cuenta con especialidad en teoría general del delito, de la Universidad de Salamanca (España); Especialidad de Derecho Penal, de la UASD; Maestría en procedimiento civil ante la PUCMM; Maestrías en Derecho Judicial y en Administración de Justicia Constitucional ante la ENJ; estudios de capacitación continua en Derecho Constitucional, sobre la acción de Amparo, Derecho Administrativo, Derecho Civil Sustantivo, de Sucesiones y vías de ejecución, de Sociedades Comerciales y empresas de responsabilidad limitada, ante la Escuela Nacional de la Judicatura.

Fue abogado litigante, en el ejercicio privado; Juez ante el Juzgado de Paz Ordinario de San Cristóbal; Juez ante el Juzgado de Paz Ordinario de la Tercera Circunscripción del Distrito Nacional; Juez (Interino) ante la Cámara Civil y Comercial del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Judicial de San Pedro de Macorís; Juez primer sustituto de Presidente y titular de la Primera Sala de la Cámara Civil y Comercial del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Nacional, y en la actualidad se encuentra ejerciendo funciones ante la Segunda Sala de la Cámara Civil y Comercial de la Corte de Apelación del Distrito Nacional.

En el ámbito docente, es profesor de los principios rectores del proceso civil y de los procedimientos atendiendo a las instancias, ante la Escuela Nacional de la Judicatura; de responsabilidad civil en la Universidad Iberoamericana (UNIBE); de derecho procesal civil, en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, y de las vías de ejecución mobiliaria, en la maestría de Derecho Procesal Civil impartida por la PUCMM. También es docente en la maestría de Derecho Civil y Procesal Civil, impartida por la UASD, así como de sendos programas de cursos y diplomados en materia de derecho privado.

Es autor de los libros jurídicos titulados  “Soluciones Procesales, ante los Juzgados de Paz y de Primera Instancia”, con una primera edición en el año 2008 y una segunda en el 2011, y “Los Incidentes del Embargo Inmobiliario”, con una primera edición en el año 2012 y una segunda en el 2013; “Las demandas”, en el 2015, así como “La Jurisdicción Inmobiliaria y el Tribunal Superior de Tierras (Dpto. Central) -Selección de precedentes relevantes- (2015-2017), en coautoría con el Mag. Alexis Read Ortiz.

Escribiò la novela “Luz de Sombra”, de la cual han sido publicados algunos capìtulos en este blog, asì como ensayos reflexivos, tales como “La Vejez y la Soledad”, “La Esencia de las Personas”, etc.. Tambièn versos libres, como “La Sabgre de mis Pròceres”, “Fantasìas Reales”, “Mi Poesìa Inconclusa”, “Arcoiris en Blanco y Negro”, “Los Hilos del Amor”, “Versos Libres a mi Madre Luisa”, entre otros.