Fantasías reales (Versos libres)

Fantasías reales

 

Confundo la realidad con los sueños cuando de ti se trata;

y es que disfruto tan profundamente tu compañía que parece una ilusión;

pero con similar profundidad evoco tu imagen cuando no estás a mi lado,

tanto que parecería real. Así, siendo como un sueño tu sublime compañía

y como una realidad tu recuerdo infinito, entonces lo real y los sueños

se funden en una misma percepción, a la luz de lo que por ti siento.

 

Esto que siento es de verdad, pero una verdad que es un sueño…  

Cuando padezco de tu ausencia suelo fijar la mirada al cielo;

cielo que sirve de lienzo que retrata tus ojos;

ojos cuya luminiscencia se impone ante las luces de las estrellas;

estrellas que todas juntas no consiguen igualar el brillo de tu mirada.

 

Tu cuerpo me calienta más que el sol;

tus besos me bañan más que las aguas cristalinas de los ríos y los mares;

tu sonrisa de mujer enamorada adorna más mis noches que la luna.

Es que tú, en cuerpo y alma, eres más que lo invaluable.

 

Mis fantasías son todas sobre ti.

Quiero tenerte en mi realidad y en mis sueños.

Soñarte es vivirte, recordarte es tenerte.

 

Tu regazo acuna mis fantasías que son reales;

son verdaderas porque son mi realidad,

 ya que tú eres mi sueño de verdad.

 

Cuando el infinito se torne finito;

cuando las nubes pierdan humedad y dejen de producir lluvias;

cuando se sequen los océanos y el firmamento carezca de astros luminosos;

cuando –en definitiva- lo inverosímil suceda,

yo todavía te seguiré soñando en la realidad.  

 

 

 

 

Yoaldo H.P.

La sangre de mis próceres (Versos libres)

LA SANGRE DE MIS PRÓCERES

Las brisas de libertad que hoy ondean nuestra bandera nacional

son las mismas que alguna vez secaron la sangre heroica derramada en suelo patrio;

sangre que embadurnó tantas balas disparadas por fusiles invasores;

fusiles sin norte legítimo, en manos vacías de razón.

 

Esa llama gloriosa en el pecho de mis próceres

fue la luz que aclaró el sendero de la libertad

y disipó las tinieblas de la invasión extranjera.

 

Podrá haber costado mucha sangre la gran epopeya independentista,

pero  esa sangre, más que salir del cuerpo de héroes nacionales,

entró absorbida en tierra fértil que cosechó renovadas ideologías nacionalistas.

 

Los vientos patrióticos sólo baten olas hacia la orilla,

a la costa de una isla libre y soberana;

nunca hacia la profundidad del océano,

al descontrol e inundación de los rincones de la paz social.

 

Como luz resplandeciente de un imponente faro salpicado por las gotas del mar,

el rojo de la sangre vertida por nuestros patricios

guió las armas nacionalistas hacia la restauración de la libertad.

 

 

La convicción patriótica ha impedido, y por siempre impedirá, todo atentado a la libertad.

Podrán cambiar las personas, pero los principios persisten.

Se mantienen como hitos clavados en la conciencia nacional,

delimitando claramente la superficie protegida.

 

Los vientos huracanados de nefastas tiranías  

que alguna vez han estremecido la nación,

no han sido capaces de impedir que cada primavera

 florezcan en las escarpadas montañas de nuestra amada Quisqueya,

nuevas flores con fragancia de nacionalismo;

flores que perfuman el mismo paisaje caribeño que tantas veces

se ha erigido en campo de batalla para defender firmemente

los mejores intereses del país.

 

Como las gaviotas, que alzan el vuelo siempre unidas,

las voces de nuestros conciudadanos, desde la constitución

de la nación, han entonado al unísono un cántico a la dominicanidad.

 

Porque la soberanía radica en el pueblo;

porque la República Dominicana fue concebida por

nuestros próceres como un Estado libre e independiente;

porque los valores y la conciencia nacionalista es el más

valioso tesoro que yace en las minas de nuestro terruño,

la tierra dominicana con el discurrir de los siglos

podrá seguir utilizándose para soterrar incontables astas, 

y en el tope de éstas flotarán banderas tricolores

con los signos patrios enorgulleciéndonos

y permitiéndonos compartir con toda la humanidad

nuestro sagrado lema patriótico:

¡Dios, patria y libertad ¡

 

Yoaldo H.P.